29 de agosto de 2019
29.08.2019
La Opinión de Murcia
El agostorro

Suave es la noche

Crónica social de la proyección del montaje de Ángel Haro para Carmina Burana y del improvisado concierto de Zielinski y Páez en casa de los Virgili

29.08.2019 | 04:00
Una de las imágenes de Ángel Haro para Carmina Burana.

Ya no se construyen casas como la de los Virgili en La Ribera. Para distinguirla de esos pretenciosos chaletes de ahora convendría más llamarla caserón. Es de las de antes de antes, de a las que casi nunca se accede por la puerta principal, sino por la cocina, donde siempre hay algo para picar al paso, y con habitaciones para albergar un regimiento, que es en realidad lo que constituye una familia numerosa como esta. Ni un solo mueble de diseño, ni un solo cuadro contemporáneo. Está repleta de elementos perdurables tanto como funcionales que muestran el respeto al origen y a lo que va modelando el tiempo.

En la extensa parcela exterior nadie pisará césped comprado al metro, sino hermosa y mullida hierba natural del campo perfectamente recortada, y tampoco podrá capuzarse en piscina clorificada alguna sino en discreta balsa de piedra, aljibe, pilón, alberca o lo que sea, con agua fresca renovable. Un pequeño bosque de árboles que sobrevivirán a varias generaciones contribuye a orear el ambiente. Y reinando en este doméstico edén, el patriarca, Adolfo, un hombre que lo ha visto todo y lo tolera todo, sabio de las cosas del campo y de los animales que lo habitan.

Por estas fechas terminales del mes, el agostorro agostorrea y los amigos ya vamos teniendo ganas de vernos. Elena y Emilio nos invitan con el pretexto de una proyección del trabajo que Ángel Haro realizara para la Carmina Burana de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, que se escenificó en el Auditorio Regional el pasado mes de junio.

Un encargo de escenografía que el artista diseñó como una ilustración visual de la interpretación de los contenidos de la cantata al ritmo de la música y los cantos. El salón mayor de la casa quedó convertido en un minicine, y pudimos apreciar con más detalle que en el gran escenario la reproducción de los 2000 dibujos realizados para la ópera. Ahorro calificativos para este derroche de creatividad que pone la emoción a flor de piel.

Elena y Emilio tienen la cualidad de ganar amigos en todas partes, así que habíamos invadido la casa un heterogéneo grupo de personas, muchas de las cuales nos hemos conocido a través de sus convocatorias. Nos trasladamos a la terraza, que es como otro salón de la casa, y cenamos a modo cóctel de lo mejor de lo mejor, dispuesto todo sobre una mesa giratoria al estilo japonés. Saludo a dos de los hermanos Pasqual del Riquelme, Miguel y Alfonso. Comentan que a un tercero de la amplia saga, Antonio, lo acaban de nombrar jefe de gabinete del nuevo consejero de Empleo y Universidades: «Se ha metido en política; allá él», bromean.

Miguel, presidente del TSJ, me cuenta que en los primeros momentos del accidente del avión militar en La Manga tuvieron dudas sobre a qué demarcación correspondía atribuir la obligación de los trámites judiciales, si a San Javier o a Cartagena, ya que el avión cayó sobre el mar en la línea limítrofe entre ambos municipios. Finalmente, y por muy poco, quedó del lado de San Javier. Entre los invitados hay algunos que conocían personalmente a Francisco Marín, el comandante piloto fallecido, y muestran su pesar y glosan su personalidad y sus méritos.

La comisaria de arte Julieta de Haro me adelanta que está organizando una exposición colectiva de cinco artistas murcianos de la primera línea para octubre en el MUBAM, e Isabel del Moral trabaja estos días en un proyecto fotográfico. A ambas las acompaña la escultora Mar Solís, premio Ojo Crítico y alumna preferida de Martín Chirino, que durante estas fechas trabaja en Murcia. Ángel Haro tiene a mano otro encargo de escenografía, esta vez para el director Paco Maciá, que prepara para el público infantil El traje nuevo del emperador, y no acabará el año sin que podamos ver en el Centro Párraga una exposición de maquetas y bocetos de su ya amplia faceta como escenógrafo. En el grupo de los artistas también pude saludar a Andrés Fernández, que trabaja con varios fotógrafos norteamericanos.

Los invitados andamos entre un revuelo de nietas de la pareja anfitriona: Martina, Carmen y Adriana, un divino plantel de niñas preciosas y educadamente receptivas a las constantes cucamonas de los presentes. Entre las Virgili (Elena, Sisi, Sofía, Carlota) se distinguía también a Carmen Ramos, María Mejías, Lara Pardo, Mercedes Viudes, José Ignacio Parra... Y a Felipe Romero, de Intervención de la Comunidad, que ignora sus achaques combatiéndolos con la asistencia a fiestas.

Para acabar el encuentro no hubo sorpresas, porque el elenco musical estaba presente, y todos sabíamos que ocurriría así. El improvisado dúo entre el músico Juan Pablo Muñoz Zielinski y el cantaor Julián Pérez Páez se compuso en un instante y creó momentos mágicos y de gran belleza. Otra emocionante cantata, esta vez en vivo. A la mañana siguiente me contaron que algún vecino llamó a la poli para que pusiera el adecuado broche. Lamenté no estar allí para entonces y poder revivir mis mejores tiempos de juventud.

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