09 de septiembre de 2019
09.09.2019
360 grados

Regreso a España

09.09.2019 | 04:00
Regreso a España

Regreso a España tras unos meses de desintoxicación política fuera y veo que todo sigue igual si se exceptúa la barba que se dejó uno de nuestros jóvenes leones. Tal vez para darse un barniz de esa gravitas de la que carece. Parecen seguir igual las cosas en el Madrid de todas las corrupciones pese a que uno de los partidos del Gobierno regional prometió en su día acabar con tales prácticas para, en una pirueta poco entendible para muchos, acabar aliándose con los herederos de los que antes denunciaba.

Dice, sin embargo, algún periódico que se ha instalado un clima de desconfianza entre los socios del gobierno madrileño, pero uno no sabe muy bien qué hay de aspavientos, de puro paripé en todo ello. A nivel nacional, siguen aburriéndonos a su vez el PSOE y Unidas Podemos con su simulacro de negociaciones, en las que el primero ya ha advertido que no concederá al otro nada de aquello a lo que con justicia aspira: una participación minoritaria en un Gobierno de coalición.

Todo lo más está dispuesto el presidente del Gobierno a darle al partido a su izquierda una limosna: alguna agencia gubernamental, un puesto de responsabilidad en la radiotelevisión pública, cualquier cosa menos un ministerio, que esa oportunidad ya pasó y es además algo que asustaría a los poderes económicos. Da igual que Pedro Sánchez deba el cargo que ahora ocupa y que tanta visibilidad internacional le está dando precisamente al apoyo del partido del que, una vez colmada su ambición, tanto ahora recela. No parece que en política cuente aquello de «es de bien nacido ser agradecido».

Un signo mínimamente esperanzador para quienes abogan por el entendimiento de la izquierda es que al equipo negociador de Unidas/Podemos se hayan sumado esta vez las llamadas «confluencias»: desde la periferia no parece que se vean las cosas con la misma crudeza que en nuestra árida meseta.

Haría falta en cualquier caso menos truculencia y más 'finezza', por parte de todos, mucha más 'finezza', ésa de la que hablaba el dirigente democristiano italiano Giulio Andreotti, y que tanto se echa de menos en nuestros políticos.

'Finezza' que se echa también en falta precisamente en un partido en el habían puesto todas sus esperanzas quienes dentro y fuera se asombraban de que en España no hubiera un grupo liberal y de centro, capaz de ejercer, como los equivalentes de de otros países, el papel de bisagra.

Tal vez entre los primeros defraudados por la incomprensible cerrazón de Ciudadanos esté el propio Sánchez, que pareció en todo momento preferir una alianza con un partido a su derecha como el de Albert Rivera que no con el que le disputa el terreno electoral desde su izquierda. Pero no pudo ser debido sobre todo a la terquedad de un joven dirigente a quien su obsesión con el independentismo catalán le ha alejado cada vez más del centro y escorado peligrosamente a la derecha más extrema para disgusto de algunos de sus viejos conmilitones.

Ante esa imposible coalición, no parece quedarle a Sánchez más remedio, si pretende, como parece, seguir paseándose por el mundo como jefe del Gobierno que tender la mano al partido que más escozor le produce.

Y Podemos tendrá que tragarse el sapo, aceptando en última instancia los puestos de responsabilidad al margen del Ejecutivo que le ofrezcan – llamémoslo 'chantaje' si queremos- si no quiere arriesgarse al resultado siempre incierto de nuevas elecciones.

Unas elecciones en las que la izquierda – el conjunto de la izquierda- se expondría a las inevitables consecuencias del hartazgo de quienes un día le dieron toda su confianza con la esperanza de que sus dirigentes aparcasen sus estúpidos recelos y mostrasen por una vez altura de miras.

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