27 de junio de 2019
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Los pactos políticos y las mujeres

"La sustitución del término 'violencia de género' por 'violencia intrafamiliar' implica para Vox que violencia es violencia y no tiene nada que ver con el género que la padece"

26.06.2019 | 21:01
Rocío Monasterio

Los posibles acuerdos con Vox en las distintas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos están teniendo y tendrán una repercusión directa en las políticas de igualdad. Centrándonos en uno solo de los aspectos que engloban la temática de igualdad: la violencia de género, a poco que analicemos el efecto que la entrada de Vox en el Parlamento andaluz ha producido, debería empezar a inquietarnos a todos en general (políticas de inmigración, memoria histórica, recortes en políticas sociales, etc.) y a las mujeres en particular. Con ellos, en tan sólo unos meses, la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004 y el Pacto Contra la Violencia de Género, firmado por todas las fuerzas políticas por unanimidad en diciembre de 2017, han comenzado a tambalearse.

Vox ha entrado con fuerza en los Parlamentos y en los Ayuntamientos, con la ventaja que les otorga el haber sido imprescindibles para la investidura de los partidos de la derecha frente a las fuerzas de izquierda y con la finalidad de bloquear las políticas progresistas. Es un partido joven con una ideología vieja (recuerda estrepitosamente al franquismo de la postguerra), que expone e impone sin rubor, porque no tienen nada que perder y todo por ganar, y que Ciudadanos y PP no parecen tener ningún escrúpulo en aceptar. La misma fórmula de Andalucía se está fraguando y cuajando en Madrid, Castilla y León y Murcia, comunidades en que, sin embargo, la fuerza más votada ha sido el PSOE, sin hablar de todos los Ayuntamientos que pueden repetir la misma combinación.

Una de sus exigencias estrella para apoyar los presupuestos en Andalucía, que seguro se exportará a otras comunidades, se ha concretado en modificar las nomenclaturas de transversalidad de género tal como figuraban en dichos presupuestos y cambiar los términos de violencia de género por los de 'violencia intrafamiliar'.

Lo preocupante no es la imposición de un mero cambio semántico, sino que se materialicen, como ya sucede en Andalucía, en políticas negacionistas y reaccionarias para justificar un cambio de paradigma político altamente nocivo para el progreso ciudadano. Por poner un ejemplo, en Andalucía los teléfonos para atender la violencia de género (esos que en los medios de comunicación nos reiteran una y otra vez, que son gratuitos y no dejan rastro de llamada cada vez que se informa de un caso nuevo de violencia machista), van a ser sustituidos por otros para atender la recién instaurada 'violencia intrafamiliar' que aunque no sepamos exactamente qué es todavía, tenemos claro que no tiene nada que ver con la violencia de género contra las mujeres; y aunque Arrimadas niegue la mayor, es consciente de que la desinformación y la mentira juegan un papel relevante para dibujar una idílica situación de 'cambio liberal' que sabe que es falso.

Deberíamos analizar correctamente esta dinámica pactista que se está imponiendo de forma generalizada. Para empezar, las premisas en las que se basan son incorrectas, por no decir mentirosas, nada inocentes y altamente ideologizadas. Vox, y con ellos los partidos que los necesitan, solo están dispuestos a admitir la violencia en general, no reconocen, o niegan que exista, una violencia de género en singular. Piensan que las mujeres no son maltratadas y asesinadas por ser mujeres e intentan situar la violencia a los hombres en el mismo plano social y penal, y bajo los mismos principios de protección. La sustitución del término 'violencia de género' por 'violencia intrafamiliar' implica para ellos que violencia es violencia y no tiene nada que ver con el género que la padece. Cualquier medida que se tome en sentido contrario, como nos recalca Rocío Monasterio con gran prepotencia, nos conduce a la desigualdad, pues las mujeres tienen, en tal caso, privilegios sobre los hombres, ¿cómo va a explicar ella a sus hijos varones que sus iguales, las mujeres, no son iguales en realidad y que ellos son inferiores por ser hombres? nos manifiesta apesadumbrada.

Afirman además, sin reparo alguno, que no se contabiliza la violencia ejercida a los hombres por las mujeres. Mienten. Claro que hay datos y los conocen porque no son ignorantes: el Consejo General del Poder Judicial incluye a los hombres asesinados por sus parejas en sus informes anuales sobre sentencias de homicidio por violencia de género y violencia doméstica desde hace años. En los datos de 2016 figuran 38 sentencias condenatorias por homicidio y/o asesinato de una mujer en el ámbito de la pareja (79%) y diez hombres (21%); de estos diez, la autoría de los asesinatos se atribuye a una mujer en siete casos, y a otro varón, en tres casos.

Monasterio vuelve sobre la carga, aludiendo a que el pacto vigente contra la violencia de género no ha solucionado el problema, pues las cifras de muertes de mujeres a manos de sus parejas no han disminuido, y solo ha servido para generar 'chiringuitos' que chupan del presupuesto de todos, lo que viene a significar que los centros de atención a mujeres vinculados a los distintos organismos administrativos sobran. Vuelven a mentir, el número de mujeres asesinadas, aunque no todo lo que nos gustaría, ha ido disminuyendo desde 2004, incluso teniendo en cuenta que los presupuestos de los últimos años se han reducido considerablemente por las políticas de Mariano Rajoy.

Por último, se deja de lado, porque estorba, un dato contundente y constatado que requiere, por su importancia, un tratamiento específico: se han contabilizado 1001 muertes de mujeres en manos de sus parejas, desde que se tienen datos estadísticos de ello, año 2003, (aquí no se contabilizan las mujeres asesinadas fuera de las relaciones de pareja). Esta realidad no es una invención de las feministas radicales tan denostadas por estas fuerzas políticas y acusadas de querer imponer a las demás mujeres cómo deben vivir y pensar. Es un dato estremecedor que nos debe hacer reflexionar y no dejarnos confundir ni manipular ni engañar por partidos populistas de ultraderecha con sus verdades sesgadas.

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