18 de junio de 2019
18.06.2019
La Opinión de Murcia
Amor a presión

Vox, de aristocrachic a aristokratchik

17.06.2019 | 22:57
Vox, de aristocrachic a aristokratchik

Una de las frases más reveladoras, en mi opinión, de las millones que se pronunciaron en las últimas campañas electorales corresponde al ahora portavoz parlamentario de Vox, don Iván Espinosa de los Monteros y de Simón. Ante varios miles de seguidores del partido ultra, el noble barbudo (es hijo del marqués de Valtierra) emitió una de sus consignas fetiche: «El voto a Vox es el voto multizasca». Contra los progres, contra las feministas, contra el laicismo, contra el buenismo, contra la inmigración, contra 'el lobby LGTBI', contra los impuestos? La plaza era, claro, un clamor. Los analistas eran incapaces en ese momento de predecir el resultado de la versión cañí del francés FN, el británico UKIP, el alemán AfD o el polaco Ley y Justicia, si bien coincidían en que la 'excepción española' (donde la extrema derecha había sido -hasta las pasadas elecciones andaluzas- una fuerza marginal) había terminado.

Me fijé bien, ese día, en don Iván, figura emergente del fachiringuito verde (amén de cónyuge de su presidenta madrileña, Rocío Monasterio). Qué mundo loco este, me dije, donde un aristócrata del más rancio abolengo va por ahí vendiendo zascas contra el establishment como un podemita más. Donde un ejemplo con patas de las castas dominantes, empresario inmobiliario con máster en finanzas y casado con bendición papal, promete revoluciones patrióticas como quien lanza balones y pitos en el Entierro de la Sardina. Me quedo muerto. Será, pensé, el aristocrachic, que está de moda. La gomina, las cacerías y los títulos nobiliarios como proyecto político. ¿Qué puede fallar?

Al gatillazo del 28A siguió el desastre (para los voxonaros) del 26M, que enterró sus aspiraciones de alcanzar alguna victoria autonómica o local y vender algún sorpasso a la derechita cobarde que, según ellos, encarnan el PP y Cs. Se cerró (en tiempo récord) la fase expansiva ultra, su luna de miel, y la restauración del bipartidismo amenaza con comerles la tostadita. Una cosa diré, a favor de Vox: al menos dan signos (a diferencia de los de Albert 'nadie al volante' Rivera) de haberse dado cuenta del peligro.

Lo que viene ahora, para los chicos de verde, es jodido. Se acabaron los multizascas: es necesario pasar del aristocrachic al aristokratchik, que no es lo mismo. Aprovechar al máximo el momento dulce de que todavía disfrutan en medios (todo lo que dicen o hacen es oro periodístico) para tomar la iniciativa política allá donde toquen poder. Don Iván ya ha confesado: si por la mañana hay que decir una cosa y por la tarde la contraria, se asume y punto. La coherencia es una cosa como muy de progres, ellos son más de sacarse el mandoble y mandar al país de vuelta al Antiguo Régimen a hostias en los Boletines Oficiales: no diga violencia de género, diga violencia intrafamiliar (e ignórela pulcramente); no diga desmontaje de la educación pública, diga libertad; no diga capitalismo de amiguetes, diga fomentar la obra pública. Son cosas que Vox va a promover y a tratar de adjudicarse. De su habilidad de presentarse como los machos (cabríos) alfa de la involución, dejando a PP y Cs como simples comparsas, depende su futuro político.

Todo indica que en Madrid, en Andalucía, en Murcia y en el resto de trifachitolandias vamos a asistir a muchos de esos duelos de carneros que tanto le gustaban a Félix Rodríguez de la Fuente. El hombre y la tierra, acuérdate. Pero con gomina.

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