30 de junio de 2019
30.06.2019
La Opinión de Murcia
Tribuna Libre

Lo mejor y lo peor

En un partido como el PSOE, en el que se repite constantemente la sabia máxima de que «primero los ciudadanos, y después las siglas», no deberían reprimirse acuerdos políticos como el de Cartagena, encaminados a salvaguardar los derechos de los ciudadanos y la calidad democrática

29.06.2019 | 19:24
Ana Belén Castejón

A veces, en política tienes que tomar arriesgadas y trascendentes decisiones sabiendo de antemano que pueden provocar ásperos debates, cuando no exagerados vilipendios, como el que está sufriendo Ana Belén Castejón, alcaldesa de Cartagena por mor de su cuestionado pacto de gobierno con el PP. La decisión de Castejón, sin duda, ha sido un exceso que no debió permitirse sin la aprobación de los órganos superiores del PSOE, partido por el que fue candidata a la alcaldía. Pero, por otra parte, a mi juicio, algunas de las respuestas a su falta también han sido un exceso. Vale que Castejón se ha saltado las normas de la organización, y que merecía una reprimenda cuando no una sanción, en ningún caso exagerada visto el trasfondo de este asunto.

Pero algunos, dado que el Pisuerga pasa por Valladolid, han aprovechado la coyuntura para pasarle factura por episodios ajenos a la cuestión sin tener en cuenta que Castejón, gracias al pacto con el PP, ha librado a Cartagena de una auténtica pesadilla populista. Por su ceguera revanchista, estos críticos no ven, o no quieren ver, que el populismo y el nacionalismo se orientan siempre hacia un horizonte desenfocado en el que solo se adivina desgobierno, escándalos, enfrentamientos entre vecinos y entre Administraciones públicas y, en este caso, entre una ciudad, Cartagena, con el resto de la Región de Murcia, a la que el rancio y nostálgico cantonalismo repudia como lo hacían los federalistas intransigentes en 1873.

Porque no nos engañemos, esa era la suerte de Cartagena de no haberse producido el 'maldito pacto'. Hay que vivirlo de cerca, o desde dentro, yo lo he vivido y sufrido, para saber los graves conflictos que provocan el cesarismo y el sectarismo de muchos líderes de partidos mal denominados 'independientes'. Afortunadamente, no todos son así; valga como mejor ejemplo el de Pedro Jiménez Ruiz, exitoso alcalde independiente de Torre Pacheco. Los otros 'indepes', por su concepción patrimonialista de las instituciones, y por sus conductas antidemocráticas, y una indigesta e incendiaria prosa, reniegan de cualquier principio político o democrático y provocan una degeneración sistemática de las instituciones públicas machacando el buen nombre de los pueblos y ciudades donde gobiernan.

Ante situaciones de emergencia democrática, el PP no debe ser considerado un enemigo si no un aliado. En un partido como el PSOE, en el que se repite constantemente la sabia máxima de que «primero los ciudadanos, y después las siglas», no deberían reprimirse acuerdos políticos encaminados a salvaguardar los derechos de los ciudadanos y la calidad democrática; tampoco cerrar los ojos ante situaciones de grave indisciplina, que en mi opinión, no es este el caso.

Me viene a la mente la polémica creada en Ciudadanos por el apoyo de Manuel Valls a la abstracta y embaucadora Ada Colau para que fuera alcaldesa de Barcelona, en lugar de al independentista y tétrico babeante Ernest Maragall, el candidato más votado en las elecciones municipales. Valls tuvo arrestos para elegir lo mejor de lo peor librando a Barcelona y a Cataluña de las garras de una caterva de dementes y fanáticos ultranacionalistas que, ante su falta de rigor histórico y de proyecto político para Cataluña, han instalado el odio hacia España como banderín de enganche para la causa secesionista. Valls lo entendió perfectamente y decidió no ser actor secundario en una obra que requiere de actores principales. Por ello, ha sido injustamente vilipendiado y reprimido por Ciudadanos. Por cierto, de la decisión de Valls, además de los catalanes, se ha beneficiado extraordinariamente el PSC.

En el caso de Cartagena, el secretario general del PSRM, Diego Conesa, ha frenado con gran acierto y coherencia una respuesta desproporcionada tomada en caliente que habría sido mala para los ciudadanos y para el propio PSOE. Entre una y otros, lo habían colocado en una difícil situación que él ha sabido gestionar y enfriar dándole tiempo al tiempo y razón a la irracionalidad.

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