09 de octubre de 2019
09.10.2019
Así lo veo

Dos casos de pura incoherencia

08.10.2019 | 20:02
Dos casos de pura incoherencia

No hago nada más que animar a mis conocidos sobre la necesidad de votar en las próximas elecciones, ante la decepción que noto y las tentaciones que muchos y muchas tienen de irse al campo ese día para evitar el deseo de acudir al colegio electoral. Pero en mi generación nos pasamos años sin poder ejercer el derecho que dignifica al ser humano y ahora no estoy dispuesta a dejar de votar las veces que sea necesario. Así es que les animo a hacerlo, aunque comprenda la decepción que anida en la ciudadanía en relación con el personal que en este país se dedica ahora a la política, que les lleva a la desilusión ante el poco fuste de alguno o alguna, ante la inconsistencia de sus discursos, los bandazos de sus ideas y los caprichos que avergüenzan.

Incoherencia política que les lleva, caso de Ciudadanos, pongamos por caso, a presentar una moción de censura en el Parlament de Cataluña cuando la misma noche electoral en que la señora Arrimadas ganó las elecciones de esa Comunidad, lejos de felicitarse por ese triunfo y declarar su disposición a presentarse a la investidura para presentar su programa, declaró que pretendía nuevas elecciones. Sí, eso es lo que dijo la señora Arrimadas la misma noche del triunfo. Esa política que tanto prometía y que el lunes aparecía al lado de Rivera en el Parlament para asistir a esa bufonada de moción de censura. Una moción presentada con la idea, sobre todo, de perjudicar al PSOE, porque esto a Torra ni le beneficia ni le perjudica: a él le importa un pepino.

Albert Rivera se ve impelido a intentar relanzar su maltrecha imagen para la campaña electoral de las generales del 10 de noviembre, y esta comedia en forma de moción de censura desde el Parlament está encaminada a ese objetivo, que no es otro que lavar su imagen como pone de relieve su enésimo giro estratégico en el que ha levantado el veto al PSOE para llegar a acuerdos tras las anunciadas elecciones. Pero también para desgastar al PSC, al que busca retratar por haberse desmarcado de esta iniciativa absurda que justifican en que cuando la señora Arrimadas ganó las elecciones no se habían producido las detenciones de los siete CDR acusados de preparar atentados. De aurora boreal, vamos.

Aquí, la única verdad, es que Albert Rivera trata de evitar un trasvase de votos a las filas socialistas con otra frivolidad, a las que ya nos tiene acostumbrados. Rectificar su veto a los socialistas es uno de los giros estratégicos pensados para detener el desencanto de sus votantes progresistas. Así es que, con la moción de censura en Cataluña, Rivera intenta situar al partido de Pedro Sánchez en una posición incómoda ante su electorado, y es que la formación naranja, ya comenzó a acusar al PSC de complicidad con el nacionalismo ante la negativa de Miguel Iceta (el PSC se abstuvo) de apoyar tamaña patraña.

Pero para incoherencia política lo que está ocurriendo en el Gobierno regional de Murcia. La deuda pública de la Comunidad autónoma ya alcanza los 9.699 millones, lo que significa el 30,7% del PIB, según los datos publicados por el Banco de España. En otras palabras, la deuda regional se habría incrementado en 591 millones de euros en un año, alcanzando su máximo histórico. En el último año la deuda pública de Murcia ha cambiado un 6,49% en comparación con un 3,03% que ha variado la deuda en España. Con estos datos sobre la mesa, el Gobierno regional continúa presumiendo de bajar los impuestos, a la vez que incrementa el número de altos cargos, con lo que esto supone de aumento del gasto público. El número de consejeros se mantiene, pero el Gobierno multiplica los altos cargos. Ya ascienden a 125 frente a los 103 anteriores, con sueldos que van desde 56.000 a 58.000 euros. Y pregonando bajada de impuestos, que esa es otra.

Cuando debemos tanto ¿no es necesario administrarse mejor?

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