21 de septiembre de 2019
21.09.2019
Cartagena D. F.

A las armas

Los cartageneros tenemos la suerte de que comenzamos el curso bien armados, con nuestras espadas y falcatas, pero, sobre todo, con nuestros escudos, para protegernos de tanto desatino y tanto despropósito

21.09.2019 | 04:00
A las armas

Aníbal y Escipión afilan sus espadas, porque como dice el eslogan de nuestras fiestas: «Después del verano, carthagineses y romanos». Lo que no dice el lema es que, tras el paréntesis estival, que ya ha quedado atrás hace muchos días, son muchas las batallas que hay que librar.

Para los que tenemos hijos en edad escolar, la vuelta al cole puede convertirse en una auténtica contienda entre material, horarios, uniformes e 'iesebeenes', que para los ajenos a la materia cabe explicar que es el número identificador de cada libro, algo así como su DNI, eso sí, con miles de clones. El dichoso numerito, que es más largo que uno de esos chorizos telefónicos que da miedo coger, lleva locos a los padres de medio mundo, porque hay tantos ejemplares de libros de texto, de tantas editoriales y de tanta estupidez, que es un milagro que la extensa cifra del reverso de la publicación coincida con la que facilita cada centro y hay que ejercer de detective en los grupos escolares de WhatsApp o tener suerte para acertar a la primera.

Uno de los motivos que provoca este lío radica en que las editoriales sacan los libros no solo por materias y cursos, también lo hacen por Comunidades autónomas. Quizá, pudiera ser comprensible, aunque discutible, esta distinción territorial en asignaturas como historia o ciencias sociales, pero es completamente ridícula en lengua castellana, religión o matemáticas. Que sí, que aunque no lo crean, mis hijas aprenden a multiplicar en panocho, porque de otro modo no se entiende que en su manual de matemáticas resalte en la portada que se trata de la edición para la Región de Murcia. Menos mal que un paisano como el exministro Trillo inmortalizó una expresión para que nos refiriéramos a estos dislates. Me pregunto cuál es el problema de que todos los niños de un mismo curso en este país no puedan tener el mismo libro de matemáticas. En fin.

Los que también vuelven a su particular cole tras el verano son nuestros políticos, que de matemáticas no se cuánto habrán aprendido, pero en montar números progresan adecuadamente, porque para ellos somos nosotros los que necesitamos mejorar y, por eso, nos llevan a la repetición de unas elecciones, aunque todo apunta a que volveremos a suspender. Si es que no aprendemos.

Respecto al inicio del curso político en nuestro Ayuntamiento, me llamó la atención que la Junta de Gobierno acordara que no se debatirán iniciativas que utilicen un lenguaje inadecuado, insultante y soez, en clara alusión a Movimiento Ciudadano y, en especial, a su portavoz y líder, José López. De hecho, su partido ha sido el único en rechazar esta medida. El resto creo que se equivocan al aprobarla, porque la alcaldesa ya dispone de la autoridad suficiente para evitar comportamientos inadecuados en los plenos y hasta puede expulsar a quien considere oportuno.

Además, tratar de ponerle una mordaza a López y a los suyos lo único que logrará es el efecto contrario y le da a MC la excusa perfecta para acusar al Gobierno local de censura. Pero lo más desacertado es que lo que más ha perjudicado al edil cartagenerista han sido, precisamente, sus salidas de tono, sus altisonancias y sus malas formas, por lo que puede que hasta le hagan un favor si le ayudan o le obligan a corregirlas.
De momento, no parece que hayan tenido mucho éxito, porque ya se ha producido el primer rifirrafe plenario entre la alcaldesa y López a cuenta de las reuniones con el promotor del plan Rambla. Dios me libre de mediar entre la regidora y su rival de la oposición, pero tiene que llegar el día en que un constructor y un político puedan reunirse sin que se les acuse por ello. Tiene que llegar el día en que ser político no implique soportar el yugo de la sospecha de la corrupción, aunque eso, en gran medida, depende de ellos.

Los cartageneros tenemos la suerte de que comenzamos el curso bien armados, con nuestras espadas y falcatas, pero, sobre todo, con nuestros escudos, para protegernos de tanto desatino y tanto despropósito.

La auténtica catástrofe no es perderlo todo, sino permanecer impasibles y no hacer nada para intentar recuperarlo.
A las armas, la victoria nos espera. Y tiene mucha paciencia.

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