19 de agosto de 2019
19.08.2019
La Opinión de Murcia
Espacio abierto

Genocidio disimulado

18.08.2019 | 19:27
Genocidio disimulado

Matteo Salvini, esa acémila facciosa con cargo de Ministro del Interior de Italia, un país, al que, como a otros muchos países europeos, se le debería remover la conciencia cada vez que un inmigrante se lanza al Mediterráneo rumbo a Europa, decía con aire mayestático y macabra frivolidad, que, a los náufragos inmigrantes embarcados en el Open Arms deberían desembarcarlos en Ibiza o Formentera. Si no fuera por el sarcasmo y la hilaridad con que se expresó Salvini diría que no es una mala idea. Igual que tampoco lo sería que a Salvini, y a otros como él, los enviaran desterrados a Somalia o a Eritrea, dos países africanos colonizados a sangre y fuego por Italia durante décadas, aunque bien pensado, quizás Libia, también ex colonia italiana, fuera su mejor destino en estos momentos. Así, comprobaría personalmente qué ha significado para estos países haber estado sometidos, algunos de ellos durante siglos, a la tiranía política, a la explotación humana y a la expoliación de sus recursos naturales por parte de italianos como él. A diferencia de los inmigrantes embarcados en el Open Arms o en el Ocean Viking, este Salvajini, seguro que tendría la fortuna de ser acogido amistosa y fraternalmente por familiares de los que él condena a una suerte incierta al negarles el derecho a pisar Italia, y con ello posiblemente el derecho a la vida.

A la hora de explicar la masiva inmigración africana hacia Europa convendría echar un vistazo a un acontecimiento histórico trascendental; concretamente a la Conferencia de Berlín, (febrero de 1885), convocada por el Canciller Otto Von Bismarck, a instancias de Francia y del Reino Unido. En el cónclave se acordó el reparto de África entre distintas potencias europeas. España, Italia, Francia Alemania, Portugal, Reino Unido, Bélgica, Dinamarca y algún otro, se repartieron amistosamente un continente de algo más de 30 millones de kilómetros cuadrados habitados por 100 millones de personas, (hoy 1.300 millones, aproximadamente). África, un enclave geoestratégico global, tenía mucha riqueza que aportar a las potencias colonizadoras. Veamos; un suelo plagado de ricos recursos naturales, y una privilegiada posición estratégica tanto para la apertura de nuevas rutas comerciales, como para la instalación de bases y asentamientos militares. Lamentablemente, las intenciones de los conferenciantes, nunca fueron, las de hacer negocios lícitos y destinar parte de sus beneficios a la construcción de nuevos estados soberanos y sociedades libres y democráticas con capacidades suficientes para administrar sus recursos de forma autónoma y solidaria. Esa digna y justa pretensión era incompatible con las infectas pretensiones de reyezuelos y jefes de estado europeos, la mayoría con espurios intereses económicos en empresas que habían fiado su futuro y su viabilidad económica al expolio del continente y a la explotación infrahumana de sus habitantes. Así que, paradójica, pero trágicamente, a la par que África producía riqueza para los colonizadores europeos, creaba pobreza y miserias para los legítimos dueños de esas riquezas que han perdido la fe en los hombres y que siguen esperando que Dios aparezca en sus vidas y termine con sus desventuras.

A mediados del siglo pasado, comenzó un proceso de descolonización prácticamente en toda África. El nuevo orden creó un mapa con 54 países soberanos en el continente. El poder cambió de manos y teóricamente serían los propios africanos los que administrarían sus recursos y su futuro, aunque la cruel realidad demostró que poco o nada había cambiado: en la mayoría de los casos, las potencias colonialistas entregaron los gobiernos de los nuevos países a crueles y corruptos dictadores locales a su servicio. De pronto, emergieron unas minoritarias de poder económico y militar, la mayoría de las veces clanes familiares, que a sangre y fuego sometieron a sus pueblos y concedieron la explotación de los recursos nacionales a empresas multinacionales y gobiernos extranjeros que les llenaban los bolsillos. Y a partir de ahí? lo más cruel y doloroso que puede sucederle a un ser humano: trabajar en condiciones de esclavitud para ver a su familia morir de hambre porque los beneficios de su sacrificio van al bolsillo de un gobernante corrupto o a la cuenta de resultados de una multinacional.

La permanente crisis migratoria, en buena parte, es consecuencia de las políticas colonialistas de las potencias europeas; las mismas que ahora dan la espalda a sus responsabilidades históricas. El episodio del Open Arms, se solucionará, y el del Ocean Viking también, no tengo dudas, como se solucionó la del Acuarius y otras situaciones similares. Pero, qué va a ocurrir con los millones de africanos, sobre todo subsaharianos, que tienen la guerra y el hambre esperándolos en las puertas de sus chozas. ¿Qué camino debe tomar una persona a la que se le niega y expolia todo y solo le queda la libertad de pensar? ¿Se van a quedar a consumir sus opciones de vida en una tierra desagradecida con sus hijos, o van a emprender un viaje que muchos no acabarán?

Las posibilidades de que la Unión Europea como ente, asuma de una vez por todas sus responsabilidades y afronte la situación como un problema propio parecen lejanas, aunque más ciertas con el nombramiento de Josep Borrell como nuevo Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la UE. Seguramente, su labor se verá dificultada si el creciente supremacismo europeo se fortalece en las instituciones y gobiernos y pretende convertir a la UE en tierra inaccesible para sus antiguos colonizados. Creo, que nuestro país puede y debe hacer algo más, pero debemos reconocer que España, con cualquiera de sus gobiernos, y sin la ayuda del resto de Europa, es el país que más esfuerzos hace y más vidas de inmigrantes salva cada día en el Mediterráneo.

La imagen del cuerpo inerte del pequeño Aylan Kurdi, batido por las olas en una playa de Bodrum, (Turquía) se ha reproducido 640 veces aproximadamente desde 2014 hasta hoy. Ese es el número de niños inmigrantes que se ha tragado el Mediterráneo. El de adultos, varios miles cada año a los que hay que sumar los que se rinden a las inhóspitas arenas de los traicioneros desiertos que hay que atravesar para intentar llegar a la costa, y si lo consiguen, poner su destino y sus ahorros de toda la vida en manos de mafias que circulan por los muelles con la misma libertad que la propia policía.

Como Aylan, los otros 640 niños inmigrantes fallecidos tenían nombre. Que personas de raza negra o magrebí, que solo buscan pan y paz, mueran a miles sin que nadie haga lo suficiente por evitarlo, también tiene nombre: genocidio disimulado.

Para el final me dejo unas palabras de desprecio para los ignominiosos supremacistas, los racistas y los clasistas que se escandalizan y protestan al ver imágenes de una patera, o de un barco de Salvamento Marítimo, llegar a puerto cargado de inmigrantes con miradas perdidas, ateridos y atemorizados, pero vivos, y que, por el contrario, muestran su miserable indiferencia al ver imágenes de otras pateras volcadas o hundidas en el mar rodeadas de cuerpos de inmigrantes ahogados.

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