09 de junio de 2019
09.06.2019
La Opinión de Murcia
Un mundo feliz

No vas a poder alquilar ni comprar

08.06.2019 | 19:43
No vas a poder alquilar ni comprar

Después de cuatro años de subidas de los precios de por encima de dos dígitos, muchos opinan que nos enfrentamos a una auténtica burbuja del alquiler. Esta afirmación parece desmentirse cuando vemos que la subida del precio de los alquileres a nivel nacional apenas rozó el 1% de 2018 a 2019, según datos de Solvia, la comercializadora inmobiliaria del Banco Sabadell. Aún así, la cifra se disparó el 15% en Madrid, confirmando que las grandes capitales sufren una escasez de viviendas en alquiler que amenaza con convertirse en endémica.

En un país con más del 80% de ciudadanos viviendo en una vivienda de su propiedad, parece mentira que siga aumentando la demanda del alquiler, a pique de que se convierta en una burbuja, en opinión de algunos. A ello ha contribuido sin duda el que una parte considerable de los parados jóvenes que se acumularon durante la Gran Crisis (no en vano somos la mayor fábrica de parados del mundo sin discusión) vaya encontrando trabajo. Con el trabajo vienen los deseos de independizarse del nido familiar, y aquí los jóvenes se enfrentan al dilema de comprar y alquilar. Y en ese momento operan varios factores para que opten por el alquiler: sueldos bajos, temporalidad de los contratos de trabajo y más disponibilidad a trasladarse de localidad para encontrar mejores opciones.

La escasez de las viviendas de alquiler, por otra parte, es tradicional en nuestro mercado inmobiliario. Probablemente el dato de más de dos millones de viviendas vacías y cerradas es creíble. La gente confía en los ladrillos como resorvorio de valor. Y si nadie le obliga a vender sus joyas, o sus obras de arte, o a sacar su dinero del banco por poco que le den (ahora los intereses son negativos) no hay razón para obligar a que la gente venda otro activo legítimo como pueda ser una vivienda vacía.

Los propietarios no ponen su viviendas cerradas en alquiler porque no quieren. Y no quieren en gran parte porque se sienten indefensos contra los malos inquilinos, que pueden impagar la renta y quedarse varios meses disfrutando gratis de la posesión de la vivienda y, lo más importante, porque temen el deterioro que le puede causar en la vivienda un arrendatario poco escrupuloso o cabreado. La memoria colectiva de los caseros frustrados se alimenta continuamente con historias de este tenor. Claro que hay solución, pero tienes que tener la suerte de encontrarte con inmobiliarios especialistas que se las sepan todas, que sean expertos en detectar inquilinos problemáticos y que formalicen escrupulosamente los contratos de alquiler.

Últimamente el Gobierno ha contribuido a retirar decenas de miles de viviendas en alquiler, y a su encarecimiento por tanto, al endurecer las obligaciones de los propietarios que desean alquilar, pasando de tres a cinco años el período mínimo, e incluso a siete años si el arrendador es una empresa. Conozco un caso directo de una SOCIMI que, después del decretazo del alquiler, instantáneamente decidió poner en venta las viviendas que iban destinadas al arrendamiento. Y hablamos de cientos de unidades solo en la Región de Murcia.

Los datos los sabremos en un futuro cercano, pero es previsible que el precio de los alquileres, que habían parado de crecer, reanuden vigorosamente su subida en los próximos meses. Al Gobierno socialista condicionado por los podemitas, solo le interesaba la medida electoral en favor de los inquilinos potenciales. Pero, como tantas cosas, las buenas intenciones aparentes traen muy malas consecuencias. De hecho, el esfuerzo financiero para alquilar se ha igualado ya al esfuerzo financiero para comprar, que está a día de hoy en el 30% de la renta media. ¿Y por qué la gente no compra esas viviendas que van a salir al mercado porque sus propietarios han desistido de ponerlas en alquiler?

En primer lugar, porque las razones para preferir el alquiler son demográficas y socioeconómicas, ligadas a la expectativa de movilidad y a los contratos temporales como he dicho antes. Y a ello se une un factor más: la nueva ley hipotecaria de inminente entrada en vigor, que van a endurecer las condiciones de acceso a la compra. De nuevo las buenas intenciones y sus malas consecuencias. De hecho, hay que aplaudir que las cláusulas leoninas de las anteriores hipotecas hayan desaparecido, y los gastos de formalización para el prestatario se hayan reducido considerablemente. Pero el efecto directo de ello es que los bancos (a los que nadie obliga en nuestro sistema económico a dar una hipoteca a quien no quiera) van a endurecer las condiciones de concesión. Y posiblemente van a encarecer el producto hipotecario, pero eso dependerá más de la competencia entre los bancos, fuertemente estimulada por el dinero barato del BCE.

El hecho es que los alquileres van a seguir aumentando en los mercados más dinámicos, o sea, en los que la gente quiere vivir. Ello hará que mucha gente (especialmente jóvenes) se queden sin posibilidad de alquilar ni de comprar. Y así, tacita a tacita, estamos llegando a una situación frustrante, sobre todo para los padres que ven que a sus hijos le salen canas mientras que no abandonan el eterno nido familiar. ¿Qué se debería hacer y qué se va a hacer?

Siguiendo la lógica del intervencionismo estatalista, el Gobierno que se avecina o bien consentirá la limitación del precio de los alquileres en grandes ciudades, con los efectos comprobadamente nefastos que ha tenido en otros mercados como Berlín, o bien promoverá la construcción de viviendas destinadas al alquiler a precios controlados para jóvenes o familias con dificultades, algo que se debería estar haciendo hace mucho tiempo, pero que tiene dificultades de implementación y, sobre todo de gestión, enormes.

O tal vez vuelven a tropezar con la misma piedra resucitando la Agencia Estatal de Alquileres, un proyecto del adanista Zapatero, que derivó en un agujero presupuestario descomunal y cuyo resultado práctico fue la intervención de unos pocos cientos de operaciones de alquiler tras montar, eso sí, una estructura elefantiásica repleta de funcionarios que se pasaban el día mano sobre mano. Las soluciones más obvias y de sentido común, que sería facilitar la oferta liberando el mercado de sus ataduras, agilizar la recuperación de la propiedad frente a morosos recalcitrantes y dejar que sea el Estado (no los propietarios) los que ayuden a los que necesiten un alquiler social, esas soluciones, te lo asegura este ciudadano, no las veremos en esta legislatura.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook