13 de agosto de 2019
13.08.2019
Al cabo de la playa

Historias de Pedrín

13.08.2019 | 04:00
Historias de Pedrín

Todos necesitamos héroes. Todos los hemos tenido en algún momento de nuestra vida. Un superhombre de tebeo, un personaje de cuento o de canción de la infancia, una heroína desenvuelta en un mundo de hombres, un hermano mayor, un padre o una madre, ese tío que veíamos una vez año o ese primo al que le dejaban hacer todo lo que quería, como llegar más tarde que tú o fumar esos primeros cigarrillos de la adolescencia. Héroes de aventuras en la Roma imperial o en el Antiguo Egipto, de piratas y corsarios en los Mares del Sur, pistoleros del Far West o santos de otras épocas como el de Asís o el de la leprosería de Molokai.

Hace más de una década, en uno de los tórridos veranos de comienzos de la paternidad, me permití crear uno de los héroes que han acompañado la infancia de mis hijos y sobrinos: Pedrín, el detective que no usaba peluquín. Durante varias temporadas era el personaje sobre el que giraban historias de misterio e intriga en Puerto de Mazarrón, en torno al Hotel Bahía, la playa de la Reya, El Caldero y los paseos entre los barcos del Club de Regatas. Nuestro Pedrín tenía que resolver entuertos y desapariciones de veraneantes que disfrutaban de días de asueto en la zona. Y lo hacía con ingenio, con una mezcla de perspicacia y chispa, desmantelando las tramas organizadas por malignos delincuentes de cuello blanco. Relatos orales que surgían casi sin proponérmelo mientras disfrutábamos, al anochecer, flotando en las cálidas aguas de la playa familiar.

Pedrín queda en el recuerdo con un estilo similar al Salvo Montalbano en las historias sicilianas de Andrea Camilleri, su creador. No llega al perfil urbano de Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, pero si dejamos que el Kostas Jaritos de Petras Márkeris llegue a cuidar de sus nietos, seguro que estaría presto a resolver entuertos como nuestro ídolo murciano. No digamos nada sobre el Mario Conde de Leonardo Padura, porque Pedrín tiene mucho que ver también con el Leo Caldas de Domingo Villar. No en balde, con sus peculiaridades, son todos héroes latinos de la investigación criminal.

De todas formas, si lo hubiéramos visto crecer estos años quizá habría podido desarrollar el porte aristocrático y culto del Adam Dalgliesh de P.D. James, aunque dudo que fuera solitario y huraño como el Kurt Wallander del sueco Henning Mankell, o como Cato Isaksen de la noruega Unni Lindell, que tiene que ser humanizado por la agente Marian Dahle. Porque como se habrán dado cuenta, parece que todas nuestras figuras heroicas en el mundo de la investigación criminal tienen que ser varones. No, no. No olvidemos a la inspectora Amaia Salazar de Dolores Redondo o a la barcelonesa Petra Delicado de Alicia Giménez Bartlett, o a la comisaria María Ruiz de Berna Gonzalez Harbour. También pueden ser escritoras, como la Erica Falck de Camilla Läckberg, o periodista de sucesos como Ana Martí, creada al alimón por Rosa Ribas y Sabine Hofmann.

Dudo que alguien no desee vivir, o protagonizar, historias enigmáticas de misterio con todo lo que está cayendo por nuestro mundo. Desde la ingenuidad y la sorpresa que suscita cualquier personaje convertido en héroe en nuestra infancia, a la madurez que despiertan las tramas, las confabulaciones y complots del mundo de los adultos. Las historias de los múltiples Pedrines siempre estarán ahí, en el recuerdo de unos veranos propensos a la imaginación.

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