13 de agosto de 2019
13.08.2019
Sol y sombra

La gran tormenta

No deja de ser un sarcasmo que el podemismo de Iglesias busque arrimarse para poder sobrevivir al lado del que los quiere destruir

13.08.2019 | 04:00
La gran tormenta

La gran tormenta del verano llegará esta vez en otoño si el futuro más inmediato no se aleja de las previsiones. Los independentistas ensayan ya la movilización de la Diada en respuesta a la sentencia del procés mientras la vida del país transcurre en la playa. Amenaza la tensión territorial y la borrasca económica. No es el apocalipsis pero hay razones de sobra para preocuparse. El apocalipsis, la verdad, ha dado hasta ahora para hacer juegos de palabras con él y para que lo podamos seguir citando, pero en el fondo no deja de ser ficción.

Si los políticos no agitasen la propaganda para hacernos creer lo que en realidad no es la política, todos estaríamos mucho más confiados en las posibilidades que ofrece esta para resolver los problemas colectivos. Pero no sucede así, el principal objetivo del relato que la seduce es estigmatizar al adversario de manera que el elector sucumba al canto de las sirenas. Sánchez, en el fondo, no quiere asociarse con Podemos, busca arrinconarlo hasta que desaparezca y el PSOE pueda hacerse con los votos de la izquierda populista. En el fondo no deja de ser un sarcasmo que el podemismo de Iglesias busque arrimarse para poder sobrevivir al lado del que los quiere destruir. Todos, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, buscan desgastarse unos a otros. España es solo una excusa.

El problema está en lo que viene. Nadie sabe si como solución es mejor un gobierno de chichinabo que volver a intentarlo en las urnas con la posibilidad de que todo siga igual. Los que se decantan por lo primero suponen que salga lo que salga de este invento será mejor que volver a empezar, por razones de funcionalidad institucional y porque creen que un país no puede seguir sometido de esta manera a la provisionalidad. Al final de todo, el ojo mira hondamente el horizonte que la verticalidad ignora.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook