08 de septiembre de 2019
08.09.2019
Jodido pero contento

Retroprogres y tecnoverdes

07.09.2019 | 21:11

Greta Thunberg no es una chica normal. La adolescente sueca, de apenas 16 años, está dando lecciones al mundo de cómo encabezar una batalla global contra el cambio climático, o contra la crisis climática, que es la denominación adoptada últimamente por los activistas. Greta participó activamente en las manifestaciones estudiantiles frente al parlamente sueco del verano del 18, que reclamaban acciones concretas y ambiciosas frente al calentamiento global. Desde entonces, nuestra Greta se ha convertido en un referente de la lucha contra el calentamiento global. Se lanzó a la fama internacional cuando fue invitada a hablar en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018. No es extraño que un grupo de parlamentarios suecos la haya propuesto este año para el Nobel de la Paz.

En mi opinión, Greta se ha convertido en la heroína de los 'retroprogres', denominación que me he inventado sobre la marcha para calificar a aquellas personas comprometidas con el medioambiente -una causa progresista donde las haya- pero que preconizan un tipo de soluciones que nos harían retroceder cientos de años en los logros científicos y tecnológicos de la Humanidad. Manifestación de esta mentalidad es que la pizpireta Greta, que gasta unas coletas idénticas al famoso personaje de Pipi Calzaslargas, se haya marcado un viaje a Estados Unidos en un barco de vela para promover los medios de transportes no contaminantes, siendo recibida en olor de multitudes -integradas preferentemente por adolescentes, un tipo de multitud que huele mucho porque las feromonas sexuales están en plena ebullición- por su arrojo, valentía y compromiso con la batalla contra la crisis climática.

A ver, Greta, que me aclare yo, por favor. ¿Significa eso que la batalla contra el cambio climático se ganará cuando todos optemos por abandonar el coche, por supuesto, pero también el tren o el avión para desplazarnos?. Porque -mi querida y adolescente Greta- no creo yo que todos nos podamos permitir cuando tengamos que desplazarnos a Estados Unidos o a otra parte del continente americano fletar un yate de lujo con todas sus comodidades inherentes y vituallas para dos semanas que dura el viaje. Evidentemente no era la intención de Greta transmitirnos ese mensaje, sino decirnos que existen otras alternativas para producir energía limpia locomotriz que nos ayudarían a vencer en la batalla por devolver a la Tierra una atmósfera libre de contaminación y recuperar las temperaturas de la era preindustrial. Pero Greta debería saber que había otra energía alternativa, disponible y operativa desde los años cincuenta, que no contaminaba la atmósfera, ni la llenaba de CO2, y que se si hubiera utilizado sistemática y masivamente, habría evitado la catástrofe inminente ante la que nos enfrentamos. Y aún más, debería saber que los culpables de que se haya impuesto este tipo de energía -por supuesto me refiero a la energía nuclear- son precisamente los que piensan del mismo modo que ella, los que consideran que el progreso científico y tecnológico es un mal contemporáneo que debemos abolir de la faz de la tierra, retrotrayéndonos a un mundo idílico de barcos de vela, bicicletas para todos y agricultora ecológico.

Y hablando de agricultores ecológicos. A todos nos gusta comer alimentos no tratados con fertilizantes y demás porquería química, pero resulta que la agricultura ecológica y no transgénica requiere de nuestra amada Gaia muchos más recursos naturales que su -digámoslo así- variante fea y tecnológica. El ecologismo radical -y no estoy en contra de los radicalismos, que en ocasiones son imprescindibles para dejar claras las opciones a las que nos enfrentamos- ha llegado al extremo de impedir que se descargue maíz transgénico en un puerto de Etiopía, que iba destinado a paliar una de las frecuentes hambrunas que sufre la población africana. Antes muerta que sencilla, o lo que es lo mismo, que se mueran de hambre antes que ceder a las convicciones mágicas y tribales de estos fanáticos descerebrados.

Mal que le pese a los retroprogres partidarios de volver a la edad de piedra con tal de salvar al Planeta, hay muchos ciudadanos que pensamos que el bienestar y el futuro de la Humanidad y de este mismo Planeta se asegurará por el progreso económico -por supuesto en un entorno de economía social de libre mercado-, que es la base que soporta las inversiones en ciencia y el posterior desarrollo tecnológico. La solución a la crisis climática -que no debería haberse declarado si la energía nuclear hubiera tomado el relevo hace tiempo de los combustibles fósiles, como alternativa menos mala y de transición hacia las renovables- vendrá sin duda de la mano de la ciencia, la tecnología y el sentido común. Si se extendiera realmente el impuesto al carbón que establece el acuerdo climático de Paris, los investigadores y las industrias tendrían un incentivo exigente y perentorio para desarrollar las tecnologías de captura y reutilización posterior del CO2. También hemos avanzado enormemente en las tecnologías que permiten la reforestación de amplias zonas del Planeta, con un coste eficiencia altamente mejorado en relación con el pasado. Un informe avalado por reputados organismos científicos, establecía recientemente que un esfuerzo serio de reforestación a nivel global podría paliar la mayor parte del efecto invernadero que conduce al calentamiento global. Aunque la gente no se lo crea, la reforestación ha sido increíble en las últimas décadas, especialmente en el Hemisferio norte y en los países desarrollados. Solo hay que mirar los mapas de la superficie verde de la Europa de hace un siglo y compararlos con el actual. No siempre la imagen idílica del pasado se corresponde a las fantasías de los aficionados a la ecología mal informados. Lástima -eso sí- que ese esfuerzo de reforestación se vea contrarrestado por la desforestación rampante de amplias zonas del Hemisferio Sur, como está sucediendo en el Amazonas.

Así como la industria del automóvil se ha puesto las pilas -nunca mejor dicho- y está asumiendo con entusiasmo la mayor transformación de su historia, la agroindustria vive momentos de transformación intenso con la consecución de productos alternativos a la carne de animal que son del gusto de los carnívoros más exigentes. Recientemente, Burger King, ha introducido en su menú las hamburguesas elaboradas por una empresa llamada Impossible Foods. Las alternativas veganas a la carne animal, junto con la inminente puesta en el mercado de las carnes desarrolladas en laboratorio y los cultivos agrícolas en un entorno controlado en edificios verticales en las propias ciudades (como los que propone Vertical Food en Nueva York) supondrán la liberación de una inmensa cantidad de superficie cultivable, que quedará disponible para la reforestación.

En definitiva, todos compartimos el objetivo de librar al planeta de nuestra mierda y dejarlo hecho un pincel, pero los retroprogres son unos pesimistas que se oponen al progreso real, mientras que los tecnoverdes somos optimistas y confiamos en la ciencia y en el auténtico progreso de la Humanidad.

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