08 de junio de 2019
08.06.2019
Al cabo de la calle

Excusatio non petita

07.06.2019 | 21:00
Excusatio non petita

Que si el 155, que si el pacto con los separatistas, que si Navarra, que si el Cid Campeador, que Roberto Alcázar y Pedrín y la traición de Ronaldo. Vaya usted a saber.

Harto. Me tienen harto. Seguro que a usted también. Empachado hasta lo más hondo con lo que está pasando tras las elecciones generales, municipales y autonómicas. Menos mal que las europeas están a otro nivel, porque si no tendríamos que estar oyendo a esos liberales de pacotilla o a esos populares de no sé dónde tratando de justificar lo injustificable. Quienes están a la mitad de los resultados del partido más votado o aquellos que saben ahora en sus carnes lo que es montar un ERE entre su personal andan devanándose el seso de los argumentarios para demostrar lo indemostrable. Que no nos chupamos el dedo, señoras y señores. Que no somos tontos. Que no nacimos ayer. Que sabemos a quién hemos votado y por qué. Pero no hay remedio. Estas jóvenes promesas de la derecha, que han llegado de la mano y con intereses comunes, tratan de darnos lecciones de patriotismo, de democracia al peso, de gestos afectados y más falsos que los billetes de 500 que reparten en las tómbolas.

Que no tienen que forzar el lenguaje, el significado de las palabras. Que solamente vale el retrato que de ellos y de sus voceros tenemos en los últimos meses para descubrirlos tal y como son. Como a sus primos y primas de provincias que tratan de emularlos. Que no valen estos principios? pues me saco otros de la chistera. Que donde ayer dije digo hoy digo diego, pues muy bien. Con un estómago más grande que el de un bovino, regurgitación incluida las veces que haga falta para escupir de nuevo las mentiras, las medias verdades y todo lo que se presente. Medios y recursos nos le van a faltar. Uno tras otro hasta alcanzar un objetivo del que se sienten apartados injustamente: el poder. Un poder que consideran les corresponde por derecho natural.

Nos tratan como si fuéramos parias de la vida. Y lo que peor llevo es que me traten como un pordiosero que tenga que pedir perdón por no alcanzar a ver que están imbuidos de la razón, esa que parece que les asiste desde que vinieron al mundo. Tienen un desparpajo tan grande como sus repeinadas cabezas y miran con desprecio desde una atalaya a la que han llegado ayer pero que simulan haber conquistado en tiempos pretéritos.

Por eso no me negarán que cuando escuchamos esas excusas que no les hemos pedido, esos subterfugios, esas evasivas, la mínima respuesta que podemos darle es un gesto que siempre viene a cuento: el látigo de la indiferencia. ¿Pero quiénes se han creído que son estos pimpollos? Unos siempre han estado en la derecha, en toda ella, en su esplendor. Otros vienen de ella, pero por razones varias iniciaron una breve escapada para regresar, como hacen ahora, a la casa materna, con pretextos baratos. Que si el 155, que si el pacto con los separatistas, que si Navarra, que si el Cid Campeador, que Roberto Alcázar y Pedrín y la traición de Ronaldo. Vaya usted a saber. Ah, eso sí, siempre por España, por la Región de Murcia y por la madre que me parió. Por la regeneración regeneradora de lo regenerable, por supuesto. Palabras tengo las que necesite. Palabra, la justa, mire usted.

No vaya a ser que me pille en un renuncio y me ponga colorado. No, no. Eso sí que no. De ahí que cuando los miramos a la cara no son capaces de mantener la vista sin dejar escapar, inconscientemente, unas gotitas de baba por la comisura de los labios. No hay algamato suficiente para neutralizar el exceso de ácido gástrico que generan como respuesta, como accusatio manifesta. Sean sinceros y dejen de marear la perdiz. Pacten de una vez las tres derechas y déjennos en paz. Y si por la razón que sea no lo hacen, espabile el más pintado, y destápese.

Que no podemos perder el tiempo.

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