10 de julio de 2019
10.07.2019
Pasado a limpio

El lenguaje de la política

Albert Rivera, que es abogado imaginativo y con escrúpulos justos, utiliza la figura del mandato simple: el mandatario (el PP) actúa por cuenta del mandante (Cs) sin hacer valer su apoderamiento, ocultando su representación al tercero interesado (Vox), quien a su vez reclama un concepto metalingüístico: visibilidad

09.07.2019 | 19:40
El lenguaje de la política

La elección del presidente sólo ha cerrado un capítulo en el que asistimos a un juego de máscaras. Que no haya salido el candidato puede verse como una tragedia, aunque considerando la valía, mejor hablamos de tragicomedia. Pienso que la ruptura del pacto es simple cuento, pues hay mucho postureo. Después del intermedio, habremos de volver a nuestra localidad, pues aún no ha caído el telón y habremos de asistir a otra película...

Puede medirse la reputación social de una ciencia por la difusión de sus nociones rudimentarias, lo que no depende del rigor empírico o deductivo de la disciplina que sea, pues, como han demostrado sabios que en el mundo han sido, conocimiento puede hallarse en la termodinámica del botijo; lo que, por otra parte, demuestra que la Humanidad ha progresado durante milenios sin necesidad de universidades, sólo con ciencia infusa. Ciertamente, la validez de este aserto para el desarrollo futuro de nuestra especie depende, como siempre, de la justa medida de las cosas.

El ascendente popular de la ciencia se traduce a los genes colectivos a través de la lengua, fluido vital de la sociedad. La Lingüística habla de préstamos, que serán externos, cuando se importan palabras de otro idioma, e internos, cuando se produce la afluencia de una disciplina a otra o al acervo común. Sirva la Biología para explicar la tesis, pues de ella nos vienen palabras arraigadas en nuestro idioma desde el siglo de la Ilustración como órgano y organismo, que sirvieron entonces a la embrionaria administración pública para denominar a ciertos entes (otra palabra derivada de la Zoología que va como anillo al dedo a determinados engendros administrativos). Otro ejemplo está en el lenguaje bélico de la Economía, donde las estrategias comerciales pueden apuntar alto, siempre que no se disparen los precios.

Mucho más antiguos son los préstamos de la navegación pues gobernador es el piloto de la nave y buen gobierno es el arte de navegar; enrolar a alguien es incluirlo entre los miembros de la tripulación, singladura es el viaje de una embarcación y derrota, el rumbo o su trazado en el mapa, llamado también derrotero cuando se refiere a la deriva de ciertos gobernantes por procelosos mares plagados de escollos.

El mundo jurídico es a la vez recipiendario y donante de numerosos términos. Entre los primeros es curioso el flujo que recibe de la religión, pues los derechos fundamentales y las libertades públicas se consagran en la constitución, las leyes procesales son también rituarias. Nada debe extrañar si tenemos en cuenta que el Derecho en la Roma antigua tenía nombre de origen divino, pues 'ius' deriva de Zeus a través de Júpiter, que es Ius Piter, o dicho en román paladino, dios padre. De ahí que la verdadera Justicia sea la divina, pues la que conocemos es un trasunto humano, cuando no un simple remedo, siempre que no sea remiendo.

Fijémonos un momento en los préstamos jurídicos que forman parte de nuestro lenguaje cotidiano y veremos el mismo concepto gramatical de préstamo como un negocio jurídico unilateral, aunque no siempre gratuito; la prenda se hace en la casa de empeños antes de ser un juego infantil y si algo nos cuesta caro, será oneroso. Hipotecar, si no es un inmueble, es gravar con una carga pesada, tal que un lastre en marinería contribuye a la estabilidad, pero a los marineros en tierra nos hace zozobrar.

Los préstamos semánticos suelen ir acompañados de la pérdida o modificación del significado originario del término. Lo comprobamos en el argot jurídico trasvasado a la política, en conceptos singularmente trastocados. Nuestro sistema de gobierno es una democracia representativa, distinto de la participativa. Pero la representación popular poco tiene que ver con la legal o voluntaria a la que habitualmente nos referimos los abogados cuando una determinada persona actúa en nombre de otra. La Politología tomó el concepto para expresar que un parlamentario es un representante político que actúa en nombre del pueblo que lo eligió, pero no a su orden o mandato. Esto último es también un contrato por el cual una persona encarga a otra la realización de determinados actos jurídicos y en el código civil se prescribe como obligación del mandatario el atenerse a las instrucciones del mandante. Mas en política, el mandatario no está obligado por una relación contractual que coarte la libertad de expresión y actuación que es propia de su rango y no incumplirá ninguna ley si actúa contrariamente a lo prometido durante la campaña electoral, esté o no incluido en el programa político de su partido. Sólo a éste rinde cuentas, pues puede sancionarle por romper la disciplina de voto, concepto que repugna la sagrada función e independencia del parlamentario.

Menos obligados están los partidos políticos y es el caso de algunos que fueron fundados prometiendo regeneración política, anunciaron nuevas maneras de manos limpias y reclamaron listas abiertas y mayor proporcionalidad en los escaños; pronto dejaron de lado sus reivindicaciones fundacionales, se acomodaron al sistema y hoy se alían con los partidos a los que acusaban de corrupción. Tocarán poder, esa es la diferencia entre entonces y ahora. Se excusan diciendo que ellos fiscalizarán el papel de quienes han hecho del ejercicio del poder un cortijo de señoritos. Permítaseme usar un préstamo de la Medicina: la corrupción es un cáncer y la metástasis se propaga con virulencia.

Albert Rivera, que es abogado imaginativo y con escrúpulos justos, utiliza la figura del mandato simple: el mandatario (el PP) actúa por cuenta del mandante (Cs) sin hacer valer su apoderamiento, ocultando su representación al tercero interesado (Vox), quien a su vez reclama un concepto metalingüístico: visibilidad. En el fondo, sutilezas jurídicas que no altera el carácter y naturaleza del pacto. El préstamo lingüístico del francés no tiene traducción al castellano: ménage à trois. Todo el mundo sabe lo que significa.

La elección del presidente sólo ha cerrado un capítulo en el que asistimos a un juego de máscaras. Que no haya salido el candidato puede verse como una tragedia, aunque considerando la valía, mejor hablamos de tragicomedia. Pienso que la ruptura del pacto es simple cuento, pues hay mucho postureo. Después del intermedio, habremos de volver a nuestra localidad, pues aún no ha caído el telón y habremos de asistir a otra película. Seguro, avispado lector, que a estas alturas ya sabes quién es el bueno, el feo y el malo.

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