24 de octubre de 2019
24.10.2019
La Opinión de Murcia
Así lo llevo

Un giro inesperado

23.10.2019 | 18:43
Un giro inesperado

No estoy orgullosa de lo que hice. No sé siquiera si me siento culpable, pero no puedo mentir: quizá lo volvería a hacer.

¿No es lícito luchar por lo que uno ama? ¿No dicen que en el amor y en la guerra todo vale? ¿No es cierto que, a veces, el tren solo pasa una vez y hay que estar muy loco para dejarlo perder?

También es verdad que los tres somos inseparables desde niños, que hemos superado y compartido muchas cosas, que hemos sido muy felices y que eso, quizá, obliga a la lealtad.

Pero yo lo amaba, lo amo.

Cuando Luis y Marisa se pelearon por primera vez, yo estuve ahí desde el primer momento, apoyando a ambos y no creo faltar a la verdad si digo que me siento responsable de que volvieran. Y así ha sido en las tres ocasiones que lo han dejado y retomado.

Nos conocimos con diez años. Amo a Luis desde entonces.

Ambos me han contado los aciertos y errores del otro en su relación y yo nunca he querido sacar partido de ello. Siempre me he mostrado estúpidamente conciliadora, siempre he arrojado paz entre los dos.

Pero no ha sido así esta vez.

Luis vino a casa desesperado: que la quería, que no la podía perder.

Era como un niño al que han robado todos sus juguetes e ilusiones. Decía que Marisa no le cogía el teléfono, que no leía sus mensajes, que no escuchaba sus audios ni le abría la puerta, que le había escrito una carta y que solo yo podía entregársela y asegurarme de que la leyera. Acepté la misión, la guardé en mi bolsillo sin leerla y Luis me abrazó como quien se agarra a una tabla de salvación.

Cuando llegué a casa la leí llorando en el sofá. Era la carta más putamente maravillosa del planeta, la carta que me hubiese encantado recibir y la que nunca recibiré. Eran sólo dos hojas escritas por una cara. En la primera, hablaba de todos los obstáculos, de todos los errores y defectos de su relación, de todo lo que odiaba de Marisa y de cómo estaban condenados a enfrentarse y separarse. La segunda página me sorprendió. En un giro inesperado, Luis le decía a Marisa que, a pesar de todo o tal vez por ello, a nadie podría amar como a ella, por nadie había sentido tal cosa y estaba convencido de que jamás volvería sentirlo por nadie, que se merecían otra oportunidad y que estaba seguro de que si se la daban, esta vez no la iban a desperdiciar. Conozco a Luis, sé que era sincero. Conozco a Marisa, sé que lo perdonaría; sé que tendrían esa oportunidad.

Así que me deshice de esa segunda página en la papelera que guardo bajo mi escritorio y me fui a ver a Marisa.

„¿Cómo estás, cariño?

María estaba hecha un asco. La convencí para que leyera la carta, solo esa primera página y la consolé ante su desolación.

„¿Sabes? Soy una estúpida, tenía la esperanza de que él también quisiera volver. Es cierto todo lo que dice. Somos un puro desastre, pero no podemos querernos más. Nadie me ha hecho tan feliz, a nadie he querido como a él.

„Lo sé, cariño. Todo pasará, encontrarás a alguien, ahora tienes que mirar por ti. Llámame cada vez que me necesites. No hace falta ni que te lo diga.

Mi traición y yo la besamos y me fui. Rescaté la segunda página del fondo de la papelera y cada noche la releía imaginando que era para mí.

Pasó un mes y no volvimos a coincidir los tres en un mismo espacio. Yo quedaba por separado con ambos. La verdad es que cada vez estaban mejor. A ambos les brillaban de nuevo los ojos, ambos volvían a reír. Yo no.

Al cabo de dos meses, por mi cumpleaños, Luis me llamó y quedó conmigo. Me dijo que tenía una sorpresa para mí. La verdad es que me conoce a la perfección y siempre me hace regalos muy chulos.

Quedamos en nuestra cafetería. ¡Qué guapo estaba! Tomamos lo de siempre y el tiempo pasaba y no me daba mi regalo. Así que no pude aguantar más.

„¿Y bien? ¿Dónde está mi sorpresa?

„No seas impaciente. Aquí está.

Alguien me tapó los ojos por la espalda.

Agarré esas manos por inercia. Eran las manos pequeñas y suaves de Marisa que susurraba en mi oído:

„Eres la primera persona que se entera de que hemos vuelto. Sé que te alegras por nosotros. Te quiero.

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