16 de julio de 2019
16.07.2019
Amor a presión

Demofobia, qu'est que c'est?

15.07.2019 | 18:12
Demofobia, qu'est que c'est?

La inestabilidad socioeconómica no la trae ya la plutocracia de casino de la banca y las multinacionales, sino los referéndums. Hay demofobia en el uso indiscriminado, en las televisiones públicas y concertadas, de los términos 'demagogia' y 'populismo', así como del léxico alarmista con que se tratan las migraciones...

A esta década loca le quedan apenas unos pocos meses y cualquiera diría que, para evitar su San Silvestre, le ha dado por correr hacia atrás a ver si así nos engaña y la indultamos. Por mí no será, desde luego. Ni en mis momentos de pesimismo lúcido más intensos podía imaginar que íbamos a inaugurar los años 20 (del siglo XXI, esto es) luchando contra un partido empeñado en recopilar listas negras de docentes LGTBI, ni mucho menos que ese partido se convertiría en socio de Gobiernos autonómicos como el que se nos viene a los murcianos. Es lo que hay. Y que me aspen si vamos a dar un paso atrás ante esa gentuza, pero no me digáis que no es descorazonador, sobre todo si recordamos el paisaje a principios de los '10, cuando la respuesta a la crisis (barra estafa) financiera global levantó primaveras, occupys, plazas y rodeos por medio mundo, y una voz plebeya, mestiza pero firme, se elevaba con todo el poder de seducción de las revoluciones cívicas.

No me digas que no te acuerdas: sin que nadie lo viese venir, el 15M sacó el centro de 'lo político' del estrecho marco de 'la política' y lo puso en el ágora central de cada ciudad española. Con un respaldo popular del 73% en octubre de 2011, entre 6 y 8,5 millones de personas participaron del mismo, empujando un conjunto de reivindicaciones (garantizar derechos básicos como sanidad, educación, cultura, trabajo, vivienda y participación, limitar el poder del Ibex y la banca, ampliar las formas de representación democrática más allá del bipartidismo, erradicar la corrupción y la oligocracia, etc.) que tenían mucho de indignación, pero también de regeneración, de imaginación, de proyecto constituyente. Desde el 'afuera' de lo político, y por sorpresa, se había ganado la centralidad del debate público: la sociedad española empezó a contar los desahucios, los casos de corrupción, las amnistías fiscales, los rescates y los pactos de Estado exprés (como el que unió a PSOE y PP en agosto de 2011 para reformar neoliberalmente el artículo 135 de la Constitución) en el marco de un relato muy claro de clases y poder que invitaba al 99% perdedor a romper la baraja de una vez.

No tengo ahora tiempo (ni ganas) de repasar la historia de la transformación de esa potencia en una identidad política, los aciertos, errores y derrotas de lo que ahora llamamos Unidas Podemos (entre muchos otros nombres), pero dejadme anotar un elemento que ha crecido, en paralelo al declive del relato popular, a lo largo de la década en el seno del debate público: la demofobia. Podemos llamar así a cierto giro conservador que ha ido minando los elementos centrales del 'orgullo plebeyo' para apuntalar las viejas formas políticas, para (como decíamos hasta hace poco) 'apuntalar el régimen'. Ya no son la ley mordaza, la concentración de empresas de medios y el autoritarismo de mercado los mayores enemigos de la libertad de expresión, ahora lo son los 'linchamientos' por internet y las noticias falsas, por ejemplo.

La inestabilidad socioeconómica no la trae ya la plutocracia de casino de la banca y las multinacionales, sino los referéndums. Hay demofobia en el uso indiscriminado, en las televisiones públicas y concertadas, de los términos 'demagogia' y 'populismo', así como del léxico alarmista con que se tratan las migraciones. El efecto que tiene todo esto sobre el imaginario público es un evidente reflujo de las esperanzas democráticas con que inauguramos la década, pero también el renovado prestigio de las viejas estructuras piramidales (el Partido, las Instituciones, el Mundo de las Finanzas, etc.) contra las que nos hemos pasado una década luchando.

Tal vez lo peor, sin embargo, sea la infiltración de estas lógicas demofóbicas en los mismos espacios del cambio. De un relato basado en la alianza de los de abajo (mareas, marchas, movimientos sociales, partidos transformadores) hemos pasado a cierta atomización, cierto identitarismo de tribu y cierta victimización mal entendida que nos hace percibir como victimaria a la camarilla de enfrente, de un modo similar a la forma en que algunos precarios identifican a los inmigrantes como el origen de sus problemas.

Y sin embargo, el afuera de la política, que sigue perteneciendo (recordemos) a 'lo político', sigue ahí, no espera, se agita. Cada vez es más sano levantar la cabeza del juego de tronos que nos traemos las izquierdas y mirar alrededor, a los feminismos, el activismo medioambiental o el nuevo sindicalismo. Queda candela, fíjate. Para la década que viene, y más allá.

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