19 de junio de 2019
19.06.2019
Espacio abierto

Solución para un problema fabricado

18.06.2019 | 22:10

En los últimos meses hemos sido testigos del cierre de puertos italianos y malteses a migrantes rescatados a la deriva. Los esfuerzos de ONGs por el salvamento en el Mediterráneo son torpedeados continuamente tanto por Gobiernos de extrema derecha, como el de Salvini en Italia, como no tan a la derecha, como el de Sánchez en España. Precisamente el Gobierno socialista en España ha prometido desinstalar las concertinas (alambre con afiladas cuchillas) de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla. Pero, acto seguido, Marruecos, aliado cercano de España y la Unión Europea, las ha instalado en su lado de la frontera. Lo importante es que no lleguen, aunque se corten o se ahoguen. Por la seguridad de Europa, de nuestra cultura y nuestra calidad de vida, no pueden venir todas y todos los miserables de la Tierra. ¿Merece la pena? ¿Es necesario?

Nos dicen y repiten que no caben todos aquí. Que no hay espacio ni trabajo para todos. Parece que las migraciones sólo pueden y deben ser gestionadas por medio de alambradas y dejando que miles se ahoguen en las rutas marítimas. La fortificación fronteriza generalizada ha aparecido como una práctica política natural y evidente, 'necesaria', ante el nuevo fenómeno de las migraciones globales. Pero realmente se trata de una concepción de la seguridad, el espacio y la movilidad particular y estratégica.

En primer lugar, las migraciones han sido a lo largo de la historia un motor en la evolución de la sociedades y civilizaciones. Hasta el siglo XIX, los Estados europeos estaban más bien preocupados por la emigración y la despoblación. Por otro lado, el imperialismo y el capitalismo industrial se edificaron sobre las migraciones de cientos de millones de europeos. Y aunque la inmigración ha sido objeto del control gubernamental durante los últimos 150 años en muchos países, ello no implicaba el uso generalizado de la violencia (excepto en tiempos de guerra). Sin ir más lejos, la frontera de Ceuta y Melilla ha sido siempre problemática desde un punto de vista geopolítico y militar, pero las vallas fronterizas no se instalaron hasta mediados de la década de los 90 del siglo pasado. El obvio antecedente del Muro de Berlín y el Telón de Acero respondían fundamentalmente a la fuga masiva de su población de países comunistas hacia occidente.

En segundo lugar, la 'necesidad' de cierre de las fronteras tampoco se sostiene si observamos los datos actuales. La migración legal es común, fácil y accesible para muchas personas. Según la OCDE, por motivos de trabajo, estudios o negocios, casi 300 millones de personas viven en países ajenos al suyo. Todos los años llegan a Europa cientos de millones de turistas sin más control que enseñar una identificación, tal vez un visado, en el control de entrada. Otras, en cambio, tienen que enfrentarse a travesías de meses o años, mucho más costosas y peligrosas que los cómodos vuelos o ferris que toman los turistas en sentido contrario. En definitiva, el sistema fronterizo de la era global establece jerarquías en los tipos de movilidad y los códigos de circulación espacial y social.

¿A qué responden las políticas migratorias restrictivas? Algunos investigadores, como la socióloga norteamericana Wendy Brown, dibujan un panorama en el que los Estados-nación, habiendo perdido parte de sus competencias en el proceso de globalización, habrían utilizado las fronteras fortificadas y los controles migratorios para escenificar su fuerza de cara a sus ciudadanos, y recuperar así el rol como proveedor de seguridad que le asignaba la concepción clásica de la soberanía. Otras teorías, como las de Sandro Mezzadra y Brett Neilson, observan en la proliferación de fronteras un instrumento de la expansión del capitalismo globalizado para generar diferencias regionales en términos de producción, consumo y de mercado laboral.

Con todo, la violencia física e institucional sobre individuos pauperizados y racializados no se trata en ningún caso de una solución evidente y directa al problema de las migraciones globales. Más bien a la inversa: dicho problema se ha fabricado por medio de las tecnologías (tanto materiales, como jurídicas, políticas y socioeconómicas) de división y diferenciación. Las fronteras globales establecen un régimen de diferencias estructurales entre el Norte y el Sur, los ricos y los pobres. Estas diferencias han construido una nueva alteridad, un nuevo enemigo y una nueva dialéctica en términos de seguridad, que condena a gran parte del planeta a la irrelevancia. Por medio del cierre de fronteras se ha convertido en racional lo que hasta hace poco era irracional: fracturar el espacio global para frenar el movimiento de las personas y los pueblos (algunas personas y algunos pueblos), en nombre de nuestra seguridad aun a costa de su seguridad.

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