12 de septiembre de 2019
12.09.2019
El Mirador

Preguntad a la abuela

11.09.2019 | 20:02
Preguntad a la abuela

Francia ha puesto a Europa las pilas empezando por ellos mismos. Emmanuel Macron quiere que les enfants de la patrie sean los primeros en descubrir lo que la humanidad ya descubrió un día y volvió a cubrir poco después porque así interesaba a una sociedad basada en el ciclo producción-consumo desaforado. Su Secretaria de Estado de la Transición Energética, Brüne Poirson, ha bautizado el nuevo-viejo invento como 'Economía Circular'? Guau y guay. Lo define como un proyecto de Ley Anti-despilfarro «para avanzar hacia una economía sostenible en que los ciudadanos consuman menos y mejor, reciclen cuanto sea posible, eviten los plásticos, y se esfuercen en reparar y rentabilizar los productos antes de tirarlos a la basura». El Plan lleva puesto incluso una norma de Índice de Responsabilidad' para que los cacharros salgan de fábrica con una indicación de las veces que puede ser arreglado o cuando debe ser desechado.

Sin duda que la directora general gala aún tiene abuela, y le ha preguntado a su grand mere. Aquellos que tengan mi edad, echen la vista atrás, y los que sean más nuevos pregunten a sus abuelas. Todo eso ya lo inventaron ellas, sin tanta alharaca pero con todo el sentido común del mundo. Sin hipérboles. Era pura lógica y economía doméstica de supervivencia, y natural, tan natural como la propia vida. Tan es así, que estas medidas que nos vienen ahora tan innovadoras, lo que en realidad están poniendo de manifiesto es la vuelta a una época, relativamente reciente además, apenas un poquico más de medio siglo, pero que la ignorancia y la incultura de la moderna barbarie han enterrado tanto y tan deprisa que ya se nos antojan fósiles.

Prácticamente, hasta los años 50 o principios de los 60, el 80% de la población, al menos aquí, en España, aún vivían en pueblos. El comercio del plástico, si se había inventado apenas se había extendido, era raro y caro, y el envasario plasticoalimentario prácticamente no existía, mucho menos al nivel altamente contaminante de la actualidad, que ya se califica de vitalmente contaminante. La gente salía a comprar con sus capazas, o sus bolsas tejidas de tela, o sus mallas de hilo o cuerda, que ensanchaban hasta un determinado límite. Una solución, antes práctica y hoy ecológicamente necesaria. Los envases de vidrio se utilizaban y reutilizaban hasta que éstos se rompían, se tiraban los cristales y se buscaba otra botella de otra cosa que sirviera a tal fin? Los cascos se cambiaban vacíos por llenos.

Por ejemplo. Los desperdicios orgánicos (hoy un costoso problema para su recogida y adecuado tratamiento) servían para abonar el huerto, o para alimentar el cerdo, o los conejos, que luego volvían a comerse la familia tan ricamente. O se le echaba a la cabra, que nos daba su leche, natural y naturalizada,no destodo y desnaturalizada; o a las gallinas, que nos regalaban sus huevos, todo muy bien para lograr una muy satisfactoria y equilibrada alimentación? ¿Qué decía la francesa esta allez les Pyrinnées? ¡Ah, sí..! Economía Circular. Pues eso, justamente eso, madame mía, una economía naturalmente circulante.

Y la ropa se heredaba, se le hacían arreglos, se adaptaba y reutilizaba? y ya, cuando no podía remendarse más, se le despedazaba para trapos con que limpiar el polvo. Para limpiar los cristales, cocinas, paredes, chapados, utensilios mecánicos y hasta para forro de mochos de escoba con que dar brillo a los suelos. Hasta los papeles de los periódicos servían para multitud de usos, desde envolver vasos y objetos frágiles para su empaquetamiento, a usarlos como excelentes limpiadores de cristales, pasando por un fantástico abrigo del frío bajo la camisa en los crudos meses de invierno. Usted se ponía entre pecho y espalda cualquier periódico y le solucionaba el viaje en moto en los primeros o últimos fríos del día.

El calzado se adaptaba, moldeaba, se ponían medias suelas, tacones o se le daba un buen calafateo, como a los barcos, y se le ganaba media vida a la vez que se le solucionaba su medio de ídem al zapatero remendón del pueblo, que hacía oficio de esa economía circular. Como no existía un solo aparato doméstico que no tuviese arreglo y compostura. Absolutamente todos, una plancha, un reloj, una cafetera, o chisme cualquiera. Todo se componía y se recomponía? y cuando ya no daba más de sí, aún se despiezaban y se aprovechaban sus componentes para solucionar averías de otro cacharraje de distinta naturaleza. No hablemos de cómo se consumía el agua y la luz.

Ahora resulta que hemos de recuperar parte de ese espíritu porque nos estamos cargando el planeta, ya que 7.700 millones de homos? ¿sapiens?, consumiendo y desechando, a pleno derroche y despilfarre, nos estamos envenenando la existencia y negándosela a nuestros descendientes. También es economía de subsistencia, no porque no la podamos pagar, como la de antes, sino porque no nos la podemos permitir. Ni antes, ni ahora, la podemos mantener. No a este ritmo, al menos.

La reinventada Economía Circular no es nostalgia de nada, sino prudencia de todo. La naturaleza está ahíta de basura y nosotros pereceremos ahogados en sus consecuencias. O somos una civilización de ida y vuelta o no regresaremos de esta ida. En este caso concreto, cuando se dice aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, puede que sí, que sea cierto. Preguntémosle a la abuela.

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