12 de agosto de 2019
12.08.2019
El Agostorro

El vecino del quinto

12.08.2019 | 04:00
El vecino del quinto

Usted vive en Murcia en un quinto piso. ¿Cuántas veces pulsa al día el número cinco en el panel de su ascensor? Todas en las que se le hace necesario subir, claro. Así, día tras día durante once meses del año, y año tras año. Y lo hace de manera mecánica, sin permitirse apartar su pensamiento sea cual sea la cosa que le entretenga, grave o simplona, en el momento de acceder al aparato elevador. La mano va sola al número cinco, y usted ni siquiera toma conciencia de haber hecho ese gesto, programado en algún lugar que el cerebro tiene para estas cosas.

He dicho que esto sucede durante once meses al año. Cuando llega el agostorro, usted abandona la ciudad durante 31 días para instalarse en otro edificio, situado en alguna localidad a la que bañe el mar. Toma usted un piso alquilado que está en la planta número siete. Y, como es obvio, para acceder a él debe pulsar en cada ocasión que lo pretenda el botoncito número€ ¿Qué número? Exacto: el siete.

Pero€ Su mano no está entrenada para hacer ese ejercicio si no presta un poco de atención. La mano sigue yendo maquinalmente al cinco. Es así de obstinada. Lo hace, y usted, mientras tanto, pensando en sus cosas. De este modo, el ascensor abrirá sus puertas en el pasillo número cinco, que como pasillo es idéntico en todos los detalles al del séptimo.

Y se dirige usted, llave en mano, a la puerta situada en el lugar equivalente a donde está la suya dos plantas más arriba. Hurga con su llave en cerradura ajena, y se sorprende de que no encaje, pero insiste con tanta constancia que, de pronto, a la vez que le asalta un escalofrío, se abre la puerta desde dentro y se encuentra ante un señor en calzoncillos con cara de pocos amigos: «¿Qué hace usted queriendo entrar en mi casa?». Superado el mutuo soponcio, las cosas se pueden explicar y hasta sonará alguna carcajada nerviosa.

El hecho no pasa de ser una simpática anécdota para contar en el chiringuito. Pero alcanza otra categoría cuando se repite otro día en horas de madrugada. «¿Otra vez usted aquí?». «Dios mío, perdone, he vuelto a pulsar el cinco». «Pues fíjese, hombre, fíjese». La cosa pierde por completo la gracia, si es que hasta ahora la tuviera, cuando sucede una tercera vez, el día después. En esta ocasión se encara usted con una chiquilla, que se gira hacia dentro para avisar: «Papá, ya está aquí otra vez el caco».

(Escrito desde el cuartelillo).

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Más información