01 de agosto de 2019
01.08.2019
Las cuentas claras

Boris Johnson, un peligro latente para la economía

31.07.2019 | 20:31

Aunque el bloqueo político suponga el centro de todas las miradas en este momento, la situación en Europa, ya no tanto en el escenario económico, que también, sino en el escenario geopolítico vuelve a mostrar el daño que pueden hacer los populismos en el país. Y es que, en Reino Unido, el Brexit vuelve a coger oxígeno tras la entrada de Boris Johnson, ex alcalde de Londres, al poder.

Para ponernos en contexto, desde hace ya unos años, con la llegada de personajes como Donald Trump o Mateo Salvini al poder, los nacionalismos excluyentes siguen ganando peso en Europa. Ante el malestar que vive la población europea en materia económica y la falta de inclusismo comunitario, este tipo de discursos, de carácter excluyente e individualista, como hemos dicho, van ganando peso, y cada vez más, en la sociedad.

Esto no es nada nuevo. Desde los tiempos del mismísimo Adolf Hitler, el cual aprovechó una situación como la gran crisis mundial de 1929 para postularse a liderar Alemania con un discurso similar, los nacionalismos y discursos proteccionistas tuvieron un gran calado en la sociedad, que puso a un líder al mando del país que, posteriormente, acabó liderando la peor situación que podía vivir el planeta en materia de diplomacia, la Segunda Guerra Mundial.

No es que el pueblo sea ignorante, pero ante una situación en la que los Gobiernos no hacen una buena gestión política y la economía aprieta a la baja, las ganas de cambio llevan al pueblo a optar por cambios que a priori parecen acertados, pero que esconden unas políticas completamente erróneas y fatídicas para el país y la sociedad que lo integra. Reino Unido vuelve a ser ejemplo de ello, pues el Brexit ha vuelto y, esta vez, con más fuerza que nunca.

La desastrosa gestión de Theresa May en las negociaciones con Bruselas fueron muy criticadas. Reino Unido no encontraba salida alguna, dando tumbos en la Cámara de los comunes, mientras la líder conservadora (ahora sustituida por Johnson) seguía sin encontrar una solución plausible para extraer Reino Unido de la malvada Unión Europea, que tanto castigaba al país británico.

No obstante, durante todo ese proceso, la economía británica, ante la extrema incertidumbre que vivía el país, experimentaba los efectos de una penosa gestión, claramente negativos. Según la compañía bancaria Goldman Sachs, el Brexit ya le ha costado a Reino Unido un 2,5% del PIB. Un 2,5% que se deja la economía británica dadas las repercusiones que ha tenido el proceso de salida en la economía nacional.

Pero no todo queda ahí, pues lo realmente importante no es lo que se ha dejado, sino lo que pretende dejarse tras las declaraciones realizadas por el actual primer ministro, que pretende sacar a Reino Unido del tratado comunitario a costa de lo que sea. Con acuerdo o sin acuerdo, pero Reino Unido debe salir de la Unión Europea y cualquier precio a pagar por ello es aceptable para Johnson. Un suicidio innecesario para Reino Unido y, más importante aún, para sus ciudadanos.

Para la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), un Brexit sin acuerdo podría acarrear fuertes decrementos en el PIB de Reino Unido. Concretamente, según las previsiones del organismo, los británicos, liderados por Johnson y aplicando su plan de salida, podrían dejarse hasta un 2,1% en el PIB, lo que igualaría los efectos con los registrados durante la recesión, a principios de 1990. Pero no solo el PIB se vería afectado, pues la oficina recoge también una fuerte caída de hasta el 10% en la libra tras el Brexit, así como una severa contracción en las inversiones y las exportaciones.

Tampoco ven con optimismo el Brexit desestructurado los miembros del sector industrial en el país, que aseguran que Reino Unido, y su economía no están preparados para afrontar una salida a cualquier precio. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas y Socialias (Niesr), la economía británica posee un 25% de probabilidad de que se esté contrayendo. Unas previsiones que empeoran cuando se trata de una salida sin acuerdo. Para el organismo, las previsiones son pesimistas y calculan un estancamiento en los crecimientos en el caso de que Reino Unido salga de la UE, de la forma que sea. Además, los efectos de la salida en el largo plazo se vuelven aún más pesimistas, calculando las pérdidas, al igual que lo hacía la OBR, en un 5% del PIB, a diferencia de un Brexit estructurado.

La caída en las exportaciones, en la inversión, en la formación brutal de capital y la libra esterlina, muestra parte de las repercusiones que está causando este insensato deseo de sacar a Reino Unido de la Unión Europea a costa de lo que sea. Esta semana pudimos ver la continuidad en las caídas que sufría la libra. La moneda británica se ha dejado ya más de un 4%, un 2,4% desde la entrada de Johnson hace apenas una semana, y se acerca cada vez más a la paridad con el euro. Pero esto no es nuevo, pues si observamos el histórico de cotizaciones, la libra lleva encadenando caídas desde el referéndum que dio la victoria a los partidarios del Brexit.

Según S&P, la agencia de rating, Reino Unido ha perdido, por la depreciación monetaria, alrededor de 66.000 millones de libras, lo que ha provocado que se dispare la inflación y prevea hacerlo aún más en el largo plazo. Para la agencia de rating, Reino Unido se ha dejado más de un 3% en los crecimientos, pudiendo haber crecido si no se hubiese dado la situación de Brexit. Es difícil datar los crecimientos y decrementos de la economía británica si no se hubiese dado un referéndum, pero sí podemos decir que estas previsiones se ajustan bastante a la realidad vivida. Una realidad que muestra fuertes moderaciones en los crecimientos de la economía británica.

En resumen, no podemos decir que la decisión de Johnson de que Reino Unido deba salir de la Unión Europea sea una decisión acertada. Al revés, entre todas las decisiones, podemos decir que la adoptada por el líder conservador es la peor de todas. Pero, como he dicho, esto es lo que provoca el populismo; un discurso cargado de rabia, de utopía y de mentiras, pero que, sin embargo, posee un gran calado en la sociedad. Estamos ante un peligro latente para Reino Unido, ya que quien lidera el proceso es una verdadera amenaza para la economía británica.

La incertidumbre sigue sacudiendo al país, la confianza de los empresarios cae, los consumidores ahorran, las empresas huyen, la City elabora planes de contingencia, los flujos de capital extranjeros se reducen de manera continuada. Un sin fin de fenómenos causados por un líder que, con un buen discurso, pretende llevar a Reino Unido a una situación muy desfavorable. Johnson, digo, supone una grave amenaza para la economía europea; sin embargo, como decía al principio, el auge que experimentan los nacionalismos excluyentes y los populismos proteccionistas ganan, desgraciadamente, cada vez más peso en las sociedades.

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