07 de agosto de 2019
07.08.2019
El Agostorro

Sin Fin

Parece una ironía que un libro que se titula Fin tenga mil páginas

07.08.2019 | 04:00
Sin Fin

Parece una ironía que un libro que se titula Fin tenga mil páginas. Sobre todo si además se trata de la última entrega de una historia que discurre por otros cinco libros anteriores. Una historia, he dicho. ¿Qué historia? Se trata del relato minucioso de la vida cotidiana del autor a lo largo de varios años. ¿He dicho minucioso? Tanto, que el lector puede apreciar cómo crece la hierba.

¿Y qué cosas le pasan a Karl Ove, el autor, decidido a talar un bosque para contarnos su vida? Nada. A este hombre no le pasa absolutamente nada. Basta decir que es noruego, y es difícil que a un noruego le ocurra algo digno de contar. Karl Ove debe creer que su vida es la bomba, pero en realidad se pasa los días improvisando comidas, llevando a los niños a la guardería y hablando por teléfono con sus poquísimos amigos. Cualquiera de los viajes a la guardería, por ejemplo, puede ocupar veinte páginas. Veinte páginas a la ida y veinte páginas a la vuelta.

Vale. Tuvo una relación complicada con su padre y después con su tío precisamente por contar la vida de su padre. Y conforme va avanzando en las entregas de su relato le surgen más relaciones complicadas por meter en su novela a la gente con que se va relacionando, que suele reaccionar con disgusto ante sus retratos. Esas reacciones le van dando hilo para ir tirando. En medio de todo esto nos va colocando de manera poco disimulada fragmentos de un ensayo sobre su visión de la vida, al modo como Henry Miller insertaba largas disquisiciones filosóficas entre escenas de sexo, que naturalmente nos saltábamos (las disquisiciones, quiero decir).

Hay momentos de este relato en que me dan ganas de llamar a Karl Ove para invitarlo unos días a Ibiza y que sepa lo que es la marcha. Este hombre no puede morir así, en el tedio nórdico, sin que conozca un mundo donde no todo es conciliación en la vida hogareña y en el que Teodoro García expresa ideas brillantes para la investidura del Gobierno. La vida más allá de Oslo en tan solo un mes daría a Karl Ove para otras seis novelas. Éstas, con más frenesí.

Podría parecer que caricaturizo a este autor. Nada más lejos. Voy por la página 170 de su última entrega, ya ha desnudado, bañado, vestido, acostado y levantado a sus hijos media docena de veces, y me da pánico acabar. No quisiera que Fin tuviera final.

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