30 de mayo de 2019
30.05.2019
La Opinión de Murcia
El mirador

Empresarios autónomos

29.05.2019 | 19:15
Empresarios autónomos

Semanas atrás, en el espacio radiofónico de La Pinza, tratamos del asociacionismo empresarial, invitando a un prestigioso empresario, Franco Cerdán, y al presidente de la COEC, Pedro Pablo Hernández, obligada presencia puesto que en este 2019 se cumplen cuarenta años del nacimiento de la Confederación Empresarial Comarcal del Campo de Cartagena. Y fue como una especie de breve y cálido, reencuentro, puesto que de esos cuarenta años, al menos treinta me los pasé en su construcción y levantamiento, del brazo de aquel cuasi mítico Pérez de Lema, principalmente. Hacía siete que, jubilado de profesión y cargos anejos, incluso ajenos, no tomaba contacto con temas ni asuntos que tuvieron en mí tan preferente dedicación en su día? y tan trepidante experiencia también. Por eso ese programa fue para mí tan familiar como cercano, y próximo, muy próximo.

La COEC, como su hermana mayor CROEM, aglutinan todo tipo de empresas, diversas tanto en su naturaleza como en su tamaño, pequeñas, medianas, grandes, cada cual encuadrada en su gremio de actividad. Pero si en la Confederación abunda en número un determinado tipo de empresas son las pequeñas, sobre todo en el sector servicios, que son las que en estos tiempos de crisis han capeado el temporal entre la apertura y el cierre, y han sostenido la vela al pairo para evitar el vuelco de su reducido barco. Muchos se habrán ido a pique, a pesar de que las asociaciones empresariales les hayan brindado un relativamente seguro puerto de amparo, como las confederaciones a la que serví, y a las cuales cito. Se hicieron para eso. Para reservar a los pequeños un lugar bajo dársena segura y techo sólido en la estructura institucional nacional.

Pero quizá se debió añadir algo más, aparte de dar cobijo y servicios, que tampoco es poco, al empresariado menudo que forma su más tupida red, formada de esforzados y casi desamparados autónomos, que son los que mueven la economía básica de cualquier espacio y lugar. Y es que las organizaciones empresariales de base, COEC lo es, establecieran y desarrollaran un segundo espacio dedicado a la cooperación empresarial, a la formación de centrales de compras, al asesoramiento sobre centrales de ventas, a formarlos, ayudarlos y convencerlos (lo último casi que importa más que los primeros), en armar plataformas conjuntas para la fidelización de la clientela expuesta a un modelo alarmantemente desprotegido frente a la diáspora voraz hacia las grandes superficies y áreas comerciales; a educarlos en técnicas para poner en valor sus ventajas de servicio y cercanía, a interasociarlos, a establecer estrategias colaborativas; en demostrarles que otro pequeño de su ramo no es su competidor, si no su socio, su colaborador, y que a su verdadera competencia, Goliath, solo lo vence la unidad de muchos David unidos.

Y de esto se habló también un poco en ese programa de vídeo-radio al que aludo. Una buena parte de mis treinta años me los pasé, infructuosamente por cierto, intentando implantar fórmulas de cooperación interempresarial que hubieran rendido excelentes frutos (estoy seguro de ello), y que ahora se necesitan más que entonces, por cierto. Diseñé varias estrategias, adaptadas aquí, que en otras Españas estaban cosechando óptimos resultados, pero nos faltó fe y confianza en nosotros mismos. Incluso que casi logré la herramienta para una especie de 'ciudad de compras' (el proyecto se llamó Pachecomercio), que hubiera sido (permíntanme presumir porque casi que lo tuvimos en la punta de los dedos) casi que revolucionario. Pero también fracasé en el intento, ¿o acaso fracasamos todos? Cada cual asuma y reconozca su parte, naturalmente.

Pues habrá que reconocer, ya con la perspectiva de la distancia, que ese fracaso se está pagando hoy, en esa multitud de comercios y pequeños negocios que cierran, abren de nuevo y vuelven a cerrar, o se instalan en la precariedad. Y también en esos cierres de negocios pioneros, decanos históricos, que nos dejan cada vez un mayor hueco, y un no menor sentimiento de horfandad. Y habremos de reconocer la responsabilidad que todos tuvimos en su día en el desastre. La Confederación, por no vestir el escenario y adelantarse a los acontecimientos. Los municipios, por no apostar el todo por el todo, pues ellos eran los que más ganaban en el envite, ya que hoy son zonas y pueblos deprimidos donde antes eran florecientes. Los propios empresarios, por su miopía suicida, su insolidaridad y su rechazo desconfiado. Y yo, porque no supe vender la idea, ni convencer a nadie.

Ahora, a las asociaciones y a los pequeños empresarios se les abre un nuevo panorama tremendamente competitivo, con una réplica de la pasada crisis a las puertas. Pero las soluciones siguen siendo las mismas, aunque hoy con menos posibilidades de implantación, y más difícil de lo que pudo ser antes. En la actual situación, la Confederación debiera afrontar este desafío. Ha de expandir su oferta a nivel herramental, de formación, de iniciativas punteras en colaboracionismo empresarial, en talleres, siendo centro referencial de la mediación para sus asociados, entre otras cosas, por ejemplo. En fin? En la última etapa de Manuel Pérez de Lema, se bordeó incluso el ámbito cultural multidisciplinar, y nos quedamos acariciando la idea de una Fundación de Cultura Empresarial. Es la dimensión por eclosionar para que COEC pueda alargar su camino de cuarentsa años a un siglo. Así lo veo yo. Aunque también puede ser el sueño de una utopía, el deseo de un pobre visionario?

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