16 de noviembre de 2019
16.11.2019
La Opinión de Murcia
Cartagena D. F.

Los políticos, creadores de monstruos

El número total de votos de los cartageneros obtenido por Vox hace seis días fue de 31.162, un 31%

16.11.2019 | 04:00
Los políticos, creadores de monstruos

Está muy lejos de los cerca de 7.000 que alcanzó en mayo, pero si les sumanos los 23.934 que consiguió José López, llegan juntos casi a los que han acumulado los de Abascal.

Se escandalizan, se horrorizan, se llevan las manos a la cabeza, se les encienden todas las alarmas, se apartan y alejan de ellos como si fueran la peste, las plagas de Egipto o los siete males. Los menosprecian, los demonizan, los señalan y acusan de populistas, de fascistas, de ser el mayor peligro para una sociedad democrática y avanzada, diversa y moderada, moderna y progresista, donde caben todos. Todos menos ellos.

Y lo hacen como si no fuera con ellos, como si no hubieran tenido nada que ver en su nacimiento, en su auge y en su explosión en las urnas del pasado domingo, cuando consiguieron imponerse como primera fuerza política regional y también en Cartagena, además de los 52 diputados y del apoyo de más de 3,6 millones de españoles, a los que se permiten el lujo de tildar de franquistas, fascistas, intolerantes y antidemocráticos. Al menos, esas son las lindezas que vierten buena parte de nuestros dirigentes actuales contra los representantes de Vox, la ultraderecha.

Quizá tengan razón, quizá sean lo peor de lo peor, pero son ellos los que han creado su propio monstruo, por su dejadez, por su falta de palabra y de compromiso, por reírse y burlarse de nosotros, por buscar el beneficio propio y de su partido por encima del servicio a los ciudadanos.

Han provocado el hartazgo de muchos que se han rebelado contra la costumbre, contra lo establecido y que han preferido el riesgo de lo desconocido, por el simple hecho de que lo que ya conocen no solo no cumple con sus expectativas, sino que los ha defraudado, se sienten engañados, timados, decepcionados, ignorados, estafados. Y lo peor, desilusionados y desesperanzados. El voto de millones de españoles ha sido más de castigo que nunca y debe hacer reflexionar a muchos si, de una vez por todas, dejan de hacer sumas sobre lo que les conviene a sus intereses propios y piensan más en nuestro país, nuestra Región, en nuestro municipio.

Las urnas en Cartagena han sido especialmente claras al respecto. Vox ha arrasado con sus más de 31.000 votos, 8.000 más y ocho puntos por encima del segundo, que ha sido el PP, que a pesar de haber obtenido más apoyos que en la anterior cita electoral, no ha podido con el ciclón verde de Vox. ¿Imaginan que hubieran sido elecciones municipales? ¿Tendríamos un alcalde de las filas de Abascal?

Comparar las generales de ahora con las municipales del pasado mayo es uno de esos ejercicios de política ficción que tanto nos gustan, sobre todo, a los periodistas. Me limitaré a ofrecerles un dato que, a mi juicio, es significativo. El número total de votos de los cartageneros obtenido por Vox hace seis días fue de 31.162, un 31% de los emitidos. La cifra está muy lejos de los cerca de 7.000 sufragios que alcanzó en mayo, pero si les sumanos los 23.934 apoyos que consiguió el Movimiento Ciudadano de José López, llegan juntos casi a los 31.000 que ha acumulado la formación verde en esta ocasión.

El partido cartagenerista no cree que sus votantes sean los mismos que apoyan a Vox en las generales, porque se definen como una formación sin color político que se limita a defender los intereses de Cartagena.

Los números de las urnas parecen decir otra cosa y les aseguro que conozco a más de uno y más de dos que en la cita municipal apoyaron a MC y en las generales se han decantado por Abascal y los suyos. Y es que en ambos casos se trata de un voto reaccionario, movido por el hartazgo, casi por la desesperación, incluso por el convencimiento de que por muy mal que lo hagan los movimientos populistas, no será peor de lo que ya hay, de lo que nos han mostrado durante tantos años, a pesar de que les hemos dado una oportunidad tras otra y una confianza muchas veces absoluta.

Tal vez, en un futuro no tan lejano, España se rompa. O tal vez no y seamos capaces de mirar con respeto, solidaridad y cariño a nuestros vecinos. Ya está bien de que hagan lo que les da la gana, de que se rijan sólo por encuestas, por resultados en las urnas y no por sus logros sociales o por el desarrollo y la mejoría de los territorios que gobiernan. Que tomen nota y se pongan las pilas, porque son ellos, con su incompetencia y su irresponsabilidad, los que nos están distanciando y llevándonos a los extremos. Y deben empezar por respetar lo que vota cada uno, en lugar de aumentar su cabreo tomando a los ciudadanos que apoyan opciones más contundentes y radicales por locos inconscientes, en lugar de admitir que son ellos quienes los han conducido a esas posiciones. Si hicieran lo que deben, no buscaríamos alternativas.

Solo un apunte más, el Consistorio cartagenero ya lo forman seis partidos y quedan lejos los tiempos en los que el rodillo del PP arrasaba con los escasos concejales del PSOE y el solitario edil de IU. Ahora, un cóctel de formaciones se reparte las fuerzas y todo apunta a que, si la alcaldesa y el resto de ediles socialistas expulsados siguen en esta situación, surgirá un nuevo partido con opciones de obtener representación. Quizá resucite Socialistas por Cartagena, la formación que fundó el ahora asesor de Castejón cuando también fue expulsado del PSOE. ¿Quién sabe? A este paso, nuestro municipio va a ser tan ingobernable como lo está siendo nuestro país o presenciemos abrazos que, lejos de acabar con la incertidumbre, acrecientan la inquietud. Y luego, basta con salvarse por los pelos y echarle la culpa a los votantes y llamarles a una responsabilidad de la que ellos carecen por completo. Necesitamos menos tensión y más atención. Porque los españoles no estamos ni tan separados ni tan enfrentados como ellos pretenden y como a ellos les interesa. Nuestros monstruos son ellos, todos ellos. Y debemos tenerles miedo.

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