12 de septiembre de 2019
12.09.2019
Mamá está que se sale

Derecho a elegir

11.09.2019 | 22:10

Hasta hace poco, el coste del colegio no me había parecido algo trascendente, más allá de poder afrontarlo, claro. Siempre lo consideré una opción que libremente elegían los padres, entre un modelo educativo gratuito dirigido completamente por la Administración, o bien otros modelos educativos, más independientes y con ciertas peculiaridades, pero igualmente tutelados y subvencionados por la Administración mediante conciertos. Por cierto, muchos de ellos, colegios religiosos.

Hasta aquí, me había parecido una convivencia, casi modélica, entre quien defiende la educación pública y quien entiende que ciertas mejoras no pervierten el modelo. Si la economía es la ciencia que estudia cómo atender necesidades ilimitadas con recursos escasos, yo creía a pies juntillas que esa dualidad era su aplicación práctica.

Pero no nos engañemos. De toda la vida, los centros concertados, a pesar del concierto, han costado algo de dinero. Porque dan más clases de idiomas, porque tienen piscina, porque hay más actividades o porque tienen un ideario particular. Lo cierto es que los padres eligen esos colegios para sus hijos precisamente por ese complemento educativo. Sencillamente porque su oferta formativa es más completa. De hecho, hay por ahí circulando un vídeo de Pedro Duque, el ministro astronauta, en el que sale diciendo que cambió a sus hijos de centro porque el nivel de inglés era mejor. Y aunque tuviera que pagarlo de su bolsillo, él lo consideraba imprescindible para que tuvieran una formación completa y competitiva. Qué otro derecho tienen los padres, si no es a elegir libremente la educación que mejor crean para sus hijos.

Y aquí me encuentro con que si el acceso a una educación es un derecho garantizado constitucionalmente, entonces por qué tienen que pagarlo los padres. En otras palabras, si Pedro Duque no hubiera podido pagar el cambio de colegio, ¿sus hijos se habrían quedado sin saber inglés?

Lo que la Constitución garantiza no es una enseñanza de tipo básico, sino una de calidad, completa y competitiva, y ésa es la que se tiene que ofrecer de forma gratuita para todos, independientemente de las características o del modelo educativo por el que opten los padres para sus hijos. De otro modo, la garantía constitucional no valdría para nada. ¿Qué sentido tiene la parafernalia de incluir como derecho fundamental el derecho a la educación, libre y universal, si la que tú quieres para tus hijos tienes que pagarla?

Luego está la guerra de los conciertos de los colegios que separan chicos y chicas. La Junta de Andalucía les quiso retirar el concierto al discriminar por razón de sexo, pero el Tribunal Constitucional concluyó que esa separación no era más que un ejercicio de la libertad de enseñanza que reconoce la Constitución.

En cualquier caso, esos padres son libres de elegir la educación en la que creen, y si tienen que pagarla, ya no es un derecho. ¿Qué se pretende al quitarles el concierto? Ya lo dice el refranero: clavo que sale, martillo pide.

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