14 de julio de 2019
14.07.2019
La feliz gobernación

Atardece que no es poco

¿Dos Gobiernos? "Un riesgo de la coalición fragilidazada por la cuña de Vox es que haya 'dos Gobiernos', uno evidenciado desde la Portavocía y otro desde la consejería de Presidencia"

14.07.2019 | 04:00
Atardece que no es poco

En ciertas películas del Oeste, el héroe es atrapado en algún momento por 'los malos', que lo apalizan y lo abandonan a la segura muerte en algún remoto desierto u otras variantes escenográficas de las que no hay escapatoria. Pero a causa de alguna habilidad secreta o casualidades del destino, el protagonista acaba despertando en una cabaña, atendidas sus heridas por los ungüentos de una hermosa dama, que durante días o semanas lo cuida, lo calma y, al final, lo resucita. Una vez que el tipo ha recuperado el chasis, sale a caballo en busca de los malos, los encuentra y los liquida a golpe de Colt, asegurando bien la puntería para que no haya posibilidad de retorno como ocurriera en su caso.

Aliento al PP. Los dirigentes de Ciudadanos, que son en buena mayoría gente de nueva generación, se han perdido o no han revisado la etapa dorada del Western, pues de otra manera no se entiende su estrategia si ésta consistiera, como dicen, en sustituir al PP como partido principal del espectro liberal. Tienen al PP apalizado, la mayoría de sus dirigentes territoriales y hasta al propio líder nacional y a su escudero murciano con la cuerda al cuello y sobre un caballo al que solo falta darle la palmada en el anca para que deje caer su carga, y en el último instante aparecen desde un risco para disparar a la soga y salvar a los que resultaron perdedores en la contienda electoral. No hay guionista que se atreviera a presentar este argumento ni ante la peor productora.

Es obvio que un PP moribundo despertará, crecerá y se reestabilizará con el aliento de Ciudadanos, sin el cual sucumbiría a una larga y penosa crisis mientras los naranja se fortalecerían ocupando el hueco. El ejemplo más cercano está en la otra acera. Hace tan solo un año, el PSOE estaba muerto y enterrado, y su líder, tomando cañas, pues ni siquiera tenía asiento en el Congreso. Hasta que el resquicio de la moción de censura a Rajoy colocó improvisada e inesparadamente a los socialistas en el poder, desde donde se han hecho tan fuertes que han acabado ganando las siguientes elecciones generales... ¡e incluso las autonómicas de Murcia! asunto este último que rebasa la ciencia sociológica para pasar al capítulo de los milagros.

La estrategia de darle huevos a la bicha moribunda en vez de aplastarla cuando se tiene la oportunidad es lo que produce estupefacción entre quienes ya habían asumido una identidad de marca centrista de Ciudadanos, incluidos algunos de los mejores dirigentes que han iniciado la diáspora.

La ruptura del bipartidismo fue aplaudida en su momento, hasta que empezó a constatarse que en realidad las nuevas piezas se ubicaban en los bloques tradicionales, pero aun en ese contexto Ciudadanos todavía ofrecía la esperanza de una cierta movilidad, pues enarbolaba conceptos potentes y necesarios como cambio y regeneración. Lo de Andalucía se enmarcaba en ese espíritu, pues vinieron a ayudar a sustituir a un partido, el PSOE, que en aquel contexto representaba la corrupción y el clientelismo, y se llegó a suponer que esa misma dinámica e influencia sería aplicada en otros territorios en que las siglas que se habían enquistado en el poder con semejantes artes eran distintas, casos de Castilla y León, Madrid o la Región de Murcia. Fue un espejismo.


Sin firmar. En Murcia, antes e incluso durante las elecciones, he tenido la percepción (y en determinadas ocasiones, algo más que la percepción) en conversaciones con algunos dirigentes de Ciudadanos de que no habría lugar a dudas: el pacto de Gobierno que por la posición de bisagra de ese partido se prefiguraba sería con el PSOE. Les preguntabas por la cuestión, se sonreían como si uno estuviera loco por hacer esa pregunta y te respondían al estilo Arrimadas ante la Catedral de Murcia.

Algo debería llegarle al candidato del PP, López Miras, cuando se permitió reiterar, antes incluso de las elecciones, que «PSOE y Cs han firmado ya un pacto de Gobierno». Debía ser un pacto invisible o un prejuicio preventivo que, a las pruebas me remito, ha quedado como un invento más de los muchos que quien realmente ha firmado un pacto con Ciudadanos destiló durante la campaña. Sin embargo, ahora dice que «entre Ciudadanos y Vox no hay diferencias», cosa que debe haber constatado en las negociaciones a tres bandas y que resulta muy esclarecedora. Sin embargo, la líder electoral de Ciudadanos, Isabel Franco, todavía insiste en que no hay identidad alguna con Vox (ese partido del que usted me habla, pues persiste en no nombrarlo), y mucho menos negociaciones; se limita a sugerir que ella ayuda al PP a que llegue a un acuerdo con el partido innombrable que permita salvar el pacto 'a dos', el único que asume.

Hoy, cuando parece que todo está consumado a falta de una formalización en que los tres partidos salven la cara, todavía la letra de la cansina canción reproduce las diferencias originales (firmar o no firmar un documento encabezado por los tres logotipos), aunque se haya dado el paso de gigante de ver retratados en una misma mesa a la representante de Ciudadanos con los de Vox en busca de la redacción común en que se diluyan al máximo los compromisos que vayan más allá del núcleo duro de las políticas económicas de la derecha y el impulso a la enseñanza privada, sobre lo que efectivamente no hay diferencias.

Ciudadanos quiere casarse con Vox por causa de necesidad, pero no quiere hacerlo ni por la Iglesia ni por el juzgado; la dificultad consiste en que al partido de Abascal no le van los arrejuntamientos. Todo parece definitivamente resuelto, pero, ya digo, la letra sigue siendo la misma, y si no cambian versos que mantengan la rima y el estribillo, el pacto tendrá que producirse por rendición de uno u otro. Apuesto por la de Vox, pero vista la deriva de Ciudadanos, no sería extraño que se despeñara por otro reguero de renuncias.

22 frente a 23. Es obvio que la estrategia política de Ciudadanos en la Región viene dictada a golpe de pito desde el sanedrín de Rivera, pero aquí la acompañan otros impulsos, por miedo a la fragilidad del acuerdo. La CROEM y otras terminales empujan al pacto tripartito con muy visible ansiedad. Ciertos dirigentes empresariales presumen incluso de la obediencia del presidente popular. ¿Para qué querrían a otro? Es cierto que hasta Vox no llegan todavía, pues éste no se encuentra incluido aún en el sistema de intereses y campa suelto por la imaginación ideológica, aunque ya se ve que poco a poco va modelando su inicial empuje asilvestrado.

De los tres conceptos clave que cabe deducir del panorama parlamentario dibujado por las elecciones (cambio, regeneración y estabilidad), los empresarios se quedan con el último. Quieren un Gobierno estable. Pero no se deciden por el que lo sería sin lugar a dudas (PSOE-Cs) sino por el tripartito que contiene todos los elementos de la futura inestabilidad. De hecho, Vox lo ha advertido: no quieren cargos; darán su visto bueno en la investidura para «pasar de inmediato a la leal oposición».

La acción parlamentaria y de Gobierno se verá sometida, según ese esquema, al constante escrutinio de Vox, sin el cual la contabilidad de los escaños seguirá siendo de 22 (Gobierno) frente a 23 (oposición). Es obvio que Ciudadanos retraerá, por comodidad, algunas de las iniciativas que pudiera plantear antes de que sean suspendidas por Vox, o tal vez pretenda darse lustre en ese rechazo a sabiendas de que no saldrán adelante, pero prefigurarán una cierta imagen progre para compensar su escoramiento a la derecha. Y quién sabe si las iniciativas del PSOE, si son elaboradas con inteligencia política, podrían ayudar a poner en situación crítica el acuerdo de Gobierno PP-Cs, si coincidieran con el espíritu político original del segundo.

¿Podremos asistir a votaciones y debates en que choquen las posiciones de PP y Vox con las del PSOE y Cs? Hay algunos asuntos sobre la mesa que, en buena lógica, darían lugar a esto. Sobre todo, de tipo social, área que estará en manos de la vicepresidenta Franco, de Cs, que por la naturaleza de muchos de los asuntos a su cargo debería constituir un rompeolas de las voluntades programáticas de Vox. En teoría, pues, el pacto tripartito no parece prefigurar una etapa de estabilidad, como gusta a los empresarios. Y menos si no hay firma a tres sino solo compromisos de palabra al 'ya te veré'.

Un problema añadido es que este primer ensayo de coalición corregida por la cuña parlamentaria de Vox puede desembocar en 'dos Gobiernos'. La portavocía en manos de Ciudadanos obligará al PP a potenciar la consejería de Presidencia dándole un mayor cariz político para equilibrar. Lo positivo podría ser que López Miras, que ya no estaría tan suelto, pues tendría al adversario en casa, tendría que mejorar su Gobierno, algo que no le será difícil. Sólo con que haga relevos en Presidencia, Fomento o Cultura habrá ganado mucho, con independencia de a quién elija para esas plazas.

El rubicón del pacto será salvado, pero ha dejado un rastro muy clarificador acerca de los políticos protagonistas. En cuanto a Franco, ha quedado claro que carece de criterio propio y su partido, de autonomía local; en lo que se refiere a López Miras, que es un político más curtido y hábil, sin embargo no ha podido evitar la imagen de que precisa ser tutelado. Si no es por PAS, por Teodoro García, con quien se ha retratado estos días en una romántica pose en la costa cartagenera, en la que el secretario general parece decir a su pupilo: «Todo esto que ves, algún día será nuestro». Ese atardecer en «la mejor tierra del mundo», lema elaborado por el magín del presidente en funciones, puede ser metafórico del nuevo tiempo. Atardece, que no es poco. Y es que aquí también somos mucho de leer a Faulkner.

Piezas separadas

Teodoro y el presidente de La Generala, en Arahy  

El secretario general del PP, Teodoro García, y 'Manolo el de La Generala', el empresario Manuel Martínez, compartieron almuerzo recientemente en el restaurante madrileño famoso porque fue el elegido por Mariano Rajoy para huir del Congreso de los Diputados mientras se debatía sobre la moción de censura que lo sacó del Gobierno mientras dejaba su escaño libre para el bolso de Soraya: el Arahy.

Se da la circunstancia de que La Generala, a través de otras marcas empresariales, ha sido la adjudicataria del concurso sobre gestión de las ambulancias al servicio de la Sanidad pública murciana por un montante de trescientos millones de euros. La resolución de ese concurso, provisionalmente suspendido durante la campaña electoral, ha creado abundante polémica en el sector por haber sido adjudicado a una empresa constructora, la actividad fundacional y básica de La Generala, que pasa por mantener una estrecha relación con las Administraciones populares, hay quien asegura que fue impuesta en la construcción de jardines en Murcia.

El PSOE ha solicitado una comisión de investigación en la Asamblea por esta adjudicación. La reunión de Teodoro García con el empresario en plena polémica sobre el asunto podría ser calificada, como poco, de imprudente. 

Conesa advierte que no será 'delegado' del Gobierno

El secretario general del PSOE murciano, tal vez en previsión de que un Gobierno PP-Cs desplazará muchos de sus problemas a la gestión del Gobierno central, que se supone será socialista, advierte por donde quiera que va que no podrá ejercer funciones de 'delegado del Gobierno' y que tendrán que ser el PP y sus aliados quienes trabajen ante la Administración del Estado, ya que Cs ha desperdiciado el plus de contar con un interlocutor directo.

Conesa ha 'paseado' el documento que ofreció a Cs para el pacto por más de media docena de asociaciones y colectivos, entre ellos la CROEM, por donde inició el periplo. Una manera de mantener la relación social, aunque se sepa de antemano que es papel mojado. 

NOMINAL

Peñarrubia, al gabinete de Ballesta
 
Antonio Peñarrubia, director de 7TV, la televisión autonómica, podría convertirse en el nuevo jefe de prensa del ayuntamiento de Murcia, según fuentes del entorno del alcalde, José Ballesta. Sustituiría a Ana de la Cierva, que tras 28 años en el cargo no ha visto renovado su contrato. Peñarrubia tiene experiencia en esa función, ya que durante un tiempo la ejerció para Ignacio González cuando éste era presidente de la Comunidad de Madrid.

El traslado de Peñarrubia se ubicaría en el contexto del nuevo contrato de concesión de la televisión autonómica, que lo excluiría en el caso de que se produjera un acuerdo entre las dos empresas que se disponen a competir: Secuoya, la actual gestora, y el Grupo Zambudio (Televisión Murciana), que hace meses adquirió una participación de la anterior concesionaria, GTM, con el indudable objeto de participar en la pugna.

Precisamente ese gesto, la adquisión de las acciones de GTM y la intención de participar en el concurso, llevó a Peñarrubia a suspender el contrato que mantenía con Televisión Murciana para la produccíón del programa de tarde Murcia Conecta, cuyo coste es de un millón de euros anuales. El director general adjudicó poco después la realización de este bloque a un grupo de productoras, las que ahora lo ponen en antena.

Cabe suponer que esta jugada no sería bien recibida por los anteriores productores, que no facilitarían la continuidad de Peñarrubia al frente de 7TV en caso de que obtengan alguna participación en el nuevo concurso, bien como gestores directos, bien mediante el alquiler de las espléndidas instalaciones de GTM. El fichaje de Peñarrubia en este contexto sería, pues, una salida preventiva por lo que pueda ocurrir en el inmediato futuro de 7TV. 

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