11 de julio de 2019
11.07.2019
Dulce jueves

Orgullo de Inés

11.07.2019 | 04:00
Orgullo de Inés

Cada semana tenemos nuestra ración de desencanto democrático. Esta vez vino a cuenta del colectivo LGTB y sus vigilantes de la izquierda. Los hechos son muy simples. Como los líderes del partido Ciudadanos cometieron la osadía de desobedecer la prohibición de los organizadores de participar en las manifestaciones, fueron recibidos con insultos y agresiones. Algunos manifestantes lanzaron botellas de agua y latas de cerveza a la portavoz nacional del partido, Inés Arrimadas, que iba acompañada de decenas de cargos institucionales. Además, los multicolores organizaron una sentada para impedir el avance de la comitiva de políticos liberales, que finalmente tuvieron que ser escoltados por la Policía hasta que abandonaron el recorrido del desfile. Según cuentan las crónicas, los manifestantes, cubiertos con cofias del estilo de la serie El cuento de la criada, los despidieron al grito de «el Orgullo no se vende, se defiende».

Qué extraño mundo este en el que hasta los movimientos reivindicativos se definen por sus enemigos y salen a la calle a levantar muros en lugar de a derribarlos, a expulsar a los que se desvían en lugar de a cruzar caminos, a repartir carnés de pertenencia en lugar de quemar cartillas de reclutamiento...

Pero lo peor vino después. Lejos de recibir la solidaridad de cualquier persona que se considere demócrata por haber sido víctimas de la intolerancia, a los expulsados se les acusa de provocadores, carroñeros y buscadores de titulares: «Ciudadanos va allí donde no le quieren», se decía en un análisis y se repite en cientos de tuits. Además de tratarse de una señal evidente de estos tiempos cínicos en los que vivimos, esta reacción de la izquierda revela una concepción ideológica y sectaria de la política.

La democracia es un tipo de optimismo que consiste en creer que más allá del manto lúgubre que cubre hoy nuestro mundo, más allá de la realidad constatada por el CIS del desencanto absoluto con la política, una sociedad se empeña en creer que todo hombre puede ser ciudadano, e incluso comportarse como tal en Twitter. Lejos ya el momento de su invención, quizá no quede nada de esa fe, pues lo que se ha impuesto es ese manto lúgubre del pesimismo, bajo el que solo sobrevive el grito, el insulto y el odio.

Ojalá Inés siga yendo allí donde no la quieren. Y se siga escuchando el mensaje de esperanza que ella representa y que se puede expresar con estas palabras de Chesterton contra el desencanto democrático: «Si estáis desengañados de la democracia, al menos no penséis en ella como una pompa rota, sino como un antiguo amor. No os moféis de los años aquellos, cuando la fe en la humanidad vivía su luna de miel; tratadlos con el profundo respeto que se debe a la juventud».

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