26 de junio de 2019
26.06.2019
La Opinión de Murcia
Pasado a limpio
Los de siempre

En ocasiones veo muertos

25.06.2019 | 21:18
En ocasiones veo muertos

"Hablan de chiringuitos ideológicos quienes crecieron y se alimentaron en ellos desde su más tierna infancia de casta. Son hijos de una élite social que observa impávida el ascenso del populacho, mira por encima del hombro al palurdo pazguato que ha aprendido letras en la universidad. Llevan mucho tiempo preparando cuidadosamente su vuelta".

Silencio en la noche, ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa. Sin duda, el tango no habla de la Murcia nocturna de un viejo barrio que no es melodía de arrabal. Cuando la muchachada se recoge después de cerrar los últimos garitos, las máquinas de limpieza y los camiones de basura ya se encargan de que el dolor de la guerra y el luto de los hijos muertos no se adueñen de la noche. La historia real del tango era algo distinta de la letra que cantaba Gardel. La viejita entrecana que llora era en realidad la viuda de un presidente de Francia asesinado en tiempo de entreguerras y madre de cuatro hijos muertos en la Gran Guerra, antes de que la siguiente fuera aún más terrible. El presidente de la República francesa Paul Doumer fue asesinado en 1932, antes de que la ambición se hiciera músculo en la mayor tragedia que conocieron los tiempos modernos. Su asesino fue un ruso fanático que abominaba de los bolcheviques.

El fanatismo se empezaba a adueñar de Europa y extendería su negra mano por los campos de Alemania, Italia, Francia y España, entre otras naciones, incluida la Rusia estalinista. Sólo la potencia militar norteamericana y soviética pudieron doblegar al negro jinete de la muerte. Pero se quedaron en los Pirineos. El aliado de Hitler y Musolini, dictador de un país arrasado, famélico, cuartelario y devoto de María, colaboró con una modesta División Azul. Tampoco pudo más, pero no por ello fue menos poderoso de puertas para dentro, pues gobernó con mano férrea durante cuarenta años y aún hoy sus restos descansan en sagrado, bajo una cruz megalítica que se pavonea por encima de San Lorenzo del Escorial, mausoleo de reyes.

El largo silencio se adueñó de los campos de España, mientras miles de republicanos murieron en el exilio y el sueño de la democracia quedaría larvado en macilentos años de desfiles de la victoria. El adoctrinamiento contó con el sometimiento de todas las instituciones civiles la complicidad de las religiosas. Durante muchos años se habló de los horrores del comunismo y de las conspiraciones judeomasónicas. Cierto que la gladnost (transparencia) y la perestroika (reforma, reestructuración) soviéticas dejaron al descubierto el horror estalinista, pero tiempo antes de Gorbachov, el eurocomunismo era una evolución natural hacia el parlamentarismo occidental.

Dejando al margen acusaciones sectarias y guerracivilistas, el pacto de Carrillo con Suárez, previo a la legalización del PCE, demuestra bien a las claras la evolución de las ideas políticas. Por otra parte, claro que hubo conspiraciones durante el franquismo. La mayoría de ellas fueron tramadas por miembros del mismo régimen caduco, trasnochado y tan rancio, que cuando Juan Carlos I vino a darle la puntilla, ya estaba muerto desde hacía tiempo. Aun así, hubo de vencer resistencias mucho más altas y rocosas que los Pirineos, pues no hay nada más difícil que despegar a un preboste de su poltrona y la llamada erótica del poder es pura pornografía, como ya debiéramos saber a estas alturas.

Pasaron años de democracia, que en la Historia de un país es poco más que unas páginas, y la extrema derecha afloró de nuevo, como volvieron las oscuras golondrinas, como germina la semilla de las plantas rastreras e invasivas. Lo curioso del caso es que la especie haya resurgido mediante una técnica agrícola muy conocida, la de amugronar o acodar la vid u otras especies arbustivas. Los líderes ultramontanos se criaron a los pechos del PP y de cierto sector recibieron abundantes bienes parafernales y parabienes a tutiplén. De manera que la derecha ultramontana que ahora resurge, fue cuidadosamente alimentada y regada por quienes, ahora ya no hay dudas, sólo presumieron de centristas y moderados para ocultar su naturaleza proclive a la corrupción.

A quién puede sorprender que en Europa se vea con tanto recelo el ascenso de la extrema derecha, si sus efectos son un patología clínicamente catalogada. Sin metáforas: un virus ideológico que arrasó Europa causando tanta devastación como la peste negra en la Edad Media; acabó con los sistemas parlamentarios allá por donde pasó y cuando se convirtió en genocida, no había soberanía popular que pudiera frenarla. Ahora se visten con ínfulas y se jactan de demócratas, los cachorros del franquismo de fauces tan armígeras como las fieras salvajes. Si algo les caracteriza es el odio o su versión más civilizada, el desprecio. Hacia los inmigrantes, hacia los demócratas, no digo ya hacia los comunistas y otras familias de la izquierda, porque es pura aversión al pueblo, al que ven como masa, que sólo quieren para convertirla en jauría, manada fanática.

Hablan de chiringuitos ideológicos quienes crecieron y se alimentaron en ellos desde su más tierna infancia de casta. Son hijos de una élite social que observa impávida el ascenso del populacho, mira por encima del hombro al palurdo pazguato que ha aprendido letras en la universidad. Llevan mucho tiempo preparando cuidadosamente su vuelta. Saben las debilidades de la democracia y de los regímenes liberales y no vienen para apuntalarlos en tiempos de crisis, sino para devorarlos. No son aliados de la derecha moderada, ni del centro españolista. Los recuerdo en los años de la Transición, con la banderita española en la cadena del reloj, intervenir en las asambleas demostrando un partidario conocimiento de los horrores de la guerra civil, como si los crímenes del franquismo no hubieran existido. Yo era un imberbe cuando ellos organizaban sus cacerías nocturnas del rojerío. Por eso no soy neutral cuando les oigo hablar y su discurso me solivianta y enerva como la calentura antigua que golpea las sienes.

Macron y la Europa civilizada asiste incrédula al acceso febril y ensoberbecido de Albert Rivera. Lo han invitado al club Bilderberg, la élite política y financiera mundial, pero manda a Teresa Arrimadas, su segunda, pues él está por encima de cualquier logia masónica. Y se resisten a pensar que ese chico bien parecido sea capaz de aliarse directa o indirectamente con los ultra.

La suerte está echada, gobernará la derecha más o menos moderada con el apoyo de los hijos del franquismo, en muchos ayuntamientos y algunas comunidades. El sueño de la razón produce monstruos y nosotros, el pueblo votante y acrítico, los alimentamos. Y su primer objetivo es la derechita cobarde, prepárese. Pronto cataremos su ponzoña. En ocasiones veo muertos, pero ahora están por todas partes.

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