19 de septiembre de 2019
19.09.2019
Mata al rey

La imposibilidad del orgasmo simultáneo

19.09.2019 | 04:00
La imposibilidad del orgasmo simultáneo

Cada vez que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias aparecen en televisión mi oído interno sintoniza aquella canción de Pimpinela: ¿Quién es? Soy yo. ¿Qué vienes a buscar? A ti. Ya es tarde. ¿Por qué? Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti...Hemos visto a Pedro cantándola desde su pose de galán, en la creencia de que un primer espada no debe bajar al barro de las emociones. Y a Pablo, cada día más despeinado, recreándose en las humillaciones a las que parece haberles cogido el gustillo. Mientras que Alberto Garzón y Zapatero no daban abasto mandando flores por primavera, a ver si la cosa se arreglaba.

Cuando Winston Churchill dijo que la política hace extraños compañeros de cama nunca habló de los preliminares. Porque, reconozcámoslo, aquí la cosa fue mal desde el principio. Desde aquella primera cena en la que Pablo tomó pescado, Pedro tortilla y hablaron de baloncesto. Pedro salió de allí quejándose de falta de confianza y de haber tenido que pagar la cuenta. Así que es fácil imaginar que ya el primer intento de beso, acabó en cobra. ¡Ah, qué lejos quedaban aquellos días en los que uno se disfrazaba de izquierdas, recorriendo España en su Peugeot, y el otro se vestía de socialdemócrata, cambiando las citas de Marx por Keynes! 

El problema es que ninguno de los dos miembros asumió nunca que no iba a quedar tan satisfecho como esperaba. Ambos tenían que ceder, y el caso es que lo hicieron, pero a destiempo. Primero cedió Pablo y se hizo a un lado. Después Pedro, pero, ¡ay! su socio preferente no lo supo aprovechar. Hasta que el PSOE se metió de lleno en el papel de amo dominatrix al que ninguno de los trajes bondage de Unidas Podemos le servía ya. Podían haberse animado con unos vídeos. Felipe González, por ejemplo, montándoselo con los nacionalistas vascos. O algo más hardcore como Aznar intimando con Pujol en catalán. Pero nada, chico, se ve que a nadie se le ocurrió, y en lugar de eso cada vez que uno parecía que estaba a punto, al otro le daba por cambiar de postura.

Es verdad que siempre estaban por ahí los cuñados malmetiendo, y que los suegros tampoco han ayudado. Pero eso no es excusa, la familia siempre está en contra de estas cosas; la ajena y la propia. Y cuando uno se mete en la cama de las negociaciones tiene que entrar solo, sin traumas y dispuesto a dar tanto como recibe.

Así que al final vamos todos de vuelta a buscar ligue en la fiesta de la democracia. Deberían haber llegado a un acuerdo, eso todo el mundo lo piensa. Y si uno de los dos se tenía que quedar a medias, que se hubiera quedado, que a todos nos ha pasado alguna vez y no es para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que a lo mejor no ligas tanto como pensabas y pueden acabar haciéndote la cama los otros; los que están deseando montarse un trío, eso sí; con la luz apagada y estrictos fines reproductivos. Entonces sí que se acabó la fiesta, tortolitos. Coitus interruptus. Y que Dios nos pille confesados.

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