11 de julio de 2019
11.07.2019
La Feliz Gobernación

Al fondo, a la derecha

Centrando al PSOE. "Cada vez que habla Pablo Iglesias da una patada al PSOE hacia el centro político, y sólo faltaba que el titular de la plaza, Ciudadanos, se escorara a la derecha hasta sus confines"

11.07.2019 | 07:40
Al fondo, a la derecha

Tiene gracia. El candidato a la vicepresidencia de la Comunidad de Madrid, Aguado, de Cs, decía ayer que no tiene nada de qué hablar con Vox, que todo lo hablado es con el PP, con el que ha firmado un pacto, y esto es lo que hay. Va por detrás de la vida. Y esto porque la primera sesión de investidura en aquella Comunidad se produce una semana después de la experiencia murciana, cuando su colega correspondiente, Isabel Franco, decía exactamente lo mismo.

Así que si seguimos el orden lógico de la secuencia, la semana próxima observaremos al tal Aguado invitando a la sede parlamentaria de Cs en la Comunidad de Madrid (al fondo, a la derecha) al equipo negociador de Vox, tal como ha ocurrido en la Región de Murcia, esta vez políticamente adelantada. Tanto es así que es el primer enclave europeo en que un partido que se decía de centro invita a compartir por todo lo alto un pacto de Gobierno con la ultraderecha. Isabel Franco, que acaba de llegar a esto de la política, ya ha entrado en la Historia. Hay carreras fulgurantes.

Al PSOE de Pedro Sánchez se las están poniendo como a Fernando VII. Cada vez que habla Pablo Iglesias le da una patada al PSOE hacia el centro, y sólo faltaba que el titular de la plaza, Ciudadanos, se escorara a la derecha hasta sus confines. Entre Podemos, por un lado, y Ciudadanos, por otro, están recolocando al 'abominable sanchismo' en el lugar preciso en que se ganan las elecciones. Y esto, sin necesidad de sobreactuaciones por parte de los socialistas; solo dejando que sus adversarios le hagan el favor. En el momento preciso, cuando todo esté debidamente macerado, el PSOE llamará a unas nuevas elecciones generales, y la suerte estará echada para los correctores del bipartidismo.

Es posible que en Podemos no vean esto, tal vez por las ansiadades personales de su líder, pero la ceguera de Cs es especialmente grave, ya que está destruyendo a pasos agigantados su propia obra, el espacio duramente conquistado de partido regeneracionista y de cambio que ya no aspira a regenerar más que la imagen de sus adversarios de la derecha y que más que a cambiar viene a consolidar las políticas de otros.

A nadie puede extrañar. En realidad, Cs se presenta tras las elecciones como una copia del PP. Basta mirar los bancos de los Grupos Parlamentarios de la Asamblea. Curiosamente, en los de Vox no hay exmilitantes populares. Son gente nueva en la vida política, impulsados porque no se sentían representados por el PP, aunque éste incluyera hasta hace bien poco su espectro sociológico, si bien para contenerlo. Hay alguna excepción exterior, como el caso de Gestoso, pero de las que confirman la regla. Sin embargo, en los bancos de Cs hay muchos exPP que vuelven a la actividad política por otro camino, exactamente por el jardín de unos senderos que, contra la imaginación de Borges, no se bifurcan.

Como el Capitán Tan, en mis viajes a lo largo de este mundo nunca había tenido ocasión de observar un empecinamiento tan acendrado como el de Cs, el partido de la 'nueva política' capaz de reproducir lo más deplorable de la vieja: esa costumbre de decir una cosa y su contraria no sólo de un día a otro, sino a la misma vez en una sola declaración. Han acabado de anfitriones de la ultraderecha, evidenciando un panel amplísimo de coincidencias programáticas y un ansia indescriptible de poder con la que refrendar el tipo política que decían refutar. Al fondo, a la derecha.

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