04 de junio de 2019
04.06.2019
La Opinión de Murcia
Amor a presión

El traje nuevo de Pedro Sánchez

03.06.2019 | 21:11
El traje nuevo de Pedro Sánchez

El sábado pasado, la Asociación Amigos de Ritsona celebró en Murcia la fiesta con que recaudan, cada año, fondos para desarrollar su acción solidaria en los campos de refugiados de Grecia. El comentario más habitual era del tipo «qué increíble que esta tragedia ya no salga en las noticias». La situación, cómo no, empeora con el desinterés mediático. El esfuerzo que realizan Teresa Fuentes, Esther Ungría, Joaquín Sánchez o Marga Garrido lo es, sobre todo, contra el olvido que tapa una injusticia infinita. De paso, exponen una imagen de Murcia y su gente (solidaria, comprometida, luchadora y cuidadora) que no se parece mucho a la que sale por La 7. Mucho orgullo, de mi terraje, cuando los veo en acción.

¿Qué hacer con las luchas que han dejado de salir en medios? ¿Merece la pena tanto esfuerzo? ¿Habría que disolver la PAH, la Coordinadora AntiRepresión, el Pacto por el Mar Menor, los Yayoflautas, ahora que ya hemos 'salido de la crisis' y lo único importante es sumarse a la Gran Marcha Adelante del PSOE de Sánchez y Conesa? Esa gente que no se resigna a la contaminación de Portman, ¿da votos? ¿Y qué pasa con las familias de las niñas y niños con diversidad escolarizados sin los recursos suficientes para su inclusión? ¿Que se vayan a su casa?

No sabemos qué Gobiernos están por formarse ni qué relato mediático acompañará su ascenso al poder, pero nos podemos hacer una idea. En los últimos años, esta narración ha variado, desde la impugnación de régimen que supuso el 15 de mayo de 2011 hasta las banderas de España de los balcones y el referéndum fake de octubre de 2017 en Cataluña, pasando por la moción de censura y el ascenso de Vox. Son los ejes fuertes en torno a los que gira el debate público, en televisiones, periódicos y barras de bar, el comedero del bando derecho (liderado por el PP) y el del izquierdo (del PSOE). Elige A o B, se nos pide, como si aquí no hubiese nada que ver, como si no hubiera pasado nada desde el crack de 2008, como si la corrupción, la impunidad, el rescate a la banca, la precariedad, las privatizaciones y la represión fuesen un grupo indie del que nadie se acuerda, y no el pan invisible de cada día.

A o B, dicen. El poder no consiste, por lo que estamos viendo, en ser capaz de solucionar los problemas del 99%, sino más bien en dictar la fábula más atractiva sobre tus dotes de emperador. En ese tinglado de directores de campaña, consejeros de grupos de comunicación y, llegado el caso, fábricas de fango salido de las cloacas del Estado es donde se corta el bacalao, donde se redacta quién va a mandar y quién es su alternancia, quién debe apoyar a quién y (también) quiénes han de ser apartados de cualquier toma de decisiones. Se dibuja así un escenario sobre el que colocar a cada cual, en el centro o en los márgenes, siempre que se atengan a un guión predefinido que permite 'posicionarse' sobre un puñado de asuntos seleccionados. Frenar a o pactar con Vox, a favor o en contra de Amancio Ortega, 155 sí o no. Desahucios, crisis de refugiados, derogación de la Ley Mordaza y reformas laborales, control de alquileres o privatizaciones de servicios públicos quedan, ya supondréis, fuera. A la vista de los resultados de las últimas elecciones, el telón parece sólido; la fábula, seductora.

También el niño que venía gritando, desde el 15M de principios de esta década, que el emperador estaba desnudo parece encandilado con la prestancia y bonhomía progresista de este prodigio llamado Pdro, pero os adelanto una cosa: se le pasará. Más pronto que tarde, a lo largo del nuevo ciclo político que comienza ahora se empezarán a hacer evidentes otra vez las grietas e inconsistencias de la fábula oficial. Si hemos aprendido algo, quienes creemos en el cambio y el bien común estaremos de pie y trabajando por ellos.

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