11 de agosto de 2019
11.08.2019
Achopijo

Las largas

11.08.2019 | 04:00
Las largas

Era como un reflejo. Un reflejo de buen rollo que duraba varios minutos. Había algo innato en esa circunstancia. No mirabas cualquier matrícula del coche que te cruzabas en una vía secundaria del Pirineo, o de Galicia, de León o de Badajoz. Mirabas sólo la de Murcia, aquel MU que ya desaparece de las carreteras españolas, atraía la mirada y entonces ocurría.

Un doble destello de largas, contraseña universal, para saludar al paisano; y la algarabía en el coche. No éramos los únicos murcianos en el mundo. Un acto altruista de decoro, sencillo, maravilloso. Recuerdo aquellos destellos como uno de esos momentos de la infancia que más me gustaban. No había una regla, pero estaba claro que en Alicante o Almería no se hacía. Ni en Madrid. No sé el radio de kilómetros necesario, pero no recuerdo habernos cruzado con algún MU sin que se produjera el saludo.

¿Lo harían en otras comunidades? Me acuerdo de pensar que los de Madrid no lo harían porque estaban por todas partes, con sus matrículas acercándose peligrosamente a la triple letra. Eso que se perdían. Cosicas buenas que tiene ser de provincias, supongo. Ahora ya no se puede hacer.

El cambio en las matrículas nos privó, además de saber cuántos coches se venden por provincia sólo con ver por dónde va cada matriculación, de aquellos saludos con las largas en carreteras pirenaicas. Ahora lo más parecido es ver a mis hijos saludar en el mar. En el agua hay un decoro similar a aquel de las luces con los paisanos, quizás menos emocionante, pero igualmente agradable. «Saludar por la mañana a mis clientes es lo mejor del pan que hacemos», me dijo una vez un panadero, a las siete de la mañana, cuando le dije buenos días, caballero, volviendo a casa tras una noche larga.

En el mar todo el mundo devuelve el saludo con una sonrisa. Por un segundo, da igual el cabreo del día, del mes o del año, lo que te estén diciendo, o lo que estés pensando. Si los del barco que cruza saludan, se devuelve el saludo, así, sin más. Igual que en el monte cuando te encuentras a alguien andando, o en los pueblos, cuando no hay nadie más en la calle.

Ése saludar sanísimo es maravilla. Siempre. Casi nadie hay tan amargado como para despreciar un saludo, aunque los hay, por supuesto, dos minutos en Twitter y encuentran al de turno. Nunca nos pasó que diéramos las largas a un paisano y no respondiera. Claro que entonces no había la interconexión actual, a golpe de click de cualquier paisano. Aquel gesto, las largas, dos intervalos cortos, el mismo que se usaba para avisar de que estaba cerca la Guardia Civil, perdido en los ochenta. Vale.

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