14 de noviembre de 2019
14.11.2019
Mata al rey

Murcia reloaded

14.11.2019 | 10:03
Murcia reloaded

Alguien ya en el siglo XIX se dio cuenta de que la implantación del ferrocarril había hecho el mundo más pequeño. Los tiempos de desplazamiento se acortaban a la mitad, a un tercio, a un cuarto; y el mundo se iba reduciendo a la mitad, a un tercio, a un cuarto. En la segunda mitad del siglo XX, con la expansión de los vuelos comerciales, nuestro increíble mundo menguante se hizo más pequeño aún, y cada rincón del planeta se acercó vertiginosamente a nosotros. Y en el siglo XXI, con internet, el espacio físico casi ha dejado de existir. En su lugar tenemos otra realidad, ingrávida, sin distancias, sin apenas obstáculos. Así es como el mundo verdadero acabó convirtiéndose en una fábula.

La Región de Murcia, por ejemplo, ya no es una territorio de 11.313 kilómetros cuadrados; ya no es Murcia, ni Cartagena, ni Lorca, ni Yecla.

Hace poco fue, si acaso, el Mar Menor, y solo por un día. Todos se acuerdan del desastre. Pero, ¿cuántos vieron realmente los miles de peces saltar del agua asfixiados? Aparecieron en nuestros teléfonos, en nuestros portátiles, en nuestros televisores. Incluso los pocos que estaban allí físicamente presenciando la catástrofe, la vieron a través de sus pantallas, mientras lo grababan todo. Fue así como la Región de Murcia cobró existencia. Después, las imágenes del Mar Menor fueron desplazadas, de nuevo dejamos de existir. La realidad volvía a ser Cataluña, los CDR, Torra. Volvió a ser Vox. Apareció en nuestros dispositivos la campaña electoral, los debates, las encuestas, los resultados.

Y a través de ese nuevo espejo del alma que son las pantallas, apareció por fin resuelto el mapa electoral. Fíjese además qué diferencia: en la antigua realidad, usted depositó con su mano de carne y hueso una triste papeleta de papel en una urna de metacrilato; en el nuevo mundo, ese absurdo gesto se transforma en millones de votos cromáticamente distribuidos en porcentajes, gráficos y escaños. Una nueva realidad. España, casi toda vestida de rojo, un poco de azul, y una mancha verde en la esquina inferior derecha. Y sorpresa. De pronto, la Región de Murcia volvía a existir. Ya no era el Mar Menor, claro. Ahora la Región de Murcia era Vox.

Y digo era, porque ya tampoco es. Dos días después, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reconcilian, llegan a un acuerdo, y ya tenemos una nueva realidad ante nuestros maravillados e insaciables ojos. El abrazo de Pedro y Pablo. Esa es la realidad; la nueva, la única, la que nos cabe en la yema de dos dedos y cabalga a lomos de nuestra scroll bar.

Levante la vista de la pantalla. Mire a su alrededor. ¿Qué ve? No. Eso no es Murcia o la ciudad en la que viva usted. Es un mundo obsoleto de límites y resistencias. Un mundo al que estamos atados para comer, para beber, para dormir, para trabajar, para tener sexo si hay suerte. Lo justo para que la nueva realidad pueda existir, para alimentarla, y poder volver a toda prisa a las pantallas en las que se nos ofrece.

¿Y nosotros? ¿Y Murcia? ¿Volveremos a existir? Chi lo sa. Tal vez en uno o dos meses cuando seamos una moción de censura, o el año que viene cuando seamos otra Dana. Mientras tanto somos solo la carcasa del móvil. Apenas nada; la amenaza de Vox, algunos memes, y los pobres peces del Mar Menor que aún descansan olvidados en el fondo de nuestra galería.

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