20 de julio de 2019
20.07.2019
Mamá está que se sale

Boda civil

Es verdad que un tercio de tu vida te lo pasas en bodas. Fui a otra que era por la Iglesia, aunque, ni los novios, ni por lo visto ninguno de sus allegados, eran lo que se dice fieles practicantes, y no sabes lo que chirriaba ver al sacerdote dando instrucciones a cada momento...

20.07.2019 | 04:00

Cómo ha cambiado el cuento, con eso de las bodas civiles. Hemos pasado de considerarlas amargas como decía Joaquín Sabina en su canción, a ser la celebración de la unión de dos personas, para compartir su vida, al amparo de la ley.

Que se le quite el rollo religioso, créeme, no le desluce en absoluto. Y además, quienes sí somos respetuosos con las celebraciones religiosas, agradecemos que no se profanen. De hecho, como es verdad que un tercio de tu vida te lo pasas en bodas, fui a otra que sí fue por la Iglesia, aunque, ni los novios, ni por lo visto ninguno de sus allegados, eran lo que se dice fieles practicantes, y no sabes lo que chirriaba ver al sacerdote dando instrucciones a cada momento de la ceremonia.

Casarse por la Iglesia no sólo significa tener fotos bonitas, sino pedir al Señor que bendiga vuestra unión, y os inspire para sacar cada uno lo mejor de sí mismo y haceros mejores personas, el uno al lado del otro. Además, esa bendición, para que valga, se tiene que recibir en determinadas condiciones, de otro modo, no vale. Ésa es la raíz de tantas nulidades matrimoniales, pero eso lo dejamos para otro día.

He estado hace poco de boda civil, y no sabes lo bonita que ha sido. Antonio decía que era a las once y dos, pero era a las once y diez. Imagínate, bodas cada dos minutos. La monda, vamos. Ni en Las Vegas. Yo me había creído lo de las once y dos, pensando que esto era como la cita del médico: siete minutos para cada paciente, y que pase el siguiente. Pues de eso nada.

Aunque estábamos en el juzgado, y fuera de la sala de bodas el ajetreo era el propio del sitio, cuando los novios entraron en la sala cogidos del brazo, emocionadísimos, y como si los demás hubiésemos desaparecido, empezó una de las ceremonias más bonitas que he visto.
La letrada de la Administración y el juez leyeron cada uno su parte, para decirnos a todos que el romanticismo y el amor empiezan por el respeto, primero; y por la igualdad y la equivalencia entre dos personas, después. Y que la Ley está para velar por ello.

Una forma no religiosa, pero igualmente válida, para iniciar, o para continuar un largo camino. La letrada incluso leyó un poema al terminar, con permiso de los novios y para emoción de la novia, que yo pensaba que se derretía. Al salir, esperaban los siguientes, y aunque nosotros ya habíamos terminado allí, en realidad acabábamos de empezar, ya que la idea de los novios para su boda era pasar un fin de semana en un resort, con todos los invitados, y allí celebrar su unión. La logística hacía que aunque la boda había sido un viernes, la ceremonia en el hotel no era hasta el sábado, así que nos encontramos, como decía Paco, con una boda gitana en toda regla.

A la boda en sí, nada más que íbamos los invitados, pero el resort estaba lleno de gente, por cierto alguna conocida, y sobre todo por una convención de yoga cuyos asistentes pasaban la mañana contorsionándose para risa de los niños, que les miraban desde lejos alucinados.
Cuando llegó la hora, cambiamos los bañadores por las corbatas y los tacones, y media piscina giró sus tumbonas para ver la boda y aplaudir a la novia de camino al altar. Qué bonito es para los novios que personas que te quieren te deseen, con sus palabras, amor y felicidad, y qué practico es para nosotros poderte subir después de la celebración, directamente a tu cama.

Una boda de lo menos convencional, pero sorprendente en la forma y en el fondo, y qué quieres que te diga, que lo auténtico no se puede imitar. Esta boda fue irrepetible.
Que vivan los novios.

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