18 de septiembre de 2019
18.09.2019
Renglones torcidos

El dieciocho Brumario de Boris Johnson

18.09.2019 | 04:00
El dieciocho Brumario de Boris Johnson

Boris Johnson ha suspendido el Parlamento británico para que, libre al fin de obstáculos administrativos y estériles debates, el Reino Unido abandone la Unión Europea aunque sea sin acuerdo. Desea encarnar él, personal y particularmente, la voz del pueblo emanada tras el referéndum de 2016. Ni el Parlamento ni la Corona han pesado más que su firme decisión y una fuerza de voluntad que exhibe constantemente mediante un torrente de retórica agresiva y descarnada. El político británico no es más que una de las abundantes cabezas de la Hidra como lo son Trump, Orban, Salvini o Bolsonaro, quienes en virtud de procesos en principio independientes entre sí, son en realidad la manifestación de una revolución conservadora que recorre el mundo como un fantasma.

Johnson ha provocado una vorágine que acabará arrastrándole a él, pues toda revolución devora a sus hijos. Ahora miembros de su propio partido le repudian mientras una parte del pueblo se manifiesta en su contra. Y como el parentesco y el carisma personal ascienden cuando la democracia decae, finalmente, y alcanzando una discordia casi bíblica en la que que los enemigos del hombre 'sean los de su propia casa', hasta su hermano Joseph Johnson que también era ministro de su Gobierno dimitió para ponerse en su contra. Pero eso es un riesgo asumible para un hombre cuya temeridad supera a su talento, que cabalga a lomos de sus pasiones y que está dispuesto a vencer la resistencia que ha despertado aunque el país termine en la ruina, él mismo ante los tribunales, o caiga 'muerto en una zanja', según sus propias palabras.

Boris Johnson ha inaugurado un escenario nuevo en este antiguo país de navegantes que ahora, tras recorrer las aguas desconocidas del Brexit, desembarca en la Terra Incognita de la incertidumbre institucional. Con su fantástica rebelión contra los burócratas europeos que, se dice, amenazan la independencia nacional, hombres como Johnson aspiran a escribir sobre una página en blanco el relato épico de la dignidad nacional recuperada.

Hoy todo se muestra revestido por esa novedad en la que un golpe de Estado clásico ha quedado, aparentemente, obsoleto. Falso: detrás del aluvión de noticias que se suceden una tras otra, se escucha la voz del fantasma de las navidades pasadas, deseoso de liberarse de las cadenas e invocar a sus fúnebres compañeros.

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