13 de junio de 2019
13.06.2019
La Opinión de Murcia
La Feliz Gobernación
Correrá la lista

Diputados al Gobierno

"Cs calculó que obtendría nueve diputados, y calculó mal; se quedó en seis. De esto resulta que dos piezas principales hayan quedado fuera del hemiciclo: Antonio Sánchez Lorente, cabeza pensante imprescindible para la actividad parlamentaria, y Elena García Quiñones, uno de los miembros de la dirección regional que se ha quedado sin foco".

13.06.2019 | 07:59
Vista general del nuevo hemiciclo regional

Si Ciudadanos quisiera realmente dar un giro a este país del modo que predica, lo tendría fácil: bastaría con ofrecer a Pedro Sánchez un documento a la firma en que se fijaran compromisos para alejarlo de cualquier vía de entendimiento con los nacionalistas de cualquier signo, y para evitar desviaciones, le exigiría entrar al Gobierno de España. PSOE y Cs suman mayoría absoluta. Si todavía fingen que sería posible en la Región de Murcia un pacto de gobierno de esas características (aquí también suman), ¿por qué esa fórmula no sería posible en el Gobierno nacional? En manos de Albert Rivera está atraer a Sánchez (quien se sentiría aliviado en tal caso) a un pacto general que establecería un cambio real, con políticas moderadas y sin concesiones a la presión de los territorios, que a la vez, para los intereses específicos de Ciudadanos, restaría todo protagonismo a su máximo competidor electoral, el PP, que tendría que entrar en boxes durante un largo tiempo. ¿Por qué Rivera no participa de la lógica que todo el mundo advierte?

La derivación autonómica de esa estretegia consiste en renunciar a la posibilidad de un pacto con el PSOE en Comunidades como la murciana, aunque eso conlleve, por el capricho de la composición parlamentaria, tener que bregar con Vox, un socio aparentemente incómodo que al final acaba siendo flexible y que, además, facilita en la pugna política la imagen de que Ciudadanos no es todavía tan de derechas como como por sus actuaciones se deduce. Y esto a pesar de que el cambio predicado consista en entronizar al presidente popular, López Miras, precisamente después de que llevara a su partido a la derrota electoral tras veinticuatro años de Gobiernos del PP.

Antes incluso de que se produzca un nuevo encuentro formal, tipo paripé, con el PSOE, Ciudadanos ya negocia con el PP la composición del futuro Gobierno, en el que el primer diseño, testado con Fran Hervías, el todopoderoso secretario nacional de Organización de los naranjas, sería de cinco consejerías para el PP y tres para Ciudadanos, entre las que va la vicepresidencia para Isabel Franco. No es seguro que Ciudadanos acepte ese tanteo, de manera que le conviene mantener viva la posibilidad de que podrían recurrir al PSOE como socio alternativo a fin de que los populares se muestren más generosos.

Ciudadanos tiene interés en que corra la lista electoral que ha tomado asiento en la Asamblea. Calculó que obtendría nueve diputados, y calculó mal; se quedó en seis. De esto resulta que dos piezas fundamentales hayan quedado fuera del hemiciclo: Antonio Sánchez Lorente, cabeza pensante imprescindible para la actividad parlamentaria, sobre todo cuando el conjunto del equipo es novato, y Elena García Quiñones, uno de los miembros de la dirección regional que se ha quedado sin foco. Para que ambos accedan la Asamblea será preciso desplazar al Gobierno a otros tantos diputados de los que tomaron su acta inicialmente. Parece claro que un consejero de Educación a la medida podría ser Juanjo Molina, una vez que no han aprovechado su experiencia para que presidiera la Asamblea, y esto aunque Educación no sea un departamente apetecible, pues aporta más problemas a sus gestores que ocasiones de lucimiento, a no ser que la actividad se dirija a satisfacer al sector privado, como ha venido haciendo con extraordinaria dedicación la Administración de López Miras. También está cantado que Ana Martínez Vidal tendrá tajo seguro en el nuevo Ejecutivo. Justo las dos plazas parlamentarias que quedarían libres para Lorente y García Quiñones. En cuanto a Vidal, le va cualquier consejería, especialmente Fomento o Empresa. Esta última, con el Info incorporado, tratará de ser retenida por el PP, dados los intereses que circulan alrededor de ella. Vidal ya demostró arrestos en su etapa de concejala del PP en el ayuntamiento de Murcia, cuando se empeñó en sacar adelante el Teatro Romea, cuyas obras, que iban a durar unos meses, se prolongaron durante seis años. Atendió al problema con tal afán que no dudó en enfrentarse desde el principio al estamento funcionarial y a las empresas concesionarias, para disgusto incluso del entonces alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, quien nunca dio explicaciones precisas sobre aquel engorro. Vidal es, por lo que se deduce de su anterior etapa política, una personalidad difícil, pero empeñosa.

Y en cuanto a Isabel Franco, no cabe duda de que su dedicación será estrictamente política, y querrá asumir en calidad de vicepresidenta la consejería de la Portavocía y de Transparencia con su actual diseño o similar. Lo segundo, la transparencia, porque hay mucho que rascar en ese capítulo en el que el PP ha puesto todos los velos posibles, y la Portavocía porque Ciudadanos no puede dejar en manos de López Miras la interpretación del conjunto de la actividad del Gobierno.

Sería más fácil, cómodo y explicable que el pacto de Gobierno se estableciera con el PSOE, pero la decisión está tomada en Madrid, y el extraño modelo de Rivera tiene su prolongación en las periferias, donde Murcia no va a ser la excepción. Así que ya estamos en la fase dura de la negoción con el PP. Y el PSOE, en todo caso, de reserva por si López Miras no entrega a Cs casi todo el equipaje.

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