07 de junio de 2019
07.06.2019
La balanza inmóvil

Tumba de la libertad

"No se puede justificar una relación sexual contra la voluntad de una persona por el mero hecho de haber consentido en su inicio"

06.06.2019 | 21:12
Tumba de la libertad

Hace algún tiempo oí decir a alguien que la ortodoxia era la tumba de la inteligencia. Me pareció tan acertado que desde entonces decidí ser poco ortodoxo, para ver si se me daba la segunda condición, lo que no se ha producido.

Y más cercano a nuestros días, el Tribunal Supremo, en una sentencia obvia pero tristemente necesaria, acaba de decir que «vivir en pareja no da derecho a la sexualidad del otro». O, dicho de otra forma, que negar que pueda existir una violación de tu pareja, es tanto como como afirmar que el matrimonio o la pareja more uxorio o simplemente la relación entre dos seres humanos, es la tumba de la libertad sexual de los mismos.

Aún recuerdo aquel ayer, cuando sentado en la silla del despacho de juez novato, casi recién encargado por primera vez de un juzgado de primera instancia e instrucción, por cierto muy denso y complicado, un señor me espeta que obligue a su esposa a mantener relaciones sexuales con él. Estupefacto le contesté que eso ni está en las facultades de un juez ni siquiera en el orden natural de las cosas. Creo que se fue pensando que era un pipiolo que no sabía lo que tenía que hacer en mi trabajo. Le comenté que su mujer puede ser violada si no quiere mantener relaciones sexuales con él, al igual que se puede violar a una prostituta en su caso, porque lo que se protege por el derecho no es una hipotética honestidad, sino nada más ni nada menos que la libertad sexual. Además, le recordé que la pena por un delito de violación es muy similar a la de un homicidio. Creo que acabé de arreglar su cabreo. Se fue pensando, seguro, que yo era un pipiolo que no sabía quÉ tenía qué hacer en mi trabajo. Ojalá hubiese tenido tan claro todo lo que tenía que decidir como juez de pueblo, como lo que resolví en esa situación, que si no fuera porque era esperpéntica y disparatada sería cómica.

El pasado 22 de mayo, la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha condenado a una persona a nueve años de prisión por agresión sexual y otros nueve meses por maltrato, porque una caliente noche del 14 de julio del 2014, un hombre llega a su casa y quiere mantener relaciones sexuales con su esposa de veinticinco años de convivencia marital, a lo que ésta se negó, y entonces le dijo que era su obligación y que ya estaba bien de ningunearle. La obligó a una felación, la penetró vaginalmente, y lo intentó analmente y asimismo le propinÁ varios cabezazos, dice la sentencia que confirma otra de la Audiencia Provincial de Málaga.

Dice la sentencia textualmente que «no existe derecho a la prestación sexual. Comete violación y no está amparado por causa alguna de justificación quien, usando fuerza o intimidación, tuviese acceso carnal con su cónyuge y el vínculo matrimonial o la relación de pareja no otorga ningún derecho sobre la sexualidad del otro miembro». Más claro, agua, lástima que tengan que decir los jueces algo tan obvio y natural como la libertad sexual y el derecho a las propias decisiones en toda materia, pero más aún en la sexual. Por eso nunca he entendido como se puede justificar una relación sexual contra la voluntad de una persona en un momento dado por el mero hecho de haber consentido en su inicio. Algo tan elemental que no admite excusas ni demoras en tiempo ni en dinero de los poderes públicos.

Educación en la libertad debe ser la clave.

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