03 de octubre de 2019
03.10.2019
Pasado a limpio

Y dos huevos duros

03.10.2019 | 04:00
Y dos huevos duros

El mes de septiembre era el séptimo del año en el antiguo calendario romano, lo que explica etimológicamente que su denominación sea básicamente un ordinal. Otros meses fueron rebautizados con nombre propio, como julio, agosto o enero, dedicado al dios Jano. Julio César regularizó el calendario que lleva su nombre para empezar en enero sin variar el orden ni la denominación, lo que explica que el séptimo mes sea en realidad el noveno. Se adecuaba a las necesidades de los tiempos al hacer coincidir la elección de los cónsules con la preparación de las campañas militares en un territorio cada vez más extenso. Mas actualmente, septiembre es el primer mes del año judicial y del académico, además del hidrológico, si contamos el tiempo desde el diluvio universal reproducido en la riada.

Así que ya tenemos a nuestro presidente inaugurando el año el curso y todo lo que se tercie. Como en Sopa de Ganso, la película en la que Groucho Marx es el presidente de Freedonia (Libertonia en la versión española), puede prometer todo aquello que se le antoje, siempre que no cueste un céntimo. En la inauguración del año judicial, promete un gran pacto por la Justicia, lo que resulta sumamente jocoso, porque en esa materia Fernando López Miras es incompetente. Su antecesor Ramón Luis Valcárcel quiso ampliar las competencias de la Comunidad Autónoma sumando las de Justicia, pero a última hora se descolgó con un renuncio, probablemente porque alguien le informó que la Justicia era un agujero negro que se tragaría todos los recursos económicos y alguno más de otra índole. Así que, a falta de competencias, asistimos al nacimiento de una nueva orden mendicante, al menos mientras el Gobierno de la nación sea de un color distinto al autonómico.

El pacto consistiría en exigir al Gobierno de la nación que termine las sedes judiciales que tiene pendientes en varias localidades, además de pedir más jueces y más fiscales, pues la Comunidad resulta notablemente deficitaria en las ratios de togados por habitante. La teoría del pacto es similar a la del contrato: cada parte pone algo para obtener un beneficio en el intercambio. Pero la parte aquí es el corifeo pedigüeño y el Gobierno de Madrid pone la pasta. Ahora entra un fundido en negro y cambiamos a la película Una noche en la ópera y la famosa escena del camarote de los hermanos Marx; Groucho pide la comanda y se oye a Chico en off: «¡Y también dos huevos duros!».

Siguiente escena: el diluvio universal nos cayó en forma de gota fría, más técnicamente llamada DANA. Mientras los damnificados se hacen cruces inventariando los bienes perdidos para reclamar al Consorcio de Compensación de Seguros, si es que tuvieron la previsión de hacer un seguro, o esperar que lleguen las ayudas y subvenciones del Gobierno, se ha de saber que la Comunidad autónoma únicamente pondrá de su parte el grito en el cielo. De ella no esperen lo que no tiene. Los voceros del Gobierno regional cantan a coro que si la Comunidad pone dinero, entonces los murcianos pagaríamos el doble, pues lo haríamos por Madrid y por Murcia. ¡Un poquito de por favor!, pedía Fernando Tejero en Aquí no hay quien viva: los ciudadanos pagamos impuestos y las Administraciones públicas, sea la central, la autonómica o la municipal, que todas son Estado, los administran y aplican a servicios públicos y a fines de interés general€ supuestamente. Hasta ahora las subvenciones y ayudas para los damnificados las pone el Gobierno de España y parece que ninguno más. Ya sabemos quien paga y quien administra conforme a sus deberes públicos y quien hace de Chico Marx.

Por si no hubiera dudas, la propia Comunidad ha elaborado un inventario valorado de bienes demaniales para reclamar a Madrid. Se olvida que la Comunidad es parte del Estado y el presidente es aquí su más alto representante (bien que se le recuerda a su homólogo catalán) y quien ha de velar por los bienes públicos sobre los que tiene competencias exclusivas. Pero tomando como principio general del derecho aquel aforismo del que no llora no mama, nuestro mandatario pide con voz en off: «!Y también dos huevos duros!».

Los Ayuntamientos más afectados ya han abierto oficinas de atención a las víctimas en las que se invita a los ciudadanos a presentar sus relaciones de daños a los efectos de su reclamación al Consorcio de Compensación de Seguros y, en su caso, para a tramitación de las ayudas que se acuerden. Pero algunos como el de San Javier ya advierten a los damnificados que sólo concederán ayudas a los residentes y dicen a los damnificados de segunda residencia que son unos privilegiados porque sus pérdidas, al no ser de la vivienda habitual, son una suerte y no una desgracia.

Prepárense miles de ciudadanos que veranean como opulentos señores que deberán considerarse bien afortunados de pagar sus impuestos en las localidades ribereñas del Mar Menor, venturosos porque sus Ayuntamientos sigan permitiendo las construcciones en zonas inundables y suertudos porque las obras de infraestructuras modificarán el curso de las aguas pluviales cual lotería de navidad. Mientras, los alcaldes y concejales se suben sus emolumentos, por ejemplo, en 2017 un 30 % en San Javier donde los veraneantes de La Manga y La Rivera se van a acordar de ellos, sin tener la más mínima responsabilidad en las catástrofes que ocurren en su territorio, gracias, entre otras muchas que han de ser dadas, a la pésima ordenación territorial. Pero claro, el consejero de turno ya dice que ellos no son responsables, porque se aplica la legislación estatal. No importa que sean competencias que han asumido merced al artículo 148 de la Constitución en un Estatuto de Autonomía que, de tan programático y poco respetado, parece un continuo brindis al sol.

Groucho pide la comanda al camarero mientras se oye desde dentro del camarote la voz de Chico: «¡y también dos huevos duros!». En esto que suena la bocina de Harpo protestando y el genial actor añade: «¡en lugar de dos, pon tres!». Pero no sé si lo he soñado o me pareció que, en lugar del bigote, ahora lleva una poblada barba. Groucho era sin duda un tipo inteligente, un poco absurdo, pero genial. La escena prosigue: «¿Se admiten propinas?», pregunta Groucho. « ¡Oh, sí señor!», responde el camarero. «¿Tiene ahí cinco dólares?». «Sí, señor». «Pues no los gaste porque quizá se los pida luego».

Sobran más comentarios que ilustren el parecido de las escenas.

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