30 de junio de 2019
30.06.2019
La Opinión de Murcia
Todos nómadas

El hombre de la penicilina

30.06.2019 | 04:00
El hombre de la penicilina

Gracias, muchas gracias. Gracias a Paco Marín, que aún sigue encontrando tiempo y recursos para mantener vivas sus editoras y alimentar de papel escrito a las librerías, tan amenazadas de muerte por la moderna técnica. Me consta que, además, lo hace con ilusión. Y no me extrañaría que algún día nos sorprenda con un libro en el que firme como autor. Gracias a Miguel López Bachero, que ha sabido encontrar en mi libro tanto detalle nuevo, que ni yo había pensado. Para mí, como autor, es muy emocionante que alguien se adentre en mis escritos, habite mi mundo, comprenda mis ideas, las comparta o no, y hasta se contagie de mis sentimientos€ Es el hechizo de la literatura: crear una empatía, casi siempre maravillosa, entre el escritor y el lector.

Gracias a Guzmán Ortuño. Él tiene mucha culpa de que hayan tomado vida estos relatos, porque quiso saber el cómo y el porqué de estas historias y de estas gentes, más allá de simples referencias, y me emplazó a contarlas. Y yo, convencido de su talentoso criterio, inmediatamente le hice caso».

Estas hermosas y nobles palabras de Ignacio Ramos estaban en el magnífico discurso con el que se clausuró el entrañable acto con el que se presentó el libro El hombre de la penicilina y otros relatos.

Fue una reunión acogedora y cordial en la que nos juntamos amigos de Ignacio, gente de Barranda (con la evocadora música de Los Aguilanderos en cabeza). Bibliómanos, admiradores de este escritor y periodista. Un salón lleno. Un clima cordial. Un aire familiar en el que todos nos sentíamos a gusto.

Hablamos de Ignacio y del libro. Paco Marín, editor hombre que merecería un largo apunte para agradecerle su opción por los libros, justamente cuando están más amenazados. Habrá que dar a conocer su talento, su esfuerzo, su contribución a la cultura, queda pendiente el tema.

Intervinieron, además, el doctor Guzmán Ortuño, ilustre catedrático de Medicina y humanista irremediable, inquieto siempre por todo lo divino y lo humano. Profundas y serias sus palabras y visible su admiración por Ignacio Ramos. Miguel López Bachero hizo una brillante presentación del libro de Ignacio Ramos, dando datos, perfiles y detalles que serán una ayuda para conocer los entresijos de la perfecta y atractiva literatura de Ignacio. Un servidor también dijo unas palabras destinadas a conocer a este excelente escritor que, a su increíble talento literario, añade una sencillez y una humildad difícilmente superables. Ser amigo de Ignacio es un regalo de Dios. (La humildad tiene su cara negativa: no escribe todo lo que debiera. Desde aquí le pido dos novelas lo antes posible).

Para terminar el acto dijo Ignacio que quería apuntar media docena de consideraciones. Las transcribo porque me parecen altamente valiosas:

«En mis relatos no encontrarán atisbos de protesta ni reivindicación. Yo he querido retratar el drama, no juzgarlo; contar una lucha, sin buenos ni malos. Sería injusto callar que los hombres y mujeres del mundo rural, tan tildados de ignorantes y paletos, han sacado recursos de debajo de las piedras para que sus hijos pudieran llegar a la Universidad. Pero mi intención no ha ido más allá de contar sus circunstancias humanas en un determinado tiempo de sus vidas.

He intentado siempre escribir con amor, con pasión o ternura, pero con cariño hacia las gentes o la naturaleza. Encontrar el ángulo bueno de las cosas, si lo había; que no es un buenismo sensiblero o hipócrita, sino la constatación de que en las apariencias más pobres y sencillas puede haber un corazón franco capaz de aceptar sin ira el sufrimiento. Me he esforzado en que los relatos trasciendan lo meramente costumbrista, aunque el costumbrismo era inevitable: el lenguaje es el que era y los comportamientos responden a la época y al lugar en que se desarrollan, Y, eso sí, siempre he tratado de recoger la vieja sabiduría del pueblo, tan profunda a veces, tan socarrona en otras, tan certera siempre. He escrito sin ninguna atadura. Siguiendo siempre criterios literarios. He procurado que en cada página, en cada párrafo, en cada diálogo, en cada historia hubiese un brochazo de belleza o de emoción, de humor, de ternura. Si no lo he conseguido, no puedo escudarme en ninguna presión: he sido libre hasta para equivocarme. Finalmente, es obvio que el mundo rural de nuestros días nada tiene que ver con el de la posguerra. Hoy los campesinos luchan por mejorar su condición de vida; entonces se luchaba por sobrevivir. Y las diferencias sociales campo-ciudad, abismales entonces, están ahora mucho más mitigadas. ¿Que hoy el campo se está quedando vacío? Por supuesto: desde hace décadas, pero esa es ya otra historia».

Recuerdo

Mientras escribía mi artículo de este domingo, me han acompañado en el recuerdo el amor y las lágrimas: Paquita Palomares, Paco Ramos y mi Antonio. No hay manera, hermanos, de llenar el vacío.

Postdata

Ignacio Ramos (Barranda, 1936) estudió Bachillerato en Caravaca de la Cruz y Murcia, y Periodismo en Madrid. Fue redactor de El Alcázar de PESA (Madrid), que dirigía José Luis Cebrián, de donde salió con el equipo fundador de Nuevo Diario (Madrid), en el que ejerció de jefe de reporteros, redactor jefe, subdirector y director. Se incorporó luego a ABC (Madrid), donde fue redactor jefe, en las direcciones de Cebrián y Guillermo Luca de Tena, y subdirector con Luis María Ansón. En revistas fue jefe de información en La actualidad española y subdirector en Época, donde trabajó con Jaime Campmany hasta su jubilación. Colaborador fijo de Hermano Lobo desde su fundación, ha firmado trabajos en diversas publicaciones. Ha publicado novelas como La hermosa y dura tierra y Última siega de Nazario Sánchez.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Lo último Lo más leído