02 de octubre de 2019
02.10.2019
La Feliz Gobernación

¿Quién paga aquí?

El exalcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, también ha solicitado, como la cartagenera Pilar Barreiro en el caso Novo Carthago, el pago de los costes de su defensa en el caso Umbra, sin respuesta de Ballesta

02.10.2019 | 04:00
¿Quién paga aquí?

La exalcaldesa de Cartagena Pilar Barreiro endosó la semana pasada al Ayuntamiento que presidió las facturas de su defensa en el caso Novo Carthago una vez que el Tribunal Supremo archivó la denuncia sobre su posible responsabilidad en los supuestos aspectos turbios de aquella operación urbanística. Barreiro se acoge a la jurisprudencia: si un político es acusado de corrupción, se ve obligado a defenderse con gastos a su cuenta personal y si finalmente es absuelto o el caso se archiva en lo que a él respecta, es la institución a la que representaba a la que toca pagar la minuta de su defensa y los gastos colaterales a la misma.

Objetivamente, parece lógico. ¿Por qué un político, denunciado por corrupción, tendría que hacerse cargo de los gastos de su defensa si finalmente es exculpado? Cuando esto ocurre no solo queda libre de sospecha el político en cuestión sino la institución a la que representaba. La calificación de inocencia no debiera ir acompañada de un coste económico que, en ocasiones, puede conllevar la ruina personal. El archivo de una causa produce un alivio moral y reconstruye la imagen dañada del imputado, pero a costa de miles de euros invertidos en abogados y trámites legales que recaen sobre su riñón.

En el caso de Barreiro, la denuncia provenía del PSOE y del MC como acusación particular mientras la popular gobernaba, pero una vez que esos dos partidos accedieron al gobierno municipal se liberaron de los gastos propios y transformaron la fórmula en personación institucional del Ayuntamiento, de modo que la exalcaldesa debía defenderse con sus propios recursos frente a los que aportaba la caja pública. Finalmente, el Supremo archivó el caso, pero Barreiro se quedó colgada de una deuda con sus abogados, que litigaron en su favor contra los que pagaba el Ayuntamiento, liberado a su vez de responsabilidad, dado que la anterior regidora no lo había comprometido.

¿Quién debe pagar los gastos? ¿La alcaldesa liberada frente a la acusación municipal de sus sucesores que comprometieron recursos públicos para su acusación y a los que personalmente no les ha costado un euro esa operación? Si así fuera, resultaría injusto. Tal vez lo que tocaría es solicitar a PSOE y MC que devolvieran al Ayuntamiento los recursos comprometidos en la acusación contra la exalcaldesa declarada inocente. Como esto es improbable que se pueda siquiera plantear, lo justo sería que el Ayuntamiento pagara la defensa de Barreiro, cuya constatada inocencia es también la de la institución.

Sabemos que el caso Novo Carthago no es trigo limpio, salvada la instancia municipal de Cartagena. Tontos no somos. El promotor de la macrourbanización era un invitado a bodas de la familia Valcárcel, en el centro del círculo del 'murcianismo de amiguetes'. La instrucción duerme el sueño de los injustos en algún apartado juzgado por el que transitan jueces provisionales, después de que tarifaran al delegado de Hacienda que llevó a cabo aquella esclarecedora investigación por orden del juez Abadía. Caso hay, Barreiro aparte, aunque cualquier día lo cerrarán si no lo han hecho ya y no nos hemos enterado.

Como el Umbra. Miguel Ángel Cámara antecedió a Barreiro al presentar el taco de sus facturas al ayuntamiento de Murcia al minuto siguiente de verse liberado de esa investigación. Pero obtuvo la callada por respuesta. Silencio administrativo hasta el cumplimiento del plazo de respuesta, de modo que el exalcalde deberá reclamar al Ayuntamiento que presidió el coste de su defensa mediante denuncia al tribunal de lo contencioso. Si lo gana, la Administración Ballesta tal vez debería reponerle el coste añadido de la propia reclamación. Cámara está en su derecho. Tanto que si recupera la inversión en su defensa algún día podríamos verlo sacando, por fin, dinero de algún cajero.

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