03 de octubre de 2019
03.10.2019
Mata al rey

Secretos de un matrimonio

03.10.2019 | 04:00
Secretos de un matrimonio

Lo de Óscar Urralburu y Unidas Podemos ha sido un divorcio, y todos los divorcios son complejos y desgarradores, para las dos partes. Recuerden si no aquella película de Ingmar Bergman que da título a este artículo.
Yo, por mi parte, prefiero recordar aquel primer año de matrimonio, cuando Podemos era un cohete electoral en vertiginoso asalto a los cielos, cuando Iñigo Errejón escribía la partitura, Pablo Iglesias la interpretaba a la perfección y Óscar Urralburu hacía los arreglos para la Región de Murcia.

Corría el año 2015 y Urralburu reunió un equipo como nunca antes se había visto en la política regional. Metió un total de seis diputados en la Asamblea y, para empezar, nos quitó de encima veinticuatro años de mayoría absolutista del PP. Se estará de acuerdo con ellos o no, pero no se puede negar que ese equipo hizo valer los votos que les habían confiado. Desde su media docena de escaños consiguieron: a) frenar el impuesto al sol del PP, b) una iniciativa legislativa a nivel nacional para el autoconsumo eléctrico, c) eliminar los aforamientos y, de rebote, d) forzar la dimisión de Pedro Antonio Sánchez, evitándonos así la vergüenza de un presidente imputado, e) ampliar la cobertura para las víctimas de violencia de género, f) una ley de medidas urgentes para el Mar Menor que, según el PP, no sufría ningún problema. Y paro aquí porque si sigo se me acaba la columna y el abecedario.

La política es como los retratos de Bacon; te retuerce, te rompe, te deforma y, así, hace visible tu verdad más profunda. Te hace descubrir nuevas y desconocidas virtudes. Pero te enfrenta también, ¡ay, demasiadas veces! a viejos defectos de fábrica que uno creía superados. Así, hacia afuera, Podemos se convirtió primero en Unidos Podemos, después en Unidas Podemos, y por el camino se fue dejando miembros fundadores, ilusiones y más de un millón y medio de votos. Mientras hacia adentro, los inscritos votaban por un partido en el que todo el mundo decía que cabía Errejón, y pasó lo que pasó. A nivel regional, sin embargo, las bases revalidaron por una amplia mayoría a Urralburu. Así que Errejón se fue y Urralburu se quedó. Hasta que ha aparecido Más País y para él y su equipo ha sido imposible seguir defendiendo el proyecto de Iglesias. Se han ido, además, sin nada; dejando sus actas de diputados, perdiendo dinero y, en muchos casos, el puesto de trabajo. Tanto es así que hasta el propio Iglesias les ha alabado el juego limpio a la hora de despedirse.

Lo que queda es que Urralburu y su equipo han desarrollado uno de los mejores proyectos políticos que ha visto nunca nuestra región. No lo digo yo; lo dicen todos los periodistas, políticos y técnicos que lo han visto en acción. Consulten cualquier otra columna de opinión sobre el tema y verán que, con más o menos matices, todos lo alaban. Es cierto que la ruptura ha sido dolorosa, todas lo son, pero ahora toca superar el duelo. Y eso se puede hacer de dos maneras. O uno le declara la guerra a su ex y lo convierte en un trauma que terminará de hundirte en la miseria, o se supera el dolor y se aprovecha la oportunidad para construir un nuevo proyecto. Igual me equivoco, pero yo creo que es mejor esto último. Y que Bergman me perdone.

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