19 de septiembre de 2019
19.09.2019
El Mirador

Cosas que pasan

18.09.2019 | 21:44
Cosas que pasan

Me dice mucho que 'cualquier tiempo pasado fue mejor'. Y puede que sí, que sea verdad. Pero si así lo fuera, es porque en cualquier tiempo pasado fuimos jóvenes. No lo duden? La juventud tiene el poder regenerador en sí mismo que se va alquimizando (permítanme el palabro) en experiencia, conforme la propia juventud va caminando hacia la vejez. Es como si algo superior no consintiera que la lozanía y el esplendor fueran vasos que contengan la prudencia de la experiencia, pues no parecen compatibles, y se extrañarían unos y otras. Los estragos de un exceso juvenil serán reparados rápidamente por células obreras nuevas que mantienen el organismo en perfecto estado, pero solo la vejez guarda memoria de las heridas, porque ya no se recupera de ellas? Ese es el motivo. Y la causa de que cualquier tiempo pasado fuera mejor.

El vigor y la decadencia no se llevan bien. El primero teme a la segunda, y la segunda envidia al primero. Y ambos dos se miran de reojo el uno al otro, como si no se conocieran. Sin embargo, se conocen, y muy bien. El vigor es padre de la decadencia al igual que la vejez es hija de la juventud, aunque parezca un disparate. Lo que pasa es que el uno y la otra no se tratan ni se hablan dentro de uno mismo, tan solo se relacionan e interaccionan con herederos de la sangre. Padres con hijos, abuelos con nietos? Pero si miramos dentro de nosotros, los dos polos del mismo personaje se reprochan mutuamente lo que ya ninguno de ambos es capaz de hacer cuando la mente le aconseja hacerlo.

He leído otra vez un viejo libro de mi pujante juventud, olvidado en un viejo estante de algún no menos viejo cuándo: El Retrato de Dorian Gray, donde, por algún misterioso proceso, el personaje no envejece mientras su retrato sí lo hace, y en el que se va guardando en su memoria física las señales y lacras de todos los excesos a los que se entrega el protagonista ante el hecho de permanecer en un cuerpo eternamente joven, espléndido y pujante, mientras el lienzo se deteriora por él. Lo que no se aclara con precisión es cuál es el depositario de esta experiencia, si el retrato o el retratado. En la primera parte del clásico aparente ser el óleo el que asimila tales conocimientos, puesto que Gray sigue comportándose con la hermosa pero irresponsable liviandad de sus veinte años. Y ya en la segunda, parece transferirle el cuadro de golpe a su conciencia las pasadas y pesadas consecuencias de sus disipados actos. En ese momento de la obra, bien pudo pensar Dorian lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Lo que pasa es que afortunadamente, claro, la naturaleza dispone que la lentitud presida el proceso gradual de asimilación, en una secuencia invariable de acto-consecuencia, que va dejando el poso de la experiencia conforme se va marchitando el vigor, la regeneración, la belleza y el esplendor de la primera, y ya única, juventud. Un amigo viejo me dijo un día que las experiencias nunca se marchitan, y jamás dejan de emanar su perfume (o su hedor), mientras las flores que las han destilado murieron hace mucho tiempo. Por eso que cualquier tiempo es todo el tiempo. Igual da pasado, que presente, que futuro. Todo el tiempo es el mismo tiempo. Ni el pasado es mejor, ni éste es peor, ni mañana será mejor o peor que éste, salvo, naturalmente, porque estamos más cerca del límite de nuestro tiempo, casi que ya en la gatera del tiempo. Por donde el tiempo, el nuestro, escapa. Y claro que a mí también me pasa, y me pregunto lo del principio de este artículo: ¿mi tiempo pasado fue mejor? y me recuerdo como lo que dejé de ser, como un personaje inventado por mi propio yo. Pero ¿cuál es el real?¿aquel que fue? ¿este que también está dejando de ser? ¿soy acaso una proyección el uno del otro?

Ya les digo: si cualquier tiempo pasado fue mejor es porque una vez fuimos jóvenes. Ese es el sentido correcto de la frase. Otra cosa distinta es si aprovechamos esa juventud o si la juventud se aprovechó de nosotros. En cualquier caso es una experiencia que deja sus consecuencias, no lo duden en ningún momento. Y no escribo esto para los mochileros de mi generación, que ya hemos cosechado tales consecuencias, si no para los jóvenes que las andan sembrando hoy, y que mañana se harán la dichosa pregunta de su tiempo pasado como interrogante de su tiempo después.

No sé si fue Tagore a quien leí que estando de camino un viandante, en el primer descanso del viaje se durmió con la bolsa de víveres vacía, pero, joven y animoso, pensó llenarla cuando amaneciese; sin embargo, cuando despertó, fue ya demasiado viejo y cansado para poder llenarla. Y digo yo que algo querría decir con esa metáfora ¿no? Pues eso: cosas y casos que pasan.

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