11 de julio de 2019
11.07.2019
El Mirador

Eutanasia

10.07.2019 | 21:12
Eutanasia

Alguien muy Alguien dijo que «no existe mayor gesto de amor que dar la vida por los demás», y yo no voy a tocar una sola tilde de esa magnífica frase. Tan cierta es. Pero si nos fijamos en aquella persona que es capaz de eso, y por exactamente el mismo motivo (el amor) se ve forzada a hacer lo contrario (quitar la vida a la persona por la que daría gustoso la suya) no es menos cierto que su gesto de amor iguala, si no supera, el hecho primero. Porque si es capaz de dar la vida por no soportar la existencia sin la persona por la que se da, cuánto mayor sacrificio es soportar tal existencia por acabar con el sufrimiento inútil (y digo inútil al ser el de una agonía tan interminable como irremediable) de la persona a la que se ama por encima de la propia vida.

Abro este comentario porque deseo hacerlo en memoria de María José Carrasco, y porque deseo enaltecer el acto valiente y generoso de su esposo, Ángel Hernández, por su gesto dictado por el amor, más allá del amor mismo. Solo aquellos que han padecido la agonía de un ser querido sabe de lo que estoy escribiendo hoy aquí, en estas líneas semanales. Es una reflexión, a la vez que un homenaje, si me lo permiten ustedes. Y es porque resulta una crueldad inaudita que, por amor, por compasión, por dignidad, incluso por justicia, dejar en manos de las personas más próximas y afectados, en todo su dolor y soledad, el tener que afrontar los riesgos médicos, mediáticos y penales cuya responsabilidad debería corresponder a toda la sociedad en su conjunto, como tal sociedad avanzada. Y miren lo que digo. Me voy a arriesgar a decir incluso éticamente avanzada, evitando enfatizar la moral, puesto que la primera no siempre forma parte de la segunda, ya que la segunda no siempre cuenta con la primera, y ustedes me sepan disculpar, pero así es.

Hay incluso morales contrarias a la ética. El bien morir debería ser asemejado al bien vivir. De hecho, lo uno forma parte de lo otro. El principio de 'dejarlo en manos de Dios' resulta un tanto corto y escaso cuando Dios ha dejado en manos de los hombres tantas cosas. Si interferimos con un Jehová que deja morir a sus fieles por negarles un avance médico que les salva literalmente la vida, y ponemos los motivos científicos y humanos por encima de los religiosos en este caso, ¿qué nos impide poner en manos de la misma ciencia una muerte digna a una muerte que, por irreversible, ya ha sido reclamada por Dios? Perdónenme, pero Dios ha dejado en manos humanas la teología e interpretaciones del mismo Dios, por lo que el decir 'es la voluntad de Dios' no es más que un sofisma inventado por el mismo hombre. Hipócritamente cedemos a Dios su voluntad cuándo y dónde ya no alcanza la nuestra. Por no poder, o por no querer. Y eso, cuando menos, es un flagrante contrasentido.

Así que si queremos poner sentido a tal contrasentido, es necesaria una ley, cabal y formal, de la eutanasia. Desde el respeto a la creencias religiosas que también respeten, claro. Una eutanasia voluntaria y no impuesta, donde se ponga fin al sufrimiento innecesario y soez de una vida que ya ha llegado a su fin, no solo es un acto civilizado y de dignidad humana, también es un acto de caridad; es llevar la compasión al estatus de derecho. Para cualquier persona, duele más el sufrimiento inútil de los que amamos que su propia muerte liberadora. Y eso es de toda lógica y sentido común. Que cada cual, en conciencia, rechace lo que no considere para sí, pero respete la libertad de aceptarlo.

Seamos razonables. La palabra eutanasia, por fortuna, y sensiblemente también, ha ido perdiendo connotaciones negativas en el tiempo, y adquiriendo connotaciones compasivas. Hace décadas, eutanasia era casi que sinónimo de asesinato. Los sínodos católicos nos atemorizaban con que abrir tal camino legal era autorizar a gobiernos sin alma a quitarse de en medio a la ciudadanía improductiva, ocultando que los gobiernos sin alma, como las fés sin alma, no necesitan ley alguna para asesinar y matar. Un horrible ejemplo, si bien que descriptivo, es el genocidio nazi, por cierto que permitido en el silencio de un pío Pío? Ahora la eutanasia se entiende y se define como un concepto de respeto a la libertad y a la humanidad de las personas, donde el amor y el dolor han de dirimir sus diferencias y sus coincidencias, donde una vida digna ha de ser equiparable a una muerte igual de digna.

La ciudadanía ya es mayoritariamente favorable a ella. Se está pidiendo desde todas las instancias. Lo incomprensible, lo absurdamente incomprensible, es que los políticos de este país, timoratos y cobardes, aún no respondan, a estas alturas, a las demandas de sus ciudadanos ¿a qué, o a quiénes, se sienten sujetos? ¿a los que votan o a los que los atan? Si es a los primeros, que actúen en consecuencia, de una vez por todas, y si es a los segundos, que rompan platos, hatos y concordatos. Ya está bien, joer, que parece que aún gobierna Fernando VII.

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