26 de octubre de 2019
26.10.2019
La Opinión de Murcia
Punto de vista

Boscán en Cataluña

25.10.2019 | 20:55
Boscán en Cataluña

Pero quiero ser sincero contigo: yo también tengo mi forma de pensar; yo pienso que, hoy en día (desde el compromiso intelectual y moral que cada uno asuma), lo importante es alentar y formar una respuesta de paz frente a tanto energúmeno cóncavo o convexo, que diría Unamuno; frente a tanto totalitario que excluye a quien no sigue la consigna de su amo.

Hay que recordar que estamos en un país democrático, con un soberano democrático, el pueblo español, que es el mismo soberano en cualquier territorio del Estado. Son los incendiarios y los acosadores, no la policía, los que atentan contra la democracia: lo hicieron ya contra la Segunda República y ahora contra la democracia surgida de la Constitución del 78.

Por fortuna, somos más los que pensamos que Cataluña es diversa como España lo es, y no hay una sola manera de ser, sentir o hablar en la Cataluña diversa y demócrata porque ésta es parte de la diversa España. Solo siendo parte de España se puede asegurar la democracia en Catalunya.  Si un día esos totalitarios nacionalistas de la burguesía económica catalana, que solo es una parte de Cataluña, bien que aliada con los sectores anarquistas, si esa parte tomara el mando de un supuesto estado catalán, se volvería al totalitarismo en Cataluña y a la inquisición; a una dictadura en lo político, en lo cultural y en lo lingüístico, mucho peor que la por todos execrada.

Para que Boscán pueda seguir escribiendo en castellano en una Barcelona y en una Cataluña libre, o sea, libre de totalitarios, y para que Foix también pueda seguir escribiendo en catalán, para eso merece la pena trabajar.

Espero que, algún día, con más distancia, un demócrata en Catalunya pueda pensar en los otros demócratas de Cataluña sin temor a ser llamado botifler. Ese día será hermoso, para un republicano español como yo: o sea, catalán y vasco y  navarro y murciano, etc, heredero de cuanto representó la Segunda República, la que se cargó Franco, y antes la dejaron herida otros golpistas de toda laya, nihilistas como los que ahora llaman a la violencia  y a romper la democracia en España y su soberanía democrática.

Ojalá muchos jóvenes que salieron a manifestarse por las ciudades y carreteras catalanas hubieran echado una mano para apagar los incendios que amenazaban a la puerta de los vecinos, como habría hecho incluso un analfabeto de la chabola, por ese instinto humano.  La ideología ha creado una generación sin alma; eso es lo peor, porque ese mal no se resuelve solo quitándoles la competencia de Educación, sino estando presente la educación y la cultura democrática del Estado español en Cataluña de forma más proactiva. Al final, el problema no es Cataluña sino España, que vive en una inercia cultural y moral, bajo un complejo edípico aun no superado respecto a los tiempos de dictadura y donde toda la pedagogía de la Constitución ha saltado por los aires.

Entiendo a la buena gente que necesita liberar su conciencia echando la culpa a los demás, al Gobierno, a Franco, a quién más... Pero no se merecen Barcelona quienes echan la culpa a la Policía de paisano del incivil desorden que hemos visto aterrorizar la ciudad y, a la vez, en palmaria contradicción, apoyan o excusan a los incendiarios y a la coreografía cómplice de unos miles de adolescentes de picnic.

Creo en Espriu, en Sepharad, en la España catalana o en la Catalunya española, y creo en Barcelona, nuestra Barcelona, tan mía, en cuanto lector de Boscán y en cuanto español, como de quienes viven allí. Creo que nunca deberíamos dejar que saquen de Barcelona a Juan/Joan Boscán, el amigo de Garcilaso e introductor del soneto italiano, un barcelonés culto y uno de los que escribían el mejor castellano del siglo XVI.

Un abrazo y bon apetit.

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