11 de julio de 2019
11.07.2019
Espacio Abierto

Enverdecer la ciudad, cuidar el planeta

"Necesitamos plantar árboles, olvidarnos de las plazas duras, asfaltadas, inhóspitas, donde los árboles apenas pueden prosperar, y construir paseos, aceras y plazas donde estos crezcan y nos proporcionen su sombra y su oxígeno. Reformar las plazas duras en otras más confortables y naturales es una necesidad urgente"

10.07.2019 | 21:19
Enverdecer la ciudad, cuidar el planeta

La crisis climática está aquí. No se trata del futuro sino de la realidad de nuestro día a día: sequías, huracanes y tornados, olas de calor, veranos más largos, reducción de las especies marinas, contaminación de los océanos, pérdida de biodiversidad, invasión de los plásticos y los microplásticos. Trabajar por un entorno que aminore los efectos de la crisis medioambiental es algo necesario y urgente, y en ello nuestras ciudades tienen mucho que decir.

El feminismo es ecológico porque insiste en el ethos de cuidado: cuidar del cuerpo propio, de las personas más débiles, del planeta. No hay otra manera de revertir los efectos producidos por el patriarcado depredador y capitalista que cuidando del entorno, modificando nuestra conducta hacia otra más sostenible, reduciendo el consumo, dejando de utilizar plásticos, usando el transporte público, estas y otras medidas que desde hace años los ecologistas nos han aconsejado, y a las que nuestros Gobiernos hacían y hacen aún, a pesar de la urgencia, oídos sordos. Ni siquiera en las recientes campañas electorales el cuidado del medioambiente ha sido un tema central, como merecería serlo si apreciásemos nuestra vida en el planeta.

En este contexto, las ciudades son un elemento esencial, insistimos. Y es preciso enverdecerlas de inmediato. La sombra de los árboles rebaja entre cinco y diez grados la temperatura ambiente, y en nuestras ciudades mediterráneas, con veranos ya de por sí tórridos, esos grados son la diferencia entre una ciudad habitable y un infierno. Necesitamos plantar árboles, olvidarnos de las plazas duras, asfaltadas, inhóspitas, donde los árboles apenas pueden prosperar, y construir paseos, aceras y plazas donde estos crezcan y nos proporcionen su sombra y su oxígeno. Reformar las plazas duras en otras más confortables y naturales es una necesidad urgente.

Nuestra capital, Murcia, está llena de este tipo de espacios: la Plaza de Europa, la de la Universidad, Santo Domingo, son algunas, por poner unos pocos ejemplos muy desafortunados. Atravesarlas en pleno verano es abrasador y, sin embargo, nuestro alcalde, a quien tanto le gustan las flores en primavera, se empeña en seguir construyendo entornos llenos de asfalto, como muestra la reciente transformación del Paseo de Alfonso X el Sabio.

Esta arteria convertida en peatonal podría haber servido de ejemplo de cómo rehabilitar un espacio público de forma sostenible, además de para la recuperación de la acequia de La Aljufía, que atraviesa la zona desde Las Claras hasta la calle Enrique Villar.

Es sorprendente que el tan aclamado jardín árabe, el que prosperó en la época del Rey Lobo, con albercas, huertas, árboles, fuentes y agua, que se acaba de descubrir en Monteagudo, no haya servido de modelo para rehabilitar esta amplia zona urbana y convertirla en un vergel, en un pedacito de huerta en el centro mismo de la ciudad. Pero no. El pavimento vuelve a ser de losas que recogen el calor y lo multiplican, los árboles no se han incrementado, no hay bancos, y la impresión general del ciudadano es que se trata de una zona de paso donde no puede detenerse a descansar, excepto en las terrazas de los establecimientos de restauración que la rodean. Volver al pavimento duro es un grave error que ya se cobró su precio con la caída de una de las ramas principales del ficus de Santo Domingo, debida, como se señaló en su día, a que el pavimento impermeable de la plaza impedía que recogiera la humedad necesaria para mantener su buena salud.

Por otra parte, el entorno del río a su paso por la ciudad, un proyecto estrella que el Ayuntamiento ha llamado Murcia Río, ha sido criticado por expertos y por grupos ecologistas por no atenerse a lo aconsejable en este tipo de intervenciones.

Emprender una transformación de la ciudad tan costosa como la de Alfonso X y las riberas del Segura, a espaldas de lo que un urbanismo sostenible recomienda es sinónimo de una profunda ignorancia. ¿Quiénes han pensado estos espacios? ¿Quién aconseja al alcalde Ballesta? ¿Ignoran todos los responsables de urbanismo la crisis climática contra la que ya se están defendiendo y preparando otras ciudades europeas? Volver a poblar de árboles nuestras ciudades, repoblar nuestros montes de bosques, es una de las medidas que aconsejan los expertos para frenar el deterioro medioambiental que ya nos afecta.

Murcia, y la mayoría de centros urbanos de nuestra comunidad necesitan cientos de árboles, fuentes sostenibles, plazas habitables, huertos urbanos (y no solo toldos), para aminorar el calor que irá en aumento. Lugares donde los niños puedan jugar, y los adultos reunirse sin necesidad de consumir, zonas de convivencia y recreo, sombra natural. No nos queda tiempo: dejemos de dilapidar el dinero en flores perecederas y ornamentales y enverdezcamos las ciudades, es urgente. Ya estamos sufriendo la tardanza.

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