05 de octubre de 2019
05.10.2019
Cartagena D.F.

Remiendos

Por nuestros agujeros se cuelan años, décadas de abandono de un Mar Menor que, ahora, nos castiga devolviéndonos toda la mierda (disculpen la grosería) que le hemos echado

05.10.2019 | 04:00
Remiendos

Una mujer joven cruza el hall del Ayuntamiento con paso firme y decidido. Camina con estilo, como segura de sí misma, perfectamente maquillada, sin extravagancias, y en un equilibrio inquebrantable, pese a los grandes tacones que marcan cada pisada, sonora y llamativa, casi hipnotizante. Su colorida blusa combina acertadamente, con gusto, con unos pantalones de pitillo color blanco que rompen de lleno con todos los esquemas. Dos enormes agujeros en la tela desgarrada permiten ver sus rodillas desnudas. Y sí, llámenme carca, pero no pude evitar pensar que no hace tanto tiempo, cuando acudía a casa con un siete en el pantalón, mi madre me cosía una rodillera o me hacía un remiendo. Hoy, nos venden y compramos el pantalón con el siete, lleno de sietes y de ochos y de nueves, porque todo vale bajo el paraguas de la moda, aunque no sé si nos protege de la que está cayendo.

Como ocurre con los pantalones rasgados, que son solo algo anecdótico y pasajero, como cualquier otra moda, ya no remendamos nada, todo nos vale así, roto, descosido, descuidado. Porque es la moda. Nadie se arranca a coger la aguja y el hilo, ni tan siquiera a parchear los defectos, lo que está mal hecho, lo que hemos hecho mal. Es más sencillo mirar hacia otro lado, echarle la culpa al otro, dejar que el agujero se haga cada vez más grande y, aunque no nos demos cuenta, aunque no nos importe, aunque nos dé absolutamente igual, exhibir nuestras vergüenzas sin el más mínimo pudor. Obviamente, no me refiero a unas inocentes rodillas.

Por nuestros agujeros se cuela una absurda pelea sin sentido sobre cómo atender a las cientos, miles de personas, repito, personas, que se juegan y se dejan la vida en el Mediterráneo en busca de una tierra prometida, donde se aguan sus promesas. Podemos cerrarles todas las puertas, vallas y puertos que queramos, podemos obligarles a que regresen a su país, pero a quien tiene hambre, frío, miedo y desesperación siempre debemos mostrarle los brazos abiertos, no dejarlos tirados en la calle, perdidos y tan desorientados como van las balsas en las que llegan.

Por nuestros agujeros se cuelan años, décadas de abandono de un Mar Menor que, ahora, nos castiga devolviéndonos toda la mierda (disculpen la grosería) que le hemos echado, sin miramientos, sin escrúpulos, sin sentido ni sentimientos, sin pausa, hasta rozar su muerte, que puede ser la nuestra como referente turístico internacional. Lo peor es que seguimos igual. Después de decenios de abandono y desprecio total hacia nuestra laguna de los huevos de oro, seguimos explotándola. Hablamos de recuperación, otra vez, porque ya se hacía muchos años, pero son sólo palabras con las que nos limitamos a debatir quién, cómo y cuándo dar el primer paso, antes de que tengamos que dar el definitivo.

La Federación de Asociaciones de Vecinos de Cartagena ha convocado una manifestación para exigir la inmediata regeneración del Mar Menor. Partirá a las seis de la tarde de la plaza de España y terminará ante la Asamblea Regional. Debería ser tan masiva como aquella que hace apenas unos años clamaba por un Rosell al cien por cien. Deberíamos acudir todos a esta llamada de socorro, porque las oportunidades se agotan y los agujeros, si no se remiendan, se hacen más grande. Y que el clamor persista y no se apague como ocurrió con la reivindicación sociosanitaria.

Por nuestros agujeros se cuela, otra vez, un vergonzoso espectáculo en el pleno de nuestro Ayuntamiento, con los mismos protagonistas de siempre. Trabajen por la ciudad, por favor. No malgasten fuerzas ni tiempo en sesiones maratonianas en las que se resuelven menos asuntos de los que se deberían.

Esta vez, el pleno sirvió para echar por tierra la reprobación propuesta por MC contra la alcaldesa por acudir a una fiesta en el transcurso de la ya famosa Dana. Es probable que no estuviera acertada la regidora, como ella misma admitió, pero también es probable que darle más importancia de la que tiene y, sobre todo, marear la perdiz con el tema más de lo conveniente, resulta estéril. Aún así, entra dentro de la lógica política de oposición que MC pida su dimisión. Como también entra dentro de esa peculiar lógica que los que ahora son amigos y compañeros de la alcaldesa, tumben su reprobación, a pesar, de que hace un año la promovieron y la consiguieron aprobar por su mala gestión, pero, claro, antes eran la oposición. Cosas de las cuentas postelectorales.

No miremos hacia otro lado ni culpemos a los políticos de todo. Miremos dentro de nuestros agujeros y empecemos a protagonizar el cambio de valores que necesita nuestra sociedad, la de las manadas, la de la violencia machista, la de los ladrones de guante blanco, la de las pateras que no quiere nadie, la de la crisis climática, la de tantas y tantas miserias.

Estoy convencido de que tiene arreglo, pero hay que tirar de hilo y enebrarlo en la aguja para evitar que el agujero se haga más grande y hacer un buen remiendo, como los que hacía mi madre. Una persona sabia dijo algo así como que el mundo sería mejor si nos comportáramos siempre como si tuviéramos a nuestras madres delante. Ellas lo arreglan todo.

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