09 de septiembre de 2019
09.09.2019
Tribuna política

El mismo error

09.09.2019 | 04:00

Me llamaba la atención una encuesta en este diario, sobre si le parece bien a los lectores que los padres autoricen las charlas de orientación sexual en centros educativos. Una propuesta que tiene el beneplácito de la vicepresidenta y consejera de la Mujer, Igualdad, LGTBI y Familia, entre otros de la comunidad murciana. En relación a este tema lo veo de la mayor cordura por parte de la señora Franco, pues al día de hoy, según la Constitución española, los padres que tienen la patria protestad de sus hijos, pueden decidir y deciden qué educación moral estiman oportuna, habida cuenta de sus derechos recogidos en el Artículo 27.1 de la Constitución y en el 18 de Derechos Humanos.

Esto forma parte de la libertad de conciencia, en definitiva de la libertad, que es, al menos yo lo entiendo así, como la opción de poder elegir y que se encuentra en total acuerdo con los llamados Derechos Humanos. Pero al parecer hay a quienes les cuesta entender este concepto.
Se trata pues, de poder opinar de forma contraria a ciertas presiones de grupos y de poder decirlo además. En definitiva, la libertad de opinión y de expresión es una capacidad que incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión (Artículos 18 y 19, Declaración Universal de Derechos Humanos).

Nada más lejos de faltar el respeto o de insultar a los que piensan diferente, pero por desgracia hay muchos que consideran que discrepar de sus gustos o preferencias es odio y anatema.

Esta hermosa atribución es imprescindible para poder ejercer otros derechos humanos y participar activamente en una sociedad libre y democrática. Es, sin lugar a dudas, una de las condiciones de base para que exista democracia y que, según el Derecho Internacional, «cualquier posible limitación tendrá que ser mínima, proporcionada y justificada», (como el caso de derecho al honor o enaltecimiento del terrorismo, Artículo 578 del Código Penal).

Sin embargo, hay ideologías y movimientos que tienen la tentación de limitar la libertad de expresión, incluso la de los medios de comunicación, regulando el derecho a la información a su gusto. Este estímulo presenta en algunos dirigentes políticos un especial atractivo, ya que no soportan la pérdida de control de la información que quieren difundir.

Esta facultad fundamental de la libertad de expresión y de conciencia, últimamente están siendo interpretados de forma inapropiada, quizás porque aun hay vientos del pasado en el subconsciente de algunos ideólogos, y ahora añoran lo que antaño sufrieron. Hemos tenido durante mucho tiempo mermada esta libertad y sería una barbaridad que caigamos en lo que hemos criticado tanto tiempo. No sería raro que, como dice Melendi, «no me des una opción porque cometeré el mismo error».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook