23 de septiembre de 2019
23.09.2019
Lo que pasa

El robot monje

23.09.2019 | 04:00

Mindar es el nombre del robot con el que los monjes del templo budista de Kodaiji, en Kioto, exploran las nuevas posibilidades con las que la Inteligencia Artificial perfeccionará la atención y el servicio a los fieles que peregrinan al santuario. El robot ha costado un millón de dólares. Es de aluminio y silicona. A los monjes no les crea ningún problema el que sea una máquina con extremidades metálicas al desnudo y que tan solo tenga, como rasgo humano la cara, que es una máscara en la parte superior, y una réplica de las manos, en trance de juntarse como para orar. Se pretende que represente a Kannon, divinidad budista de la misericordia, que adopta, para hacer el bien, formas distintas, y no se ve, por tanto, ninguna dificultad en que su aspecto sea el de un androide, pues los monjes estiman que es el que le corresponde en esta era de tecnología aceleradamente desarrollada.

Mindar recita mantras, pero se espera que, en el futuro interactúe con los devotos que se acerquen a él en busca de orientaciones espirituales y éticas. Tensho Goto, rector del templo, está seguro de que el robot irá aprendiendo y desarrollando nuevas habilidades hasta lograr que la comunicación con los fieles sea mejor incluso que la que actualmente tiene lugar entre monjes y peregrinos. Abaratará, además, los costes de los servicios en el templo, pues se prevé que dirija las honras fúnebres, y hará que aumente el número de visitantes, atraídos por la novedad. En Japón ya existe otro robot de semejantes características. Se llama Pepper.

Para el budismo, que no es propiamente una religión teísta, todo esto no constituye una anomalía, pues de lo que se trata es de seguir las enseñanzas de Buda, y «da igual que sea representado por una máquina, un trozo de metal o un árbol», dice Tensho Goto.

También en China hay un robot que repite mantras. En India hay uno que realiza el ritual de las ofrendas ante el dios que tiene cabeza de elefante. En Alemania, la Iglesia protestante presentó en 2017, en el marco de las celebraciones de los quinientos años de la Reforma, un robot que impartía bendiciones, llamado BlessU-2.

Y a la vista de cuanto se acaba de referir, cabe preguntarse si los robots 'clase Inteligencia Artificial premium' ejercerán tareas eclesiales que no sean propiamente sacramentales: ¿animarán las celebraciones de la palabra en pueblos en los que ya quedan pocos habitantes y solo tienen misa una vez al mes? ¿Impartirán catequesis de primera comunión allí en dónde no haya catequistas? ¿Dirigirán ejercicios espirituales? Decía Chesterton que llegará el día en el que habrá que desenvainar la espada para afirmar que el pasto es verde en el verano.

Y eso es lo que ha hecho la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (Comece) al recordar que una persona humana es una persona humana y un robot, aunque sea inteligente, es un robot. Se ha visto movida a ello ante la aprobación por parte del Parlamento Europeo de la resolución Civil Law Rules on Robotics (Normas de Derecho civil sobre robótica), en la que se propone otorgar el estatus de 'persona electrónica' a los robots más sofisticados y autónomos, haciéndolos responsables de los daños que eventualmente puedan causar.

El documento de los obispos europeos se titula Robotisation of life - Ethic in view of new challenges (Robotización de la vida - La ética ante los nuevos desafíos) y en él se advierte del significado, los riesgos y las derivaciones antropológicas y éticas que comporta la cada vez más extendida práctica de declarar 'agentes morales' a los robots, estimando que son capaces de hacer elecciones buenas o malas y elevándolos, a efectos jurídicos, a niveles que solo le corresponden a la persona humana.

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