14 de octubre de 2019
14.10.2019
El Castillete

¿Estabilidad o cambio?

En la España que se abre a los comicios del 10 del mes próximo, estas dos ideas conforman el frontispicio de la dinámica política y electoral

14.10.2019 | 04:00
¿Estabilidad o cambio?

Hemos entrado en una carrera por ver quién asegura con más contundencia que el 11 de noviembre no habrá bloqueo. Se han levantado vetos y casi todo el mundo parece dispuesto a garantizar gratis (o casi) la gobernabilidad.

Antonio trabaja en un establecimiento hostelero de nuestra región. Lo hace durante diez horas diarias por un salario de 900 euros al mes. Descansa un solo día a la semana. Firma como si trabajara ocho horas al día y dispusiera de dos días libres, ante la amenaza, en caso de no hacerlo, de engrosar las listas del paro. Elena ha tenido suerte: ha sacado una oposición a un ministerio que le reportará unos ingresos mensuales de 1.500 euros. Pero está encontrándose con un grave problema: el piso de dos habitaciones que pretende alquilar en un barrio madrileño no baja de los 850 euros, lo cual quiere decir que ha de comer y pagar sus facturas mensuales con 650 euros, tarea harto difícil que la aboca a una existencia precaria a pesar del sueldo digno que recibe. Juan es un jubilado viudo que cobra una pensión contributiva de 680 euros. Cuando un mes llegan gastos extra, como la contribución o el recibo de la luz en invierno, necesita ayuda de la familia para sobrevivir. María ha de esperar cinco meses y medio para que la atienda el especialista al que la ha remitido su médico de familia. Se plantea ir a una clínica privada, aunque ello suponga un gran sacrificio para su modesta economía.

No sé si Antonio, Elena, Juan y María han oído hablar de la estabilidad, palabra que se ha convertido en el mantra de quienes quieren ocupar la centralidad del tablero político de este país, es decir, de la mayoría de las fuerzas políticas. Si acudimos al diccionario, el término estabilidad nos remite a la cualidad de estable, que es aquello que se mantiene invariable o inalterable en el mismo lugar, estado o situación. Tengo muchas dudas de que las personas mencionadas deseen que su situación se mantenga inalterable. Creo que aspiran, más bien, a que aquélla se modifique sustancialmente. Intuyo, por consiguiente, que más que estabilidad, lo que quieren es un cambio. Y como quiera que son millones quienes tienen problemas similares, dicho cambio habría de tener una dimensión colectiva. Política, en definitiva. Un mantra colateral al de estabilidad es el de la responsabilidad, que se invoca precisamente como medio para alcanzar aquélla. Ahora bien, si esa responsabilidad viene a consolidar un estado que por naturaleza es inestable en tanto que injusto y desequilibrado, entonces deviene en irresponsabilidad.

En la España que se abre a los comicios del 10 del mes próximo, estas dos ideas, estabilidad y responsabilidad, conforman el frontispicio de la dinámica política y electoral. Hemos entrado en una carrera por ver quién asegura con más contundencia que el 11 de noviembre no habrá bloqueo. Se han levantado vetos y casi todo el mundo parece dispuesto a garantizar gratis (o casi) la gobernabilidad. Se habla incluso de gran coalición, porque lo prioritario es que se ponga en marcha un Gobierno. Como quiera que el partido que se supone será el más votado (PSOE), ha acreditado que no quiere acuerdo alguno, ni de programa ni de coalición, con la izquierda, el único escenario factible no puede ser otro que el de alguna clase de pacto entre el PSOE y el PP, toda vez que Ciudadanos perderá, presuntamente, relevancia a la hora de constituirse, tras las elecciones, como puntal imprescindible del gobierno. Conscientes de este marco, hace unos días Rajoy y González abogaban por cualquier tipo de consenso bipartidista, en el contexto de la tertulia que sostuvieron en un foro defensor del atlantismo capitalista.

Cuando Nadia Calviño dice que, respecto de la reforma laboral, lo que hay que hacer es mirar hacia el futuro y no dedicar toda la energía a tejer y destejer reformas; cuando Pedro Sánchez, respecto de la imposición de límites a los alquileres, asegura que se trata de un intervencionismo estatal que pone a los propietarios (mayoritariamente bancos y fondos buitre) en una situación complicada, ambos adoptan una posición responsable desde la perspectiva del orden establecido, es decir, buscan la estabilidad, aunque ésta desestabilice la vida de millones de personas.

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