01 de septiembre de 2019
01.09.2019
La Opinión de Murcia
Jodido pero contento

Y comieron perdices

Nos hemos adaptado perfectamente a esa muñeca rusa que conforman los niveles de adhesión emocional y patriótica: murcianidad, españolidad y europeidad. Y si eres de Cartagena, ya es la leche. Y si has nacido en el barrio de Santa Lucía en la ciudad departamental, la repanocha

31.08.2019 | 20:45
Y comieron perdices

No es que mi vida haya sido ejemplar, pero es mi vida y por eso no quiero seguir dando la paliza semanal a los numerosos seguidores de mi columna con esta especie de diario íntimo de las últimas seis semanas que he dado en llamar 'jodido pero contento'. Estas columnas han sido más bien un sueño pasajero de verano.

En ellas he desvelado a propios y extraños que sufrí un pequeño ictus encontrándome en Marbella, y que celebré el cuarenta aniversario de una promoción en Pamplona. No he tenido apenas quejas del contenido, excepto la de mi buen amigo Julio Ariza, que me hizo llegar un cariñoso mensaje desmintiendo que hubiera sido un 'puto adscrito' en el Colegio Mayor Aralar de Pamplona. El fallo de memoria resulta relativamente lógico, porque el suyo era un caso singular, contando con apenas diecisiete años como y teniendo su casa familiar a dos manzanas de donde residía. Rectificado queda el dato, que solo recordé para subrayar los logros del que ha sido comparado por la creación de Intereconomía y su influencia política con el Rupert Murdoch español.

A la hora de entender la vida -la mía y la de cualquier persona- me gusta imaginármela como una partida de póker, que es un juego que mezcla la suerte, la libertad de elección y la inteligencia con que se afronta el curso que sigue el juego, tanto para ti como para los demás.

Pienso que yo y todos mis lectores, somos unos absolutos privilegiados del póker de la vida. Las cartas que nos han tocado al nacer son de las mejores que nos podían tocar, teniendo en cuenta las generaciones de seres humanos de la especie sapiens que han existido hasta el momento, aproximadamente quince mil millones.

Por lo pronto hemos nacido un planeta fantástico. Lo digo porque estoy convencido de que hay vida extraterrestre y, por lo que aprendemos en las películas, los extraterrestres parecen unos hombrecitos de cuerpo melifluo y gelatinoso tirando a semitransparente. Y dentro de este planeta, la franja de nuestra latitud es en la que se ha desarrollado precisamente la civilización por condiciones naturales. Aquí medraron las plantas susceptibles de convertirse en cultivos, para alimentar a nuestros antepasados y a sus animales de crianza. Y ello dio pie al surgimiento de poblados de agricultores y ganaderos, a las ciudades y de estas a los imperios. El resto del planeta se habitó seriamente cuando se inventó el fuego y la gente se pudo proteger del intenso frío, siempre metidos en las cavernas excepto para cuando salían a cazar.

Y en concreto, nacer en el Mediterráneo, como dice la canción de Serrat. Y afortunadamente no somos catalanes, que viven inmersos en su propio conflicto identitario que enfrenta familias y les amarga la vida de cada día. Nosotros somos murcianos, y no tenemos ningún problema de identidad. Nos hemos adaptado perfectamente a esa muñeca rusa que conforman los niveles de adhesión emocional y patriótica: murcianidad, españolidad y europeidad. Y si eres de Cartagena, ya es la leche. Y si has nacido en el barrio de Santa Lucía en la ciudad departamental, la repanocha.

Así que estoy francamente feliz y contento del lugar en que me han echado al mundo. Y del momento histórico. Porque si hubiera nacido en las época de cartagineses y romanos, menuda bronca. Y no te digo en los tiempos de decadencia que siguió a la capitalidad occidental de Bizancio, que fue desoladora. Y seguro que si hubiera nacido en las guerras cantonales, algún brazo se habría llevado por delante la conflagración, preferentemente cuando el comodoro Werner bombardeó la ciudad sin ton ni son, lo que costó la declaración de guerra a Alemania recientemente caducada, para suerte de los alemanes por supuesto.

Yo me apunto entusiasmadamente a la tesis de Steven Pinker: vivimos en el mejor de los momentos de la historia, en el que hay menos guerras y la calidad de vida es mucho mejor que en anteriores etapas de la historia. El que no crea eso es que se deja confundir por los telediarios. No saben que en la Facultad de Periodismo se enseña que la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda al perro. Los periodistas son una legión a la búsqueda de historias raras, y preferentemente morbosas, que es lo que atrae los ojos de los lectores y espectadores, y es lo que hace subir las audiencias, aumenta la venta de los periódicos e incrementa las visitas a las web de noticias.

También considero una inmensa suerte haber podido vivir la Transición política a la democracia, una experiencia emocionante que nunca olvidaré. Y me dan pena aquellos que desprecian el esfuerzo de autoinmolación y olvido que posibilitó la reconciliación de los protagonistas e hijos de la generación que luchó en la guerra civil, en uno y otro bando. Pero la vida sigue, y el pasado se reinterpreta. Por el momento no parece que vaya a repetirse la historia, y con eso debemos conformarnos.

Tampoco tenía yo tan claro que íbamos a vivir la derrota de la ETA, que durante la mayor parte de las vidas de la gente de mi generación pareció formar parte indisoluble del acontecer diario. En esos años fuimos de susto en susto y de masacre en masacre. Muy duro, y de lo peor que me ha tocado vivir.

Por lo demás, mi vida me parece una película de ciencia ficción, en las que las cosas anunciadas como fantasías futuristas en las series como Star Trek o Los Supersónicos se han ido haciendo realidad año a año a falta, eso sí, del coche volador. Incluso tenemos como pan cotidiano cosas que los guionistas ni siquiera atisbaron, como internet o google. Por no hablar de los avances de la medicina, que han sido espectaculares, o el alunizaje del que acabamos de celebrar el cincuenta aniversario.

Por lo demás, no me ha ido mal en la vida en el póker de mi vida. Una vida de la que a partir de ahora prometo ahorraré los detalles a los fieles seguidores y los ocasionales lectores de mi columna en el diario que tan generosamente acoge mis reflexiones semanales. A partir de la semana próxima, dios mediante, volveremos a intentar esclarecer la actualidad y a iluminar la conciencias en Un Mundo Feliz.

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