11 de agosto de 2019
11.08.2019
Polvo en los zapatos

El diario de Manuel Moyano

El rastro de la Biblia por Matera. "Me gustaría volver a ver La Pasión de Cristo para identificar en ella algunos rincones de Matera, pero no lo haré: es una película gratuitamente sádica"

11.08.2019 | 04:00
El diario de Manuel Moyano

8 de JULIO

Italia al óleo. Aliano se eleva sobre un paisaje descarnado y blanquecino. Estamos en la región de Basilicata, antes Lucania, al norte de Calabria. En este pueblo remoto e inhóspito fue confinado –por el régimen de Mussolini– el pintor, médico y escritor Carlo Levi, también turinés, judío y miembro del movimiento antifascista Justicia y Libertad. Su estancia entre 1935 y 1936 fructificó en un buen puñado de óleos pero, sobre todo, en uno de esos libros singulares y con especial encanto que el Dios de la Literatura nos regala de vez en cuando: Cristo se detuvo en Éboli. Para quien no lo haya leído, puede recordar al que Gerald Brenan escribió sobre su estancia en Las Alpujarras, al sur de Granada.
Aliano, llamado Gagliano en esas páginas, no parece haber crecido ni evolucionado apenas desde la época de Levi; eso hace particularmente estimulante la visita, hasta el punto de que uno puede olvidarse del estruendo de los insectos bajo esta persistente ola de calor africano. La casa donde vivió se asoma a un profundo barranco de badlands llamado Fossa del Bersagliere. «No había otra cosa por doquier que precipicios de arcilla blanca –anota Levi–, sobre los cuales las casas estaban como suspendidas en el aire». Llegó aquí una tarde de agosto, desde su anterior confinamiento en Grassano, custodiado por dos policías y con las manos atadas.

La municipalidad ha reproducido en distintas fachadas de Aliano pasajes del libro. Lo que para mí era hasta ahora ficción se convierte, de repente, en algo palpable. Rememoro la belleza plástica de sus descripciones, la ironía y el humanismo con que retrataba a aquellos personajes: el joven alcalde fascista Luigi Magalone, la viuda doña Caterina, el doctor Gibilisco, la bruja Giulia Venese, el arcipreste don Trajella€ Todo el pueblo parecía instalado entonces en un atraso secular: el paludismo, la miseria, los enjambres de moscas, las mujeres transportando agua en cántaros sobre su cabeza, la absurda guerra promovida por Mussolini en África, la masiva emigración a América.

La biblioteca municipal muestra en sus vitrinas numerosas traducciones de Cristo se detuvo en Éboli, que también fue adaptado al cine. Llevo un ejemplar en la mano y consigo que, a la entrada del ayuntamiento, me lo selle con el timbro del Comune de Aliano una agente de policía vestida de uniforme. Luego, me dirijo al cementerio. Aunque moriría en Roma en 1975, el norteño Levi se hizo enterrar aquí, entre cipreses, olivos y chicharras, bajo una lápida donde no figuran la estrella de David ni la cruz de Cristo, sino sólo su nombre y las fechas que resumen su existencia. Los visitantes han amontonado guijarros, gálbulos de ciprés y numerosos bolígrafos. Dejo el mío como homenaje.

9 de JULIO

La camorra. La principal ciudad de la Basilicata es Matera. La parte moderna, fea e informe, no permite sospechar cómo es su casco antiguo: un conjunto de edificios de piedra, antiquísimas casas-cueva (sassi) e iglesias rupestres, todas ellas dispuestas en las paredes de un embudo que concluye abruptamente en el cañón del arroyo Gravina. Hasta los años 50, la mayoría de las casas-cueva estaban habitadas por nutridas familias que vivían hacinadas en ellas. Fue el éxito del libro de Carlo Levi lo que llevó al gobierno a dirigir su mirada hacia esta región –calificada en ese momento como «la vergüenza de Italia»– y a desalojar las sassi para ocupar la ciudad nueva.

La parte vieja –de color entre gris y blanquecino– quedó casi deshabitada durante décadas, pero también atrajo la atención de numerosos directores de cine. Con un aire de ciudad bíblica (en particular, Jerusalén), aquí rodó Pasolini El Evangelio según San Mateo y Bruce Beresford Rey David. Pero la película que cambió el destino de Matera fue La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, filmada en 2004. Si Levi había provocado involuntariamente el abandono de la Matera antigua, Gibson –también involuntariamente– la convirtió en uno de los principales destinos turísticos del sur de Italia. Las casas antes abandonadas fueron reconvertidas en tiendas, hoteles y restaurantes.

Restaurantes como esta trattoria Lucana donde cenamos ahora, en la frontera entre las ciudades vieja y nueva. El director australiano la frecuentó durante el rodaje y hay imágenes suyas por las paredes haciendo el ganso junto al propietario, un tipo sonriente y avispado con quien le saco unas fotografías a Teresa. La carta incluye unos «fettuccine alla Mel Gibson». Condecorada por la guía Michelín, su cocinero abusa no obstante de la salsa de tomate, que enmascara los demás sabores. Me gustaría volver a ver La Pasión de Cristo para identificar en ella algunos rincones de Matera, pero no lo haré: es una película gratuitamente sádica. No creo que los soldados romanos se ensañaran de tal modo con aquel disidente judío; no era tan relevante.

10 de JULIO

Costumbres. Nos hemos desplazado al centro de Italia. Más de cuatrocientos kilómetros median entre Matera y L'Aquila, situada en la verde y montañosa región de los Abruzos. Pese a sus iglesias, sus palacios renacentistas y su castillo español –ordenado edificar por el emperador Carlos I– son escasos los turistas que visitan esta ciudad. Su fama reciente se debe al terremoto que la tuvo como epicentro en 2009 y que causó más de trescientos muertos. Nadie ha olvidado las imágenes devastadoras que ocuparon por entonces los noticiarios. Diez años después, sobre el perfil de L'Aqua se yerguen todavía medio centenar de grúas.

En la Piazza del Duomo, dentro de la iglesia de Santa Maria del Suffragio, el visitante puede encender velas en homenaje a los 308 fallecidos, cuyos nombres y apellidos perviven en el mármol. Hay también un álbum donde aparecen retratados todos ellos: mujeres, hombres, niños, ancianos. No es lo mismo una cifra aséptica que ver sus caras una a una; de este modo sí llega a apreciarse la verdadera magnitud de la tragedia. Le digo a Teresa que en estos días, tras la desaparición de Jesús Montoia, siento cierta indiferencia por la vida y por la muerte, como si se hubiese desdibujado la línea divisora entre ambas. Séneca escribió: «Hay una sola entrada para la vida y muchas salidas».

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